Autores venezolanos·Poemas

Poemas de María Calcaño 3/3

maria calcaño

Poemas del libro Entre la luna y los hombres (1960).

Soy como el rostro del mar

¿Habrá algo más lindo
que mi alma?

Mi alma es un navío
sobre el agua multiforme.
Luna,
tranquila nube,
vela henchida.
Tempestad.
Oleaje desbaratado
con su carga de angustia
y de naufragios.
Súbitas luces.
Blancas espumas borbotantes…

¡Oh, mi alma!
¡cómo te pareces al mar!

Que odie y que maldiga
y que se despedace el resto del mundo.

Yo soy amor vertido
siempre,
Vencida tormenta.
Placidez de arco-iris.
Temor de pez fugitivo
bajo el agua encrespada…

Todo esto. Sólo esto,
grande y desesperado,
soy yo.


 

El plinto de cerezos

Cómo decirte ahora,
grande amor que me llegas!
Si ya no tengo cintas,
ni trenza
ni cielo donde verme.

Me he apretado a la tierra tanto
que el pelo suelto
a ella se me enreda
como raíz…

Si me quedara muerta,
así, dispersa, como huella de un pájaro
afilada en los vientos.

Río y lloro, y me alumbro con estos
cien reflejos de vidrios que se rompen.
Son mis brazos
como un gran viento lleno de blusas.
¡Y estoy más hermosa
entre mis cabellos tumbados
y la pared del mundo!

Ya no hay tumbas,
ni palacios.
El ayer está desvanecido.
Y sólo hay cerezos echados a mis pies.


 

Poema del destino fundamental

Es amor.

Es lo que no me deja morir.
¿Quién ve en mis grandes delirios
temibles celadas,
carne, desatinos?

Por mis muslos claros
la tierra cumple su destino.
Corre la delicia.
Se padece el gozo.
Y es como espejo
de agua deslumbrada sobre un altar antiguo,
este regazo mío
colmado de niños
en la pleamar del mundo.

¡Qué feliz soy
dentro de la alegría universal!

Envejeciendo junto a los árboles
me dispersaré
sin perder este júbilo.


 

Mis cabellos zafados brillan

Ya no son del todo negros
ni brillantes mis cabellos,
pero de flores los lleno.
En un descuido dichoso
alguna flor queda en ellos.

Flores silvestres, pequeñas,
que nadie mira,
y que entre mi pelo suelto
se vuelven lindas.

Amo este adorno simple,
como de agua,
como de nube,
como de brisas que se visten de colores.
Diadema de hojas fragantes
de las mujeres sencillas.

Ya no son del todo negros
mis cabellos.
Pero tienen flores,
y brillan.


 

Perdio la muerte sus buenos días

Tener que morirme
en esta época
con una muerte
tan desacreditada.
Antes llegaba ella
con su paso natural
y nos desvanecía…
Cómo no fui de aquellos tiempos.

Morir era simple:
apagarse tranquilos,
y reposar
sin más ni más.
Sin haberla ahuyentado
con el corte de un seno,
de una garganta…
o con el tropel de alambre
del electrocardiograma
sobre el corazón vencido.

Oyéndola
roer su media presa
¡qué deseo loco
de ir por fin con ella!

Y tocarme a mí ahora
esta muerte sabihonda,
muerte de clínica y de laboratorio,
metida en cámara
de oxígeno,
entre penicilina
y radioterapia…

Irme con esta muerte
tan antipática
y con tantos siglos encima,
me da pena…


 

Al pie de tu nombre quieto

Pienso en ti
y tu nombre es lo único
que alcanzo a sentir intacto.

Ni un solo rasgo tuyo
dentro de mis sentidos.
No te siento ni siquiera soñado,
ni perdido…
Estás completamente borrado.
Como si te hubiera tenido retratado
en el agua.
Éxodos taciturnos
de días apagados…,
de silencios y lágrimas y risas sin amparo
sonando
por una ventana mal cerrada.

Pienso en ti
y es como los lisos días repetidos,
sin recuerdo
y sin espera…

Pienso en ti
y el mundo
ni siquiera me da vueltas…

Al pie de tu nombre inmóvil
sólo este ir y venir
del afán
de vivir contigo
pero sin ti…


 

MICROPOEMAS

Cada uno tiene su gracia.
¿Por qué se empecinan siempre
en encontrarnos semejanza
con otros?

********

¡Después de tanto alboroto
he terminado
por parecerme a mi madre!

*******

¿Y si no fuera la muerte
la que nos persigue?
¿No seremos nosotros
los que vamos tras ella?

********

Vivimos casi ignorados…
¡Y que tenga que ser la muerte
la que nos señale,
para que la gente nos vea!

********

¡Cuánto desvelo
para vencer una sola noche!

********

Partiré contigo
este pan tierno.
La mitad para ti
y la otra mitad…
para ti.

********

Olvidé el camino
de volver a casa.
Olvidé a mi madre.
Olvidé cómo se olvida…
¡Ya no lo tengo a él
y en él sigo detenida!

********

¡Y pensar
que me llegue la muerte hoy,
y me encuentre así:
con esta cara de odio!

********

De tanto conocernos,
acabamos por no saber quién
era quién…

********

¡Me hicieron perder la alegría
hasta el extremo
de hacerme olvidar las lágrimas!

********

Por las mujeres desnudas
los hombres
pierden la cabeza.
Y luego lo pierden todo
por vestirlas…

********

Sentimos la soledad
cuando hemos dejado de creer en nosotros.

********

¡Yo no podría nunca
ponerle precio a una flor!

********

Buscamos en todos los bolsillos.
En el último
encontramos la llave…

********

Se puede decir que existo
sólo por los días
que me faltan por llorar.

********

Empecé a ser desconfiada
y ya no tuve alegría,
ni amor, ni gusto por nada.
¡Como volviera
a ser inocente!

********

Estuvo a punto
de decirlo todo.
Pero mejor:
se fué con algo adentro.

********

No llores…
¡Míralo!
Nos queda el mar.

********

¡Ver pasar el tiempo
y no poderle ofrecer una silla!

*******
Réquiem:
¿estamos viviendo la muerte
o asistimos
a nuestro nacimiento?

********

¿Quién se detiene a ver el cielo
reflejado en una charca,
teniendo delante el mar?

*******

Llueve, llueve, llueve…
¿Habrá gente triste?
La calle sin un alma.
¡Y cuánto mar junto!

********

¿Que de dónde salgo?
¿Y el mar?

********

Nada más triste
que una boca que se nos queda delante
más del tiempo deseado.

********

Esto ha de acabarse también algún día.
Y en vez de vivirte, ¡oh, amor!,
me la paso ausente,
trazando rayitas en la arena
con un palito seco…

********

La otra casa era más bonita y alegre;
pero necesité de ésta
para poder recordarla.

********

Papel para escribir.
Un papel…;
es para este pensamiento
que se quedó allí, escondido en su cárcel.
¡Qué linda es
la prisión del alma!

********

¿Por cuáles filtros habrá llegado el mar
al corazón de las rocas?

********

A tientas, buscando siempre tu boca,
atinando en la noche
cómo es su sabor.
Perdona, amor de mi alma,
si alguna vez me equivoco…

********

Lo que más quiero de ti
es el silencio.
A través de él te oigo pensar.

********

Y me toco toda y no me reconozco
¡esta es la soledad tuya!

********

Todas las noches
sueño contigo.
Y vuelvo a tenerte…
¡pero siempre llega el día!

********

¿En qué día sería yo
ese río fantástico que cruzaba el mundo?

********

¿Qué es lo que llevas en ti
que me entristece?
Y él me ha respondido
con un coral negro en la boca:
No lo sé…

********

¡Y que para tantos mal pensados
haya tan pocos pensadores!

********

Con ese afán del hombre
de querer hacer las cosas
mejor cada vez,
acaba por destruirse él mismo.

María Calcaño.


María Calcaño.jpg
María Calcaño.

María Calcaño. Poeta venezolana. Nació en Maracaibo, en 1906. A la edad de 14 años se vio obligada a abandonar la escuela primaria para contraer matrimonio, entregada en matrimonio por sus padres a Juan Roncajolo, con quien tuvo seis hijos. Estudió de forma autodidacta. La vida de provincia y las costumbres de su época, no impidieron que cultivara la escritura poética. El reconocimiento le llegó tarde y su obra fue conocida en su país por el trabajo de Cósimo Mandrillo en los ochenta, cuando publicó una antología sobre su obra. La temática de su obra poética está marcada por el erotismo. El eros se manifiesta en sus poemas de manera sencilla y directa, marcado por el deseo. Sus poemas eran subversivos para su época al enfrentarse a la moral de la época. Se le considera la primera poetisa venezolana que asumió la modernidad a través de la libertad y el goce de la expresión.No perteneció a ningún grupo literario, pero coincidió con los integrantes del grupo Seremos, entre los que conoció a su segundo esposo.  Publicó tres libros: Alas fatales (1935), Canciones que oyeron mis últimas muñecas (1956) y Entre la luna y los hombres (1961). En 1996 se publicaron sus Obras completas. Luego, en el año 2008, Monte Ávila Editores las reedita e incluye dos libros: Anotaciones (1940) y La hermética maravillada (1938). Murió de cáncer pulmonar en 1956. 


 

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Poemas de María Calcaño 1/3

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