Autores estadounidenses·Poemas

Poemas de Sylvia Plath

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OLMO

Conozco el fondo, dice ella. Lo conozco con mi gran raíz:
Es lo que tú temes.
Yo no le temo:he estado allí.

¿Es el mar lo que oyes en mí,
Sus insatisfacciones?
¿O la voz de la nada, que fue tu demencia?

El amor es una sombra.
Cómo yaces y clamas por él.
Oye: esos son sus cascos: ha escapado, como un caballo.

toda la noche galoparé así, impetuosamente,
Hasta que tu cabeza sea una piedra, tu almohada una pista,
Que resuena y resuena.

¿O te traeré acaso el sonido de venenos?
Y esto ahora es la lluvia, este gran mutismo.
Y este es su fruto: de un blanco de hojalata, como el arsénico.

He sufrido la atrocidad de los ocasos.
Chamuscados hasta la raíz
Mis filamentos rojos arden y persisten, una mano de alambres.

Ahora me deshago en pedazos que vuelan como mazos.
Un viento de tal violencia
No tolera circunspectos: tengo que chillar.

La luna, también, es inmisericorde: me arrastrará
Cruelmente, ya que es estéril.
Su resplandor me escuece. O tal vez la he cogido.

La dejo ir. La dejo ir
Disminuida y chata, como después de una cirugía radical.
Cómo tus malos sueños me poseen y dotan.

Estoy habitada por un grito.
Cada noche alza el vuelo
Buscando, con sus garfios, algo que amar.

Me aterroriza esta cosa oscura
Que duerme en mí;
Todo el día siento sus suaves y sedosos vuelcos, su malignidad.

Pasan nubes y se dispersan.
¿son esas las caras del amor, esos pálidos irrecuperables?
¿Es por tales que agito mi corazón?

Soy incapaz de un mayor saber.
¿Qué es esto, esta cara
Tan asesina en su enmarañamiento de ramas?

Sus solapados ácidos besan
Petrifica la voluntad. Son los errores lentos, aislados
Que matan, que matan, que matan.


 

RIVAL

Si la luna sonriese, se te parecería.
Dejas la misma impresión
De algo muy hermoso, pero aniquilador.
Ambos son muy hábiles para tomar luz prestada.
Su boca en O se lamenta por el mundo; la tuya es inconmovible,

Y tu primer don es volverlo todo piedra.
Despierto en un mausoleo; estás aquí,
Martillando con los dedos en la mesa de mármol, buscando cigarrillos,
Malévolo como una mujer, pero no tan nervioso,
Y muriéndote por decir algo incontestable.

La luna también rebaja a sus súbditos,
Pero durante el día es ridícula.
Tus insatisfacciones, por el otro lado,
Llegan por el buzón con amorosa regularidad,
Blancas y vacuas, expansivas como monóxido de carbono.

No hay día que esté a salvo de noticias tuyas,
Atravesando África, quizá, pero pensando en mí.


 

FIEBRE

¿Pura? ¿Qué significa eso?
Las lenguas del infierno
Son lerdas, lerdas como las triples

Lenguas del lerdo y gordo Cerbero
Que resuella ante la verja. Ni sus lameduras
llegan a limpiar.

El álgido tendón, el pecado.
La yesca llora.
¡El indeleble olor

De una vela extinguida!
Amor, amor, los lentos humos flotan
A mi alrededor como los chales de Isidora, me aterroriza

Que queden atrapados y se anclen en la rueda.
Humos así, amarillos y mustios,
Forman su propio elemento. No quieren alzarse,

Ruedan por todo el globo
Asfixiando a los viejos y los mansos
Al endeble

Niño de incubadora en su cuna,
La lívida orquídea
Que cuelga su jardín colgante en el aire,

¡Diabólico leopardo!
La radiación la volvió blanca
Y la mató en una hora.

Untando los cuerpos de adúlteros
Como ceniza de Hiroshima y corroyéndolos.
El pecado, el pecado.

Amor mío, toda la noche
Me he estado encendiendo y apagando
Las sábanas se hacen pesadas como el beso del lascivo.
Tres días, tres noches.
Agua de limón, agua de
pollo, el agua me da arcadas.

Soy demasiado pura para ti o para cualquiera.
Tu cuerpo
Me duele como a Dios el mundo. Soy un farol —

Mi cabeza una luna
De papel japonés, mi dorada piel tirante
Infinitamente delicada, infinitamente cara.

No te asombra mi calor. Y mi luz.
Yo sola soy una enorme camelia
Incandescente, yendo y viniendo, flujo sobre flujo.

Creo que estoy subiendo,
Creo que podría alzarme —
Las cuentas de metal caliente vuelan, y yo, amor,

Soy una virgen de
puro acetileno
Atendida por rosas,

Por besos, por querubines,
Por lo que sean estas cosas rosadas.
No por ti, o por él

No él, ni él
(mis yo se disuelven como enaguas de ramera vieja) :
Al Paraíso.


 

PALABRAS

Hachas
Tras cuyo golpe la madera resuena,
¡Y los ecos!
Ecos que se alejan
Desde el centro como caballos.

La savia
Se hincha como lágrimas, como el
Agua esforzándose
Por re-establecer su espejo
Sobre la roca

Que cae y gira,
Una calavera blanca,
Carcomida por hierbajos.
Años más tarde
Las encuentro en el camino —

Palabras secas y sin jinete.
El incansable ruido de cascos.
Mientras
Desde el fondo del pozo, astros fijos
Gobiernan una vida.


 

HORAS TEMPRANAS

Vacía, en mí resuena el menor de los pasos,
Museo sin estatuas, grandioso con pilares, pórticos,
rotundas.
En mi patio una fuente salta y se hunde de nuevo en sí misma,
Monjil y ciega para el mundo. Lirios de mármol
Exhalan su palidez como un aroma.

Me imagino con un gran público,
Madre de una blanca Minerva y varios Apolos de ojos calvos.
En cambio, los muertos me lastiman con atenciones, y
nada puede suceder.
La luna posa una mano en mi frente,
Su cara vacua y muda como una enfermera.

Sylvia Plath
Poemas del libro Poemas de Sylvia Plath (Fundarte- 1981).
Prólogo y traducción de los poemas: Julieta Fombona de Sucre.
Los poemas originalmente aparecen en los libros Ariel (1966) y Crossing the Water (1971).


sylvia-plath

Sylvia Plath. Fue una escritora estadounidense especialmente conocida como poetisa. También fue autora de obras en prosa, la novela semiautobiográfica La campana de cristal (bajo el seudónimo de «Victoria Lucas»), relatos y ensayos. Nació en Boston, el 27 de octubre de 1932. Procedente de una familia de ascendencia alemana, mostró desde pequeña un gran talento para la poesía, escribiendo sus primeros poemas a la edad de ocho años. Sin embargo, muy pronto presentó un severo trastorno bipolar que la condujo al primer intento de suicidio antes de los diecisiete años.  Sometida a un intenso tratamiento psiquiátrico, pudo graduarse con honores en 1955 en el prestigioso Smith College. Obtuvo una beca Fulbright para la Universidad de Cambridge, donde  continuó escribiendo poesía y conoció al poeta Ted Hughes, con quien se casó en 1956. Su menguada salud, sumada al divorcio en 1962, la llevaron a quitarse la vida un año después, murió en Londres, el 11 de febrero de 1963.

Su obra fue reconocida posteriormente, gracias  al impulso recibido por parte de Hughes,  quien se encargó de promoverla. Fue la primera poeta en recibir post-mortem el Premio Pulitzer por el conjunto de su obra.

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