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Amanecí de mal humor.
Sin ganas de cantar ni pintarme los labios, ni preparar café.
Me metí en la ducha y alcancé a escuchar que entraba un mensaje.
Era él.
Antes, habría salido mojada de la bañera, me habría apurado a secarme las manos y le hubiera contestado.
Pero hoy tenía medio demonio por dentro. 

Yo no se si es por que está nublado, por que he perdido mi cartera o por que se me viene el periodo o todo lo anterior junto.
Hasta lo insulte muy fuerte en mi cabeza. Ya sabes, pequeñas revanchas matutinas contra los que uno ama mucho.
Me tomé unos minutos de más en secarme y ponerme crema en el cuerpo. Limpié el espejo para verme desnuda y revisé todos los ángulos.
Nada mal, nada mal.
Me hice un turbante con la toalla sobre la cabeza y baje a poner agua para un té.
Desnuda. Goteando. Todavía pensando en porqué carajos no me había llamado la noche anterior,
si lo estábamos pasando tan bien.
-¡Ah! -que exasperación a veces con los hombres, pero bueno, si no quiere llamar que no llame, que al fin que tengo una cola de pretendientes esperando a salir conmigo.
Hervía el agua como mi pecho, revoltosa, enojada, ardorosa.
A quien quiero engañar si solo quiero estar con él.
Me sirvo el té en mi taza preferida (por que hay pequeños placeres que uno no puede negarse), cuando escucho su voz carraspear en la sala.

 

¡Joder! Había olvidado que le di las llaves de mi departamento en la última borrachera.

-¿Te vas a esconder todo el día en la cocina? -dijo. Y a mi se me despertó algo en el estomago.
-¿Que haces aquí? -pretendo fingir mi voz más despectiva, pero estando desnuda y con una taza caliente en una mano es poco creíble.
-He venido a ver si estas mejor cariño, ayer sonabas muy enferma, ven al sillón a que te mire de cerca.

Sin darme cuenta en tres pasos ya estaba frente a el. Me quité el turbante (que no es nada sexy) y apure a verle de frente.
-Déjame que te revise, a ver si estas mejor -dijo pasando sus dedos por mis pechos para secar las gotas y me quitó la taza para ponerla en el piso.

Me sentó en el sillón, me besó despacio el cuello y a manera de juego iba capturando con su lengua las gotas que resbalaban traviesas por mi cuerpo.
Sus dientes capturaron mis pezones y sus manos fueron bajando, hasta separar mis muslos.
Se hincó en el piso y de golpe subió mis piernas para inspeccionarme a su gusto.
-Uy, Ya estas mejor ¿no?
Yo me aferraba al sillón y a ratos a su camisa y a su cabello, mientras el hacia lo que se le daba la gana.

Sirena Morena.png

(Que bendición entregarle las llaves del corazón a un besador de letras).

Escrito por #sirenamorena

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