Autores venezolanos·Poemas

Poemas de Francisco Pérez Perdomo

PUBLICACIONES BLOG venezolanos (1)

del libro Fantasmas y enfermedades (1961)

SOMOS LAS MÁSCARAS

Maldigo esta lengua
incapaz de murmurarte al oído
la palabra evidente
Aparte de la economía o derroche del lenguaje
toda lengua a la hora precisa
pierde el control de sus propias palabras
Es la hora en que desde las profundidades
ascienden los monstruos dominantes
Y por más singular que se afirme
todo lenguaje propio
en suma carece de propiedades
Sólo somos las máscaras en donde resuenan
las desaparecidas voces de antaño

PARA ESCAPAR

Para escapar al pánico de las noches
y la incriminación de los vocablos
me acuesto
me levanto
mis pasos resuenan como una fiebre
minuciosamente ordenada en el laberinto de las calles
me extravío en los barrios apartados

Pero el acoso de las voces
me sigue como una balada fatal

De nada han servido mis arrodillamientos
mis silbidos y mis brazos en jarras
y estos ojos tan tristes y escamados
deslizándose bajo la luna y las bombillas eléctricas
hasta una hora tan impropiamente avanzada

Sobresale en particular una voz enconada
voz anonadante
una voz muy estridente que repta como una cáncer
por las capas cerebrales

En las aceras
y sobre las basuras que levanta el viento
me rindo a mis fantasmas

HOMBRE DIVIDIDO

1

La necesidad de sobrevivir
a los desastres
me ubica en el linaje poco afortunado
del hombre fiel de balanza
Es un triste linaje
y en absoluto condición envidiable
Esto porque se es hombre equilibrado
hombre acosado por dos aguas
juez sordo pero sensible a quien le toca decidir
esa larga disputa de los mares
esa querella inevitable
del cielo y del infierno sin parcializarse
Hombre sin tomar partido
y a quien además le está vedada toda parcialidad
vivo en medio de mis potestades cotidianas
en medio de ese largo estribillo insultante
Sin embargo ese vivir atrapado por dos aguas
ofrece una única ventaja
el ojo puede ver al mismo tiempo y en el mismo plano
los oficios de los trabajadores de la piedra
en la ciudad de piedra
y el exorcismo de los magos en el país de la magia


 

del libro La depravación de las astros (1966)

LA DEPRAVACIÓN DE LOS ASTROS

1

Febriles roedores me atormentan. Con mordiscos repentinos halan mi cabeza una y otra vez a un sitio determinado y luego se repliegan con agudos chillidos y dando saltos hacia sus tumbas habituales. Parado en un solo filo no tengo preferencias, no sufro ningún desequilibrio. Tarde de la noche la debilidad me vence y comienzo a escribir con vértigo sobre la llaga del primer mordisco.

5

Hacia la alta noche desperté confinado dentro de mí, circuito por un ritual sombrío; las puertas puestas allí tal vez para franquearme el paso se cerraban estrepitosamente contra mi cara; las manos, las piernas y la piel invertidas; los ojos vueltos hacia adentro y como absortos en la contemplación de frases maquinales, recurrentes, los ojos exhumando de las paredes interiores un lenguaje de fuego, una nueva álgebra delirante que centellea en mi cráneo como un insecto mágico.

8

Yo que tantas lenguas inventé, como Nemrond me veo ahora enredado y ahorcado en los hilos del lenguaje. Entonces, Panurgo, reanudemos el debate por señas en el punto en que la mueca del rostro se transfigura en máscara.

11

—No pasarás, Muerte, somos tres, somos tres mujeres solas, pero no pasarás, Muerte —dijo la mayor de ellas, pelo revuelto, ojos desorbitados, en medio del umbral.

Yo te espío a través de las cerraduras
desde todos los ángulos a través de todas las cerraduras,
yo te espío a través de la cerradura del ojo izquierdo
como a través de la cerradura de la boca derecha.

Yo te espío…

No pasarás.

17

Mi cabeza, que por tiempos usurpa funciones propias de mis manos, aquel día me rescató al borde del abismo. Ahora, cuando pasa, me levanto el sombrero y reconocido le hago una ceremoniosa reverencia. Ese día, todo mi cuerpo se arqueaba bajo el peso de una incoercible náusea. Fue su gran oportunidad. Sin pedir permiso y trabajando a una velocidad y una conciencia inenarrables, como tirada brutalmente, mi cabeza se abalanzó sobre mí y me levantó de los cabellos. Desde entonces entre nosotros se ha cultivado una infalible reciprocidad.


del libro Ceremonias (1976)

FUEGO DEVORADOR

Juega con la vida y la muerte
sus nodrizas

Nos hace vivir y al mismo tiempo nos mata.

Hijo que devora a su padre y a su madre.

Nacemos en su encarnación
y desaparecemos con su cesación.

Nos envuelve con su túnica roja.

A nuestro lado lo sentimos moverse,
sacudir sus alas
y bañar nuestro cuerpo en sus fogajes,
Dios él mismo de esos movimientos.

Lo intuimos.

Lo palpamos.

Con sus aguas nos anega,
con sus aguas nos quema las manos.

Atraviesa los mares, la tierra, los aires,
flecha en reposo y siempre en vuelo,
huésped del paraíso

y morador de los infiernos,
oh Fénix, Prometeo, zarza ardiente,
principio del bien y del mal,
árbol de la ciencia,
lengua bífida
fuego devorador,
pájaro hermafrodita que planea sobre nosotros.

Encerrado en sus rejas comienza a liberarse,
pureza indescriptible,
interdicta licencia,
escritura pura,
raíz creciendo hacia los cielos.


del libro Circulo de sombras (1980)

EL OBJETO PERMANECE INVARIABLE

El objeto permanece invariable
asediado rodeado por palabras
lamido por lenguas descomunales
resiste la terrible invasión de vocablos
de términos fascinantes y en marcha
el objeto se levanta en punta de cola
culebrea
y su ser y su esencia empero
inmutables permanecen
en el tumulto y profusión de los vocablos
palabras sanguíneas
incisivas
suntuosas
ladinas
harapientas
degreñadas
taradas
vindicativas
andróginas
inconsolables
palabras con ojos de lechuza
con risas de Bacante
palabras que husmean en cuclillas
se rascan la cabeza
sacan los dientes
aletean y chocan contra los muros de su cuarto
y cada una de ellas
lo define sin violarlo
señala el objeto invencible
sus límites tutelares y ancestrales
pero cuando las palabras se reiteran
se muerden la cola
caen en prolongados letargos
se convierten en Fórcidas
se confunden
se repiten y en una sola se transforman
entonces el objeto invencible
comienza su velada
empieza a dividirse y se convierte en otros
infinidad de objetos designados por un solo vocablo
a quien la multitud de objetos
órficamente señala
envuelve y determina
y cuando los objetos se reiteran
se muerden la cola
caen en prolongados letargos
se convierten en Fórcidas
se confunden
se repiten y en uno solo se transforman
entonces se multiplican las palabras
proliferan
avanzan y retroceden
declinan
sin punto de reposo inofensivas se hacen
y el objeto permanece invariable

RUINAS

Un muro frío, flegelado y lamido
sin descanso por la lengua del tiempo
tambalea y se desploma de pronto entre yerbajos,
con gran estrépito
cae sobre la tierra estéril,
cruzándose con sus toscas y
cordiales esgrimas
por los corredores del mercado, todo,
todo vuelve otra vez encendido
por rayos de tempestad o se prolonga
o gira en su círculo infinito.

Suben, suben las constelaciones
del ayer arrastrando sombras tristes,
desalojan el polvo que recubre
hace tiempo a las cosas, desnudan
los huesos y sollozan
al fondo de los oscuros cuartos.

Ahora sólo soy memoria
y vivo y muero de pie
a la hermosa visión encadenado.

UNA SOLEDAD

No, no era un ser humano,
era algo incorpóreo, un espectro
sostenido por su congoja,
un grito más allá del dolor, unos
ojos huecos detenidos
en la absorta reflexión de la muerte,
una forma olvidada
de otra forma, sin peso y sin edad
y a horcajadas sobre una tierra
seca y neutra, sobre una calle
como bestia leprosa que olfateara
entre los aires podredumbre,
no, era más que un quejido,
eso, tal vez una soledad inmune
a los límites del tiempo
y sonando en una extraña dimensión.

Francisco Pérez Perdomo


Francisco Pérez Perdomo.png
Francisco Pérez Perdomo. Fotografía: Vasco Szinetar.

Francisco Pérez Perdomo. Fue un poeta y crítico literario venezolano. Nació en Sabana Libre, Trujillo, Venezuela,  1930. Estudió Derecho en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Laboró durante años como funcionario cultural en el Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (INCIBA), luego en el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC). Fue jefe de redacción de la Revista Nacional de Cultura. También ejerció de crítico literario en diversos medios. En su trayectoria como poeta, formó parte de los grupos El Techo de la Ballena y Sardio, fundando la revista del mismo nombre. En 1980 es galardonado con el premio Nacional de Literatura de Venezuela, y en 1988 recibe el premio Municipal de Poesía del Distrito Federal. Obra: Fantasmas y enfermedades (1961), Los venenos fieles (1963), La depravación de los astros (1966), Huéspedes nocturnos. Obra poética 1961-1970 (1971), Ceremonias (1976), Círculo de sombras (1980), Los ritos secretos (1988), El sonido de otro tiempo (1991), Y también sin espacio (1996), El límite infinito (1997), Recital (2000), La casa de la noche (2001), Con los ojos muy largos (2006), Eclipse (2008), El hilo equívoco de los vocablos [Antología poética] (2014- póstumo). Murió en Caracas, Venezuela, el 26 de mayo de 2013.

Según Julio Miranda: “La poesía de Pérez Perdomo convoca adjetivos como lúgubre, onírica, alucinada, hechizante, teatral, hermética, recordándose la influencia de Franz Kafka, Henri Michaux y José Antonio Ramos Sucre. Aunque se ha señalado la diferencia de su lírica respecto a la de los otros miembros del Techo de la Ballena, para Ángel Rama, él y Juan Calzadilla son los dos poetas centrales del grupo”.

 

Un comentario sobre “Poemas de Francisco Pérez Perdomo

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