El gato en la luna

08.jpgA él nunca le gustó que escribiera sobre él, como nunca me enseñó lo que pintaba de mí, lo escondía generalmente en sus bolsillos y luego en otros cuartos de la casa, solo me permitía ver aquellos que eran demasiado imperfectos para su retorica estética y terminaban en el cubo de basura, junto a los restos descompuestos de sus pinceles.

Aquella noche desperté, por el fuerte olor a café colado en el cuarto. Con el sueño propio de quien no quiere despertar, sin abrir los ojos, me percataba de que la ventana solo reflejaba una noche entre lo violeta y lo naranja, todavía no despuntaban los retazos del aurora. ¿A qué hora de la madrugada está el loco este haciendo café?

Cuando abrí, finalmente los ojos, una débil luz llamó desvió mi mirada. Soñolienta lo distingo, taza sobre la mesa, carboncillos en la mano, haciendo algún boceto. Él es como…

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