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Existen personas
Que como frutas podridas,
Se sienten perdidas,
Llevan vidas en desdicha;
Frutas podridas,
Moreteadas y llenas de mosquitas,
¿Por qué no las quieren?
Ellas también sienten,
A ellas también les duelen
los desplantes y las despedidas.
Tontas frutas podridas,
Que se alejan de las frutas maduras,
Porque es elección propia,
Esa de estar en desdicha,
Lloran, se culpan, fuman,
se embriagan y hasta se drogan,
Solo por buscar una “salida”.
Deberían cambiar su perspectiva,
Darle la vuelta a la partida,
Recordar que en el juego de la vida,
Solo tienen una vida;
Deben lanzar los dados,
Y arriesgarse desde la salida.
Que solo en la llegada, al final de sus días,
Se miren en el reflejo del agua cristalina,
Ahí sí que no importa,
¿Qué más da?
Que se encuentren podridas,
Marcadas, manchadas,
o con gusanitos en la barriga,
Total,
La desdicha es un insecto
que en la muerte no tiene cabida,
Sola, y únicamente,
Si cuando en vida se dis-fruta
plenamente en todas las casillas.

Desdicha la de las frutas podridas,
Porque simplemente, cierran sus ojos,
Se niegan a perdonar y olvidar los daños;
Lo que realmente olvidan,
es lo maravilloso de la vida.
Piensan que no tienen derecho
de continuar en el juego de la vida.
Durante el día van con una sonrisa,
Pero en soledad se cubren de lágrimas,
De penas, lamentos,
Y recuerdos de despedidas;
Tristeza, melancolía,
Cansancio y agonía,
Sentimientos que le cagan la vida
a más de una fruta podrida.

Así van dando tumbos,
Desperdiciando toda su vida.

Silvia Corrales
09/08/16

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Imagen: Sara Herranz.

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