Encantado por esta extraña proximidad

Extrañeza, misterio y delicia…

como si de la negrura oscilante

de alguna mascarada en cámara lenta

por el tenue puente vinieras.

Y la noche fluía, y el silencio flotaba

en sus arroyos satinados

ese perfil de lobo en la negra máscara

y esos tiernos labios tuyos.

Y bajo el castaño, por el canal

pasaste tu anzuelo de reojo.

¿Qué comprendió mi corazón en ti,

cómo me moviste de esta forma?

En tu ternura momentánea

o en el contorno oscilante de tus hombros,

¿advertí un bosquejo pálido

de otros — irrevocables— encuentros?

¿Acaso una romántica piedad

te llevó a entender

lo que dejara temblando a esa flecha

que ahora se incrusta en mis palabras?

No sé nada. Curiosamente

el verso vibra, y en él, la flecha…

¿Tal vez tú, todavía sin nombre, eras

la genuina, la esperada?

Pero no bien apareció el dolor

logró perturbar nuestra hora estrellada.

Regresó a la noche la fisura gemela

de tus ojos, ojos sin alumbrar.

¿Por cuánto? ¿Por siempre? Por lo pronto

sigo andando, queriendo escuchar

la revolución de estrellas sobre nuestro encuentro

por si tú ya fueras mi destino…

Extrañeza, misterio y delicia,

como de una súplica distante.

Mi corazón debe seguir andando.

Excepto si tú ya fueras mi destino…

 

(Traducido de la versión al inglés de Olga Voronina)

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