Autores argentinos·Poesía

Poemas de Juan Rodolfo Wilcock

juan rodolfo wilcock poemas

2. Pastoral

Hay un cristal en este cuarto, una ventana
de cristal opaco y resistente. El sol
refleja sobre el cristal la sombra de una planta
y el veloz recorrido de una mosca
en cíclicas figuras recurrentes;
un perro persigue a una gallina.
Y detrás del cristal azul y verde, yo.A mi derecha una pared de ladrillos,
jambas, umbral y el vano de una puerta
abierta sobre el jardín y el cielo intenso
surcado de eucaliptos, pinos, ailantos,
encinas jóvenes, aéreas,
voces de pájaros y plantas de lilas,
mi flor predilecta
si se parece a ti más que las otras.
El sol mueve las horas,
propicia el crecimiento de las plantas,
arrastra sombras, enciende ocasos
y da curso a la noche.
Y al mediodía inunda los prados amarillos.
Dirijo la mirada hacia la ciudad,
el gesto involuntario de los ausentes.
Un hombre siega la yerba del jardín;
zumba un motor; gimen palomas,
ruedas, niños invisibles, perros,
y el segador; te amo
como las lentas nubes en el cielo
tranquilamente superiores.


 

3. Oración al azar

“Que todo pueda cambiar y no cambiarnos;
que nuestras mutaciones sean idénticas,
nuestras muertes simultáneas”.

Debe ser un dolor intolerable
sentir que cesa la felicidad.


4. Nocturno

Casi como en un sueño laborioso, las hormigas
transportan pétalos deshechos,
semiüas, hojas y amargo ácido fórmico;
bajo la tierra en grutas impermeables
se imitan y se ignoran,
viven dramas, cobijan esperanzas,
dolores de hormiga.

Con arpa y flauta de Micenas,
¿quién cantará los sucesos de los cines del sábado,
semanalmente renovados?
Más allá sin embargo de las palabras en neón
sobre el destello de la noche urbana
veo estrellas de hielo, alfileres de aire,
vírgenes que se asoman a los balcones del cielo,
planetas que regían el destino
cuando los hombres eran pocos
y vivían a orillas del Eufrates persa.

Vayamos entonces tú y yo,
públicamente desposados
a enriquecer los ritos saturnales.
Desde aquí se va hacia la ciudad viviente;
admitamos que esto ocurra
diez siglos después: el mundo ha muerto.
Hablemos entre estas quietas ruinas
que fueron en un tiempo la ciudad famosa.
Aquí está el Rex, aquí el Politeama;
ya nada nos impide amarnos
sobre la hiedra que cubre el escenario.

Hoy sábado, a las once de la noche
tu mea cura
iluminas de nuevo la ciudad perecedera
cuando me miras en los giros vacíos
de la íntima analgésica cinematografía.


 

5. ]ardín Botánico

¿Recuerdas aquel árbol querido,
cielo de tardes verdes y amarillas?
Era una encina, era acogedora y era
como una posada, grabada de diversas formas
por los clientes de otras primaveras.
No escribimos en ella nuestro nombre;
sin embargo, cuando todo haya muerto,
¿no quedará el recuerdo de dos sombras
que un día se besaban las manos,
aunque ya las sombras no sean aquellas?
Las preguntas retóricas no tienen respuesta.
Para verte de nuevo intensamente, me alejo:
tan joven, como una barca al sol.


 

DESHACERME

Extiendo hacia mi pasado
vanos tentáculos de sueño
para comprender objetos, papeles
que quizá ya no existen;
mas, como un remordimiento
sé que mis riquezas
simbólicas aún están allá,
en la casa hoy cerrada,
jaula de un loco y de una vieja:
mis retratos de entonces,
el sello con mi nombre,
y yo, yo dondequiera,
en los espejos y sobre las paredes.
Adelante, debo ir a desmontar
este templo de mí mismo,
saquear, regalar
a los museos mis objetos
más raros y arrojar lo demás,
exorcizar ese lugar
que fue destinado a mi culto,
morir sin dejar
rastros vergonzosos o de otra especie,
deshacerme de todo, partir
así como he venido.


 

ESPACIO

En mi cuarto no hay nada,
salvo el tocadiscos y una cama;
y en el corazón tampoco hay nada,
salvo un hijo distinto a mí.

Así hay espacio para moverse
tanto en el corazón como en el cuarto
tiré los harapos al fuego,
los sentimientos, al mar.

No todos tienen el cuarto vacío,
no todos tienen el corazón vacío:
se puede dejar entrar
cada mañana un mundo nuevo.


 

LA CANCIÓN DE LOS IMPOSTORES

Somos los impostores miméticos
que rondan en la sombra de las viejas casas
sustituyendo los rostros familiares
por otros semejantes pero herméticos.

Hablando sobre giras y viajes
entramos en las vidas de otros,
transformando sus relaciones
en un infierno de confusiones.

Una vez sembrada la semilla del rencor,
partimos, satisfechos y compasivos;
somos los que corroen el amor,
los que pervierten los sentimientos.


 

CONSEJO

Repudiemos la facilidad
como se aparta a una serpiente;
la facilidad que disgrega,
la fascinante casi-verdad.

N o dejemos que nos seduzca
el pensamiento demasiado ordenado;
en excesivos discursos
no derrochemos nuestro legado.

Tratemos sólo de deshilar
del tejido de cada hora
lo que nos sustenta, lo que nos impulsa,
la universalidad del ser.


 

EL CUERPO DEL HOMBRE

El cuerpo del hombre es extraño,
no se diría que es un animal;
de joven, es largo y delgado,
de viejo, un saco de papas.

Si no fuera tan activo
moriría de cansancio,
aunque ser inteligente
lo haya llevado a la situación

de no tener plumas ni pelo
como los demás animales,
que se protegen del invierno
con sus defensas naturales.


 

EL EXILIADO

Un rayo de sol en el agua,
una palabra solamente,
aquí donde una abeja de piedra
finge beber en la fuente.

Encuentra esa palabra sola
y vuelve a ser por un instante
en este exilio que te atormenta
el poeta que ya no eres.


 

CUANDO TU, MI POESÍA, LEES POESÍA

Cuando tú, mi poesía, lees poesía,
se oscurece el cielo con una luz verde,
la gente huye de la orilla del mar
por un sentido remoto de tempestad
o de contraste entre los elementos,
relámpagos se enarbolan sobre los hilos de los tranvías,
y un gran silencio baja sobre la ciudad:
es la poesía que se contempla a sí misma.
Lees palabras de un tiempo desaparecido,
de un presente que se derrumba sin tregua
velozmente en el pasado informe,
lees sobre reyes y coronas, jardines y guerras,
tú que eres la corona de cada imperio
y el jardín del mundo conocido
y la guerra de los sentidos de la naturaleza,
lees, “¿quién creerá mis versos en el futuro
si digo ahora todo lo que vales?”
y ocurre en ese momento que esos versos,
como una flecha lanzada en los siglos,
alcanzan a quien un día los inspiró.
Y entonces la oscuridad verde invade todo,
la gente se esconde, abrumada,
y en un silencio como de terremoto
se levanta la luna sobre los Castillos Romanos
y lentamente lo vuelve todo azul
mientras tú, mi poesía, lees poesía.


 

DÉJATE VER EN TU DESNUDEZ

Déjate ver en tu desnudez, .
el mundo tiene esta necesidad de belleza
para atenuar los pensamientos malos
que son siempre pensamientos vestidos.
Haz visible la sublimidad
sin importarte si suscita escándalo:
no se caerá el firmamento cuando caigan
tus bragas y tu corpiño
sólo en los países fríos los dioses
usaban tales indumentos. Luego,
en este Olimpo por ti escogido como morada
con las nueve colinas de la Urbe a tus pies
será erigido un palacio lleno de espejos
y en cada espejo tu imagen reflejada,
y allí tendrán lugar las ceremonias de Estado,
los congresos, los exámenes de capacidad,
en presencia de la verdad desnuda.


 

YO NUNCA PERSEGUÍ LA FAMA

Yo nunca perseguí la fama
y ahora persigo a quien la lleva en la mano;
yo que las puertas de la riqueza siempre
vi cerradas, ahora las veo abiertas;
yo que parecía loco y melancólico
me descubro, en cambio, sabio y alegre. Oh llama,
aluvión de jaspe y malaquita,
voz de jade de la ópera de Pekín,
paloma, isla errante, cataclismo,
amor que haces dulce lo que áspero era,
me has quitado el sueño, el juicio, ¿qué más quieres?


 

AL FUEGO

Fuego, compañero, querido amigo de la sombra,
ardes y te apagas y gracias a mí revives,
tú que desesperado quemarías el mundo
y aquí sólo te quemas a ti mismo, en ti
recogido como la desamparada en el alba
cuando enciende la hoguera de cada día
y sobre brasas se consume lenta.
Hijo del relámpago, ahora eres hijo del hombre,
hay que alimentarte, gato rojo.
Hazte tigre, sal, crece, devora
todo si tantas ganas tienes, haznos cenizas,
que cada uno por su fuego solitario
sea incendiado, embellecido, vuelto llama
y se integre al incendio original.


 

VERSOS PERDIDOS EN LA GRAN CONFUSIÓN

Trenes, aviones, barcos, cuántos regresos
y siempre a ti que ríes, cantas, duermes,
tú, luz de la luz de mi luz,
tú, meta móvil de mis movimientos.


 

FUERA DEL LIMBO NO HAY ELISEO

La sociedad te enseña: esto es bello,
es bueno, es verdadero, y no debes hacer aquello.

A cada hombre le ofrece, ya establecidas, la ética,
la metafísica, la lógica y la estética.

Mas, de vez en cuando, surge un vidente
que explica a los demás que nada es verdadero.

Luego desaparece y la sociedad se dedica
a tergiversar el sentido de su obra.

Es en verdad curioso que siendo ella nosotros mismos
tanto se empeñe en volvernos tontos.

¿Qué comunidad del mundo animal
enseña a los suyos el arte de hacerse daño?

Pero los animales no poseen, es cierto,
la facultad de expresar el pensamiento.

El hombre, en cambio, es un ser extraordinario,
sólo goza si goza el vocabulario.

Tomemos, por ejemplo, la palabra feliz:
si no existiera, ¿quién sería infeliz?

Lo mismo ocurre con la palabra honor,
con la historia, con Dios y con el amor.

Tratad de renunciar a los conceptos abstractos
y de vivir atendiendo solamente a los hechos.

Os expulsarán de inmediato de la sociedad
y regresaréis al limbo de la primera edad.


 

SOBRE EL PROGRESO

Dichosos aquellos que piensan en el progreso:
yo sólo pienso en la muerte o en el sexo.


 

EN VELLETRI

Fui hasta la parada de autobús,
me senté sobre el muro del puente:
mi sombra era la sombra de un joven,
yo también soy la sombra de un joven.


 

TE CONSTRUISTE CON MUCHAS PALABRAS

Te construiste con muchas palabras,
primero boca, buba, nana, yo,
y ya eras golem con el verbo entre los labios,
luego mano, hambre, dame, luz, llanto,
el catálogo simple de las sensaciones,
categorías muchachas y facultades,
estados de ánimo, adverbios y conjunciones
para coordinar las partes nacientes
del yo que crecía rapaz.
Entretanto aprendías sin horror
la nomenclatura del mundo exterior,
y salido de su primer nombre, madre,
te adaptabas a ese vocabulario
como a una desgracia incalculable
que en la locura parece divertida;
hasta que descubrías el nombre de la muerte,
para aplicarlo a una serie de otros nombres,
pero de ningún modo para aplicarlo al tuyo.
Al final sabías todos los vocablos,
que su conjunto se llamaba vida,
y que en el centro estaba el sexo
para enlazar el grupo de palabras
que existían entre tú y lo que era el mundo.
Pero estas construcciones y enlaces
no pueden durar siempre, se derrumban;
ni permite la lógica que cinco palabras,
“un animal que sabe hablar”,
sostengan largo tiempo semejante edificio.

Juan Rodolfo Wilcock.
Poemas del libro Poemas (FUNDARTE- 1985).

Traducción: Ana María del Re.


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Juan Rodolfo Wilcock.

Juan Rodolfo Wilcock. Fue un poeta, crítico, traductor y escritor argentino. Nació en Buenos Aires, 17 de abril de 1919. Hijo de Charles Leonard Wilcock, inglés, e Ida Romegialli, argentina, estudió Ingeniería Civil en la Universidad de Buenos Aires, y vivió un tiempo en Mendoza en un proyecto relacionado con el ferrocarril trasandino, pero luego abandonó esa profesión para dedicarse a la literatura. Su primer libro de poesía, Libro de poemas y canciones (1940), obtuvo el Premio Martín Fierro de la Sociedad Argentina de Escritores. Un año después conoció a Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, con quienes tuvo una gran amistad. Entre 1942 y 1944 dirigió la revista literaria Verde Memoria. Entre 1945 y 1947, la revista Disco. Trabajó en los Ferrocarriles del Estado, pero dejó su puesto en 1944. En 1945 autoeditó dos libros de poesía: Ensayos de poesía lírica y Persecución de las musas menores. En 1946 publicó Paseo Sentimental. En 1951 viajó por Europa con Silvina Ocampo y Bioy Casares, y visitó Italia por primera vez. Wilcock practicó asiduamente la crítica, colaborando en multitud de diarios y revistas literarias. Fue también traductor del inglés, francés, italiano y alemán. En 1957 se instaló definitivamente en Italia, país en el que acabaría solicitando la nacionalidad. Allí reescribió varias de sus obras en italiano. ​ En esos años le escribió a Miguel Murmis, diciéndole: “Veo a la Argentina como una inmensa traducción”. En 1964 hace su única aparición en el cine, en la película El Evangelio según San Mateo, de Pier Paolo Pasolini. Traduce para la editorial Emece, El derrumne de la Baliverna de Dino Buzzati. Murió en su casa de campo, Lubriano, Italia, 16 de marzo de 1978. Está enterrado en el Cementerio Protestante, cerca de la Pirámide Cestia. Su hijo Livio Bacchi Wilcock fue un importante traductor de Jorge Luis Borges al italiano.

Obra:

  • Libro de poemas y canciones (1940)
  • Ensayos de poesía lírica (1945)
  • Persecución de las musas menores (1945)
  • Paseo sentimental (1946)
  • Los hermosos días (1998)
  • Sexto (1999)
  • Los traidores (1988)
  • El caos (1974)

Ediciones póstumas:

  • El libro de los monstruos (1978)
  • Poemas (1985)
  • La sinagoga de los iconoclastas (1981)
  • El ingeniero (1996)
  • El estereoscopio de los solitarios (1998)
  • Hechos inquietantes (1998)
  • El libro de los monstruos (1999)
  • Los dos indios alegres (2001)
  • La boda de Hitler y María Antonieta en el infierno (2003)
  • El templo etrusco (2004)
  • El delito de escribir (2019)

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