Autores españoles·Poemas

Poemas de Luis Buñuel

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Poemas del libro Un perro andaluz (1927).

Me gustaría para mí

Lágrimas o sauces sobre la tierra
de dientes de oro
de dientes de polen
como la boca de una muchacha
de cuyos cabellos brotaba el río
en cada gota un pececillo
en cada pececillo un diente de oroen cada diente de oro una sonrisa de quince años,
para que se reproduzcan las libélulas

¿En qué puede pensar una doncella
cuando el viento le descubre los muslos?

Polisoir milagroso

En invierno caen al mar los gritos de los semáforos
acribillados de viento y de crucifixión
Un barco puede naufragar en una gota de mi sangre
de mi sangre cuando cae sobre el pecho
de una marquesa Luis XV de espuma
Ese paisaje se hiela menos sobre el espejo
que sobre las uñas de los muertos
que han de resucitar
con los dedos convertidos en flores
en flores de agonía extinta y de salvación.
Partida como un valle de Josafat
les espera la raya de mi cabeza.
Mientras Cristo condena
la Virgen María en peinador blanco
dará un pedazo de pan a los condenados
y pondrá un pájaro de caricias
en la frente de los que se salven.

No me parece ni bien ni mal

Yo creo que a veces nos contemplan
por delante por detrás por los costados
unos ojos rencorosos de gallina
más temibles que el agua podrida de las grutas
incestuosos como los ojos de la madre
que murió en el patíbulo
pegajosos como un coito
como la gelatina que tragan los buitres

Yo creo que he de morir
con las manos hundidas en el lodo de los caminos

Yo creo que si me naciese un hijo
se quedaría mirando eternamente
las bestias que copulan en los atardeceres.

Al meternos en el lecho

Los restos de estrella que quedaron entre tus cabellos
crujían como cáscaras de cacahuete
la estrella cuya luz descubriste
hace ya un millón de años
en el instante mismo en que nacía
un diminuto niño chino.
“LOS CHINOS SON LOS ÚNICOS QUE NO TEMEN
LOS FANTASMAS
QUE TODAS LAS NOCHES A LAS DOCE NOS SALEN DE LA PIEL”
Es lástima que la estrella
no supiera fecundar tus senos
y que el pájaro de la lámpara de aceite
la picotease como a una cáscara de cacahuete
tus miradas y las mías dejaron en tu vientre
un signo futuro y luminoso de multiplicación.

El arco iris y la cataplasma

¿Cuántos maristas caben en una pasarela?
¿Cuatro o cinco?
¿Cuántas corcheas tiene un tenorio?
1.230.424
Estas preguntas son fáciles.
¿Una tecla es un piojo?
¿Me constiparé en los muslos de mi amante?
¿Excomulgará el Papa a las embarazadas?
¿Sabe cantar un policía?
¿Los hipopótamos son felices?
¿Los pederastas son marineros?
Y estas preguntas, ¿son también fáciles?
Dentro de unos instantes vendrán por la calle
dos salivas de la mano
conduciendo un colegio de niños sordomudos.
¿Sería descortés si yo les vomitara un piano
desde mi balcón?

Redentora

Me hallaba en el jardín nevado de un convento. Desde un claustro próximo me contemplaba curiosamente un monje de San Benito que tenía sujeto por una cadena un gran mastín rojo. Sentí que el fraile quería lanzarlo contra mi por lo que lleno de temor me puse a danzar sobre la nieve. Primero suavemente. Luego, a medida que crecía el odio en los ojos de mi espectador, con furia, como un loco, como un poseído. Toda
mi sangre afluía a la cabeza cegándome en rojo los ojos, de un rojo idéntico al del mastín. Terminó por desaparecer el fraile y por fundirse la nieve. Por entre los trigos bañados en luz primaveral venía ahora vestida de blanco mi hermana, trayéndome una paloma de amor en sus manos alzadas. Era justo medio día, el momento en que todos los sacerdotes de la tierra elevan la hostia sobre los trigos.

Recibí a mi hermana con los brazos en cruz, plenamente liberado, en medio de un silencio blanco y augusto de hostia.

Bacanal

Carnero de 125 pesetas
rizado abundoso manual como el vientre
de la mujer de 150 pesetas
los panes que come el pobre
pueden amasarse de ese vientre
y cocerse con fuego de pulgares

Cuando cruzamos los pulgares para formar un aspa
se renueva el martirio de San Bartolomé
que como se supo después era un fauno
o un miembro
que se crispaba delante de la cruz.

San Bartolomé y el fauno danzaban cuando
las piedras salían disparadas de la tierra
como besos tirados con la punta de los dedos                                                                              Al morir se lo comieron unas hormigas alegres
que tampoco eran hormigas
eran unas bayaderas silenciosas.

De la tumba de San Bartolomé
sale una espiga de carne ardiendo
por cada beso que pudo y no quiso robar.

Olor de santidad

Alguien me dio un empujón fatal. Comencé a deslizarme con una velocidad vertiginosa por un tobogán vertiginoso. Acelerado matemáticamente. Interplanetariamente. Tendido en los 45.° con la sensación de haberme convertido en uno de esos tornillos que sueltan las estrellas y que se precipitan a un millón de vueltas por segundo. Todo vorágine,
vueltas, siseos, gritos, flechazos, estómago en garganta, hurras de muchedumbre, gloria, suspensión, temor, frío.

¡Que me estrello! ¡Que me estrello!
Pero nunca llegaba al final de mi caída. Cada vez me sentía más desenfrenado tobogán dentro del tobogán.
Vueltas de peonza de enésima magnitud.
Descenso de columna de termómetro.
Un frío de millones de estrellas perforando la punta de mi nariz.
La gravitación era tan exagerada que me eché a reír.
¡Hala! ¡Hala! —me gritaba la muchedumbre por momentos enfurecida.

Los siglos eran segundos en aquel tobogán rayado como un máuser.
Cuando ya desesperaba de encontrar reposo se produjo una terrible
explosión. Era el planeta Saturno que había estallado en un tranvía lleno de niños.

Sentí de pronto una languidez ecuatorial. Un manto de armiño
puesto amorosamente sobre mis hombros. Un sosegarse de todas mis vísceras hasta entonces con los pelos de punta. Una somnolencia. Una mano o un ala que se posaba en mi frente. Y una voz antigua que decía:
“Ya puedes morir”.

Palacio de hielo

Los charcos formaban un dominó decapitado de edificios de los que
uno es el torreón que me contaron en la infancia de una sola ventana
tan alta como los ojos de madre cuando se inclinan sobre la cuna.

Cerca de la puerta pende un ahorcado que se balancea sobre el abismo cercado de eternidad, aullando de espacio. Soy Yo. Es mi esqueleto
del que ya no quedan sino los ojos. Tan pronto me sonríen, tan pronto
me bizquean, tan pronto SE ME VAN A COMER UNA MIGA DE PAN
EN EL INTERIOR DEL CEREBRO. La ventana se abre y aparece una
dama que se da polisoir en las uñas. Cuando las considera suficientemente afiladas me saca los ojos y los arroja a la calle.

Quedan mis órbitas solas sin mirada, sin deseos, sin mar, sin polluelos, sin nada;
Una enfermera viene a sentarse a mi lado en la mesa del café. Despliega un periódico de 1856 y lee con voz emocionada:
“Cuando los soldados de Napoleón entraron en Zaragoza en la VIL
ZARAGOZA, no encontraron más que viento por las desiertas calles.
Solo en un charco croaban los ojos de Luis Buñuel. Los soldados de Napoleón los remataron a bayonetazos.”


 

Poema del libro Luis Buñuel , de la literatura al cine (1993).

Pájaro de angustia

Un plesiosauro dormía entre mis ojos
mientras la música ardía en una lámpara
y el paisaje sentía una pasión de Tristán e Iseo.
Tu cuerpo se ajustaba al mío
como una mano se ajusta a lo que quiere ocultar;
despellejada
me mostraba tus músculos de madera
y los ramilletes de lujuria,
que podían hacerse con tus venas,
Se oía un galope de bisontes en celo
entre nuestros pelos que temblaban como las hojas de un jardín;
todos los diálogos de amor se parecen,
todos tienen acordes delirantes,
pero el pecho aplastado
por una música de recuerdos seculares;
luego viene la oración y el viento,
el viento que teje sonidos en punta
de una dulzura de sangre,
de aullidos hechos carne.
¿Qué anhelos, qué deseos de mares rotos
convertidos en níquel
o en un canto ecuménico de lo que pudo ser tragedia,
nacerán, los pájaros de nuestras bocas juntas,
mientras la muerte nos entra por los pies?
Tendida como un puente de besos de piedra dio la una.
Las dos volaron con las manos cruzadas sobre el pecho.
Las tres se oían más lejanas que la muerte.
Las cuatro ya temblaban de alba.
Las cinco trazaban con compás el círculo transmisor del día.
A las seis se oyeron las cabrillas de los alpes
conducidas por los monjes al altar.

Luis Buñuel.


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Luis Buñuel  nació en  la localidad turolense de Calanda, España, el 22 de febrero de 1900. Fue un director de cine español, que tras el exilio de la guerra civil española se naturalizó mexicano. A pesar de los hitos cinematográficos logrados en su país natal con Viridiana (1961) y Tristana (1970), la gran mayoría de su obra fue realizada o coproducida en México y Francia, debido a sus convicciones políticas y a las dificultades impuestas por la censura franquista para filmar en España. Es considerado uno de los más importantes y originales directores de la historia del cine. A los diecisiete años, terminado el bachillerato, partió a Madrid para cursar estudios universitarios. En la capital se alojó en la recién creada Residencia de Estudiantes  fundada por la Junta para la Ampliación de Estudios, donde permaneció siete años y trabó amistad, entre otros, con Salvador Dalí, Federico García Lorca, y Juan Ramón Jiménez. En 1920 inició estudios de entomología, que abandonó para matricularse en Filosofía y Letras, rama de Historia, ya que se había informado de que varios países ofrecían trabajo como lector de español a licenciados en Filosofía y Letras, lo que suponía una oportunidad de cumplir su deseo de salir de España. Con sus compañeros de la Residencia hizo sus primeros ensayos de puesta en escena, con versiones delirantes del Don Juan Tenorio en las que actuaban Lorca, Dalí y otros compañeros.

Desde 1922 escribe poemas, prosas poéticas y cuentos en diversas revistas literarias de la época, fundamentalmente aquellas que sirvieron de vehículo para el ultraísmo y la generación del 27, como VltraHorizonteAlfarHelix o La Gaceta Literaria. De esta época son también sus primeros proyectos cinematográficos. Realizó varias incursiones en diversos campos (teatro, literatura y poesía) antes y después de dedicarse al mundo del cine, si bien su más relevante aportación fueron los poemas y prosas surrealistas escritos entre 1922 y 1929 durante su estancia en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Muchos de estos textos iban a conformar un libro de textos poéticos y prosísticos surrealistas del que da noticias desde 1926 y se iba a titular inicialmente Polismos. Todavía en 1929, en carta escrita a Pepín Bello el 10 de febrero, tiene la intención de publicarlo, aunque ahora con el título Un perro andaluz, que finalmente se convirtió en el de su primera película.

Entre 1929 y 1977 dirigió un total de treinta y dos películas. Además, en 1930 rodó Menjant garotes (“Comiendo erizos”), una película muda de únicamente cuatro minutos, con la familia Dalí como protagonista.

Luis Buñuel falleció en Ciudad de México el día 29 de julio de 1983 de madrugada, a causa de una insuficiencia cardíaca, hepática y renal provocada por un cáncer.

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