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       Pues sí, a mi me gusta más ser la bruja del cuento, porque para ser la princesa en apuros no se requiere mucho cerebro, es demasiado sencillo, casi perezoso. Me gusta creer que si un día me quedo atrapada en la torre más alta del castillo de mis propios tormentos, tendré la capacidad para bajarme solita en lugar de esperar toda la vida a que a alguien se le antoje venir a rescatarme.

     Creo que todas las mujeres deberíamos ser más “bruja” y menos “princesa” porque para empezar, la primera es mucho más interesante. Tiene una idea clara de que lo que quiere y de lo que no, siente la necesidad de superar sus propios límites y siempre está pensando en algo nuevo para hacer.

      Sí, en definitiva la malicia de la bruja se me acomoda mejor que la ingenuidad de la princesa, y quizá es por eso me he ahorrado tantas decepciones en la vida, porque sé bien donde poner el ojo, en quién confiar y en quién no; básicamente, soy difícil de impresionar, pero fácil de conmover, así que no vayas a pensar que no siento nada, que ese es el principal problema con nosotras las brujas, sentimos demasiado y con mucha fuerza.

      Por otro lado, debo aclarar que las brujas modernas somos algo diferente a las brujas de cuento, ya que no buscamos hacer mal a nadie y tampoco dejamos, por lo mismo, que los demás nos hagan daño.

      Somos más que malvadas, ingeniosas; mujeres más despiertas y un poco más conscientes. Somos el aquelarre que venera la libertad, el amor y la poesía.

      En cambio, la princesa vive en su mundo fantástico, con la conformidad bien puesta y las frivolidades a flor de piel, esperando a que los otros resuelvan su infortunio y confiando su suerte a la belleza de su rostro, como si el tiempo no se la fuese arrebatar al final de todo.

      Además, a las brujas te les acercas con cautela, sin saber muy bien qué esperar de ellas, porque las palabras disfrazadas y las intenciones vacías les saltan a los ojos, no se las puedes ocultar.

       Por eso, prefiero tener la magia para hacer de mi vida el cuento más maravilloso, así como a mi me funcione, como a mi me guste, porque a las brujas nadie les dice qué hacer o cómo pensar, eso lo deciden ellas solas.

      Así que prefiero cambiar la zapatilla de cristal por la escoba voladora, porque lo que sueño es irme por el mundo a buscar mi propio destino, no quedarme en el trono de ningún rey viendo la vida pasar frente a mis ojos.

Via Soy Carmín.


Imagen: Viktor Sheleg

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