Poemas

Poemas de Hannah Arendt

hannah arendt poemas

Poemas de 1923- 1926

No hay palabras que irrumpan en la oscuridad
ni dioses que alcen la mano.
Adonde quiera que mire…
tierra amontonándose.
No hay formas que se desprendan
ni sombras que se ciernan.
Y sigo oyendo todavía:
«Demasiado tarde, demasiado tarde».


 

EN TONO DE COPLA POPULAR

Cuando volvamos a vernos
florecerá la blanca lila
y yo te envolveré en almohadas
para alejar de ti las nostalgias.

Alegrémonos entonces
de que el vino seco
y los fragantes tilos
nos encuentren todavía juntos.

Pero cuando caigan las hojas,
entonces separémonos.
¿Exasperarse para qué?
Habrá que arrostrar ese sufrimiento.


 

CONSUELO

Llegarán las horas
en que las viejas heridas,
esas que olvidamos hace tiempo,
amenazarán con consumirnos.

Llegarán los días
en que ninguna balanza
de la vida y los pesares
podrá inclinarse hacia uno u otro plato.

Trascurrirán las horas
y pasarán los días.
Pero una ganancia sí nos quedará:
la mera persistencia.


 

CANSANCIO

Crepúsculo vespertino:
quedamente quejumbrosa
suena aún la llamada de los pájaros
que yo creé.

Grises paredes
se derrumban
mientras mis manos
se reencuentran.

Lo que llegué a amar
no puedo asirlo.
Lo que me rodea
no puedo dejarlo.

Todo se hunde.
El crepúsculo se cierne.
Nada puede someterme:
así viene a ser el curso de la vida.


 

Paso los días desorientada.
Pronuncio palabras sin peso.
Vivo en una oscuridad sin visión.

Carezco de timón en la vida.

Sobre mí se cierne monstruoso,
como un nuevo pájaro enorme y negro,
el rostro de la noche.


A…

Toma la pesada carga de mis deseos.
La vida es amplia y no tiene prisa.
Restan aún muchos países en el mundo
y abundantes noches al descampado.
¿Pues quién conoce la balanza
de la vida y los pesares?
Quizá en los días de senectud
todo esto se dirima.


 

CREPÚSCULO

Crepúsculo que te hundes,
que aguardas, que haces señas:

Gris es la marea.

Crepúsculo que guardas silencio,
que sin hacer ruido declinas,
que exhortas y te lamentas,
que dices cosas silentes:

Gris es la marea.

Crepúsculo que consuelas,
que mitigas y sanas,
que señalas lo oscuro
y rondas lo nuevo:

Gris es la marea.


HANNA-ARENDT
Hannah Arendt.

ENSIMISMAMIENTO

Cuando contemplo mi mano
—una cosa ajena pero emparentada conmigo—
de pronto no estoy en ningún país,
no quedo sujeta a ningún aquí ni a ningún ahora,
ni quedo ligada a ningún qué.

Entonces me siento como si tuviera que despreciar el mundo:
pues bien, por mí que transcurra el tiempo
con tal de que no sucedan más señales.

Contemplo mi mano,
que guarda un parentesco conmigo inquietantemente cercano,
siendo no obstante una cosa distinta.
¿Es más de lo que yo soy?
¿Tendrá un sentido superior?


 

¿Por qué me das la mano
con timidez y como a escondidas?
¿Tan lejano es el país del que vienes?
¿No conoces nuestro vino?

¿En tamaña soledad vives
que no conoces nuestra hermosísima fogosidad
cuando estamos uno en otro
con el corazón y con la sangre?

¿No conoces las alegrías diurnas
cuando uno va con el amado?
¿Ni conoces la despedida vespertina
cuando uno va aquejado de pesadumbre?

Vente conmigo y quiéreme,
no pienses en tus miedos.
¿Acaso no puedes sincerarte?
Ven y toma y da.

Vayamos luego por los campos dorados
—amapola y trébol silvestre—,
y más tarde, en el ancho mundo,
nos llegará a doler

cuando sintamos que el recuerdo
sopla con fuerza en el viento,
cuando, estremeciéndose, suspire nuestra alma
con una ternura de ensueño.


 

LAMENTACIÓN

Ay, los días transcurren disipándose sin usar, como un juego.
Y las horas sucumben indefensas en el calvario.

Y la marea de los tiempos
me atraviesa deslizándose quedamente.
Y aunque entono las viejas canciones
no sé más que al principio.

Y ni siquiera un niño puede recorrer más absorto en sus ensueños
la senda trazada de antemano.
Y ni siquiera un anciano puede tener mayor paciencia para saber
que la vida es larga.

Pero el sufrimiento, que rehúsa sosegar
los viejos sueños y la juvenil sabiduría,
no me deja renunciar
a la hermosa pureza de la dicha.


 

CANCIÓN NOCTURNA

Los días se limitan a ir pasando,
haciendo que transcurra nuestro tiempo.
La muda noche nos deparará
perpetuamente los mismos signos oscuros.

Siempre tiene la noche que decir lo mismo,
perseverando en la misma nota.
Incluso después de habernos atrevido a cosas nuevas
lo único que ella seguirá mostrando de continuo es lo que ya éramos.

La mañana tienta ruidosa e ignota
y rompiendo la oscura mirada muda
nos lleva de regreso, con sus mil congojas nuevas,
al colorido día.

Pero las sombras se quedarán
para cerrar con recato el día.
Es entonces cuando nos dejamos arrastrar
por rápidos ríos a lejanas costas.

Nuestra patria son las sombras,
y cuando desfallecemos profundamente
aguardamos un leve consuelo
en el oscuro regazo nocturno.

Teniendo esperanza podemos perdonar
todo horror y toda congoja.
Nuestros labios se vuelven más mudos…
irrumpe el día sin hacer ruido.


hannah-arendt-1
Hannah Arendt.

Poemas de 1942- 1961

W. B. (WALTER BENJAMIN)

De nuevo oscurece la tarde
y de las estrellas cae la noche
mientras yacemos con los miembros extendidos
en las cercanías y en las lejanías.

Suenan desde las tinieblas
pequeñas y plácidas melodías.
Agucemos los oídos para deshabituarnos.
Ya es hora de ir desalojando las hileras.

Si remotas son las voces, cercana es la congoja:
aquellas voces de aquellos muertos
que enviamos como nuncios que nos anteceden
para escoltarnos hacia el adormecimiento.


 

PARQUE JUNTO AL RÍO HUDSON

Pescadores pescando en silencio en los ríos
del mundo entero.
Conductores conduciendo a ciegas por caminos
alrededor del mundo entero.
Niños correteando, madres llamando,
el mundo es espléndido.
A veces una pareja de amantes
se pasea por el mundo.

Pescadores pescando en silencio en los ríos
hasta el anochecer.
Conductores conduciendo a ciegas por caminos
apresurándose a la muerte.
Niños, dichosos al sol,
jugando a la eternidad.
A veces se pasea una pareja
en compañía del tiempo.

Pescadores pescando en silencio en los ríos:
la rama cuelga solitaria.
Conductores conduciendo a ciegas por caminos
sin descanso hacia el descanso.
Niños jugando, madres llamando,
casi hay eternidad.
A veces se pasea una pareja
cargando con el peso de los tiempos.


 

La tristeza es como una luz encendida en el corazón.
La oscuridad es como un resplandor que sondea nuestra noche.
No tenemos más que encender la pequeña luz del duelo
para hallar el camino de regreso a casa atravesando la vasta y larga noche, como si fuéramos sombras.
Bosque, ciudad, calle y árbol están alumbrados.
Bienaventurado aquel que no tiene patria, porque la verá en sueños.


 

Sé que las calles han quedado destruidas.
¿De dónde nos llega el destello de la rodada,
asomando prodigiosamente incólume de entre las antiguas ruinas?

Sé que las casas se han derrumbado.
Entrando en ellas ingresábamos en el mundo, con la prodigiosa seguridad
de que ellas eran más consistentes que nosotros mismos.

La luna —que esta vez olvidamos— ¿seguirá ayudando a brindar soporte
con su luz más constante
a los cascos de los caballos,
como si fuera un eco proveniente del silente rostro del río?


 

Maldición:

«Te engañarás cuando creas conocerme en cada mujer.
En vano me nombrarás en cada figura.
En toda lejanía barruntarás proximidad.
En todo momento de calma temblará tu mano.

Así es como se produce el final. Separados en el infinito:
ni mañana, ni ayer, ni hoy. Aquí, en el más acá,
todo se ha malogrado en flujos y reflujos
que aguardan por siempre vacuidades de ultratumba».

Respuesta:

«Me engañé creyendo conocerte en cada mujer.
En vano te nombré en cada figura.
En toda lejanía te barrunté cercana.
En todo momento de calma tembló mi mano.

Pero cuando el final haya llegado
ya no te remembraré.
Y si el más allá resulta sin ti demasiado yermo,
entonces regresaré para ahogarme».


 

No soy al cabo sino un pequeño punto,
no mayor que el punto negro
que ahí sobre el papel alardea
de ser comienzo del cuadrado.

Si quiero expandirme mucho
comienzo a emborronarlo todo,
comienzo a hechizar el entorno
con bolígrafo y pluma, con lápiz y tinta.

Pero no soy al cabo sino un pequeño punto.
Un punto que ni siquiera está bien hecho,
como aquel que en los papeles alardea
de ser comienzo de cuadrados.


 

Solo cabe hacerlo
con sobria mística y con mística sobriedad:
por eso tu saber es cauteloso
y tu cautela es tu desvelo.


 

Incesantemente nos aparta la vida de aquello
que hace apenas un momento estaba a las puertas con todas sus energías.
Incesantemente se acerrojan puertas y se hunden puentes
en el flujo de la corriente apenas los tocas con el pie.


 

Ríos sin puente,
casas sin pared:
nada se reconoce
cuando el tren los recorre.

Hombres sin sombra,
brazos sin mano.


 

A nadie le incumbe
lo que somos y lo que parecemos.
Nadie se escandaliza
de lo que hacemos y opinamos.

El cielo está en llamas,
clarea el firmamento
por encima de un estar juntos
desconociendo el camino.


Arendt-Hannah
Hannah Arendt.

I

Inmensurable es la amplitud solo
cuando tratamos de mensurar
aquello que nuestro corazón está llamado a abarcar aquí.

Insondable es la hondura solo
cuando sondeamos indagando
lo que nos acoge como fondo cuando caemos.

Inalcanzable es la altura solo
cuando nuestros ojos se fijan con esfuerzo
en aquello que desborda cual llama el firmamento.

Ineludible es la muerte solo
cuando, ávidos de futuro,
no soportamos la pura permanencia de un instante.

II

Ven y habita
en las oscuras y oblicuas cámaras de mi corazón,
para que la amplitud de las paredes se cierre aún formando un cuarto.
Ven y cae
en los coloridos fondos de mi sueño,
que se amedrenta ante el escarpado abismo de nuestro mundo.

Ven y vuela
a la remota curva de mi nostalgia,
para que fulgure el incendio hasta la altura de una llama.

Detente y quédate.
Espera a que, ineludible, la llegada se avecine
desde la cesión de un instante.


 

Me vienen los pensamientos,
ya no les resulto una desconocida.
Igual que si fuera un campo arado
crezco convirtiéndome en sede de ellos.


 

Ay, cómo
se apresura el tiempo,
agregando
sin demora
año tras año
a su cadena.
Ay, qué pronto
encanece y ralea
el pelo.

Pero al dividirse
de súbito
el tiempo
en día y noche,
cuando entonces el corazón
se nos demora,
¿no juega
con el tiempo
al juego de la eternidad?


 

CON UNA COSA

No soy sino una
de tantas cosas,
una de esas cosas menudas
que surgió
de una euforia desbordante.

Cuando te sientas amedrentado
estréchame en tus manos,
para que, trémulas,
rebosen de euforia
alcanzando el logro.


 

Aún sin noticia
de aquellos días
que, dándose paso unos a otros,
se consumieron fogosamente
y nos laceraron:
la llaga que deja la dicha
se torna estigma, no cicatriz.

De ello no quedaría noticia
si tu decir
no le brindara permanencia:
la palabra poetizada
es sede que ampara y no guarida.


 

PALENVILLE

Desde detrás del cúmulo de cerros me hace señas la inerte vastedad
y despunta lo remoto, refulgente como luna en la noche.


 

El poema poetiza condensando
y protegiendo el núcleo de malas intenciones.
Cuando el núcleo la rompe,
la cáscara deja ver al mundo un denso interior.


 

Amo la tierra
como se ama el lugar foráneo
cuando se está de viaje,
y no de otra manera.
Así es como la vida
me sigue urdiendo quedamente con su hilo
para tejer un patrón jamás conocido.
Hasta que de pronto,
como una despedida en mitad del viaje,
irrumpe en el marco el gran silencio.


 

No hay hondura
donde no resplandezca una claridad,
ni silencio
donde no resuene un sonido.
Despertad lo silente
—¡incluso ahora sigue dormido!—.
Alumbrad la oscuridad
que nos creó.

No hay tinieblas
que la luz no venza,
ni silencio
que los sonidos no entonen.
Pero esa calma
que reposa en lo incierto
oscurece en silencio
la mostración postrema.


 

DIDÁCTICA DE LOS COLORES SEGÚN GOETHE

Amarillo es el día.
Azul es la noche.
Verde se extiende el mundo.
Luz y tinieblas se desposan
tanto en la oscuridad como en la claridad.
Con el color se manifiesta el universo.
Gracias a los colores se disciernen unas cosas de otras.

Cuando la lluvia y el sol,
cansados de sus discordias en las nubes,
unen lo árido y lo húmedo
en las nupcias de los colores,
entonces resplandece lo oscuro y lo luminoso,
e irradia en arco desde el cielo
nuestro ojo, nuestro mundo.


 

Desde la lejanía saluda este libro:
deja que quede sin ser leído.
También en la lejanía mora la proximidad:
siempre queda un haber sido.


 

PESAROSA MANSEDUMBRE

Hay mansedumbre
en la concavidad de nuestras manos,
cuando la palma se
amolda a la forma ajena.

Hay mansedumbre
en el abovedado cielo nocturno,
cuando la lejanía se
acomoda a la tierra.

Hay mansedumbre
en tu mano y en la mía,
cuando la cercanía de súbito
nos cautiva.

Hay melancolía
en tu mirada y en la mía,
cuando la gravedad nos
moldea haciéndonos el uno al otro.


 

La llaga que deja la dicha
se llama estigma y no cicatriz.
Solo las palabras del poeta
nos dan noticia de ella.
El decir poetizante
es sede que ampara y no guarida.


 

Todavía te veo
de pie junto al escritorio.
Una luz te daba de lleno en el rostro.
El lazo de las miradas estaba firmemente tensado
como si hubiera de soportar tu peso y el mío.

El lazo se desgarró
y entre nosotros vino a surgir
no sé qué rara ventura
que uno no puede ver y que las miradas
ni pronuncian ni silencian. Sin embargo,
una atenta escucha sí que halló y sigue buscando
la voz que habla en el poema.


 

Habiéndome confiado por entero a lo que no me resulta familiar,
mostrándome cercana a lo foráneo
y próxima a lo remoto,
pongo mis manos en las tuyas.


 

La caída se rehízo en vuelo.
Quien caía vuela ahora.
Es entonces cuando se abren las simas
y cuando la oscuridad sube a la luz.

 

Hannah Arendt.
Poemas.
Traducción: Alberto Ciria.


hannah-arendt
Hannah Arendt.

Hannah Arendt, nacida Johanna Arendt. Fue una filósofa, ensayista, crítica literaria y teórica política alemana, posteriormente nacionalizada estadounidense, de origen judío. Nació en Hannover (Imperio alemán), 14 de octubre de 1906. En 1920, a los catorce años, ya había leído la Crítica de la razón pura (1781) de Kant​ y la Psicología de las concepciones del mundo (1919) de Jaspers. En 1923, a los diecisiete años, tuvo que abandonar la escuela por problemas disciplinarios, dirigiéndose entonces sola a Berlín, donde, sin haber acabado la escolaridad, tomó clases de teología cristiana y estudió por primera vez la obra de Søren Kierkegaard. De vuelta a Königsberg en 1924, se presentó por libre y aprobó el examen de acceso a la universidad Entre 1924 y 1929 cursó estudios de filosofía y teología, primero en Marburgo y en Friburgo y, finalmente, en Heidelberg. Tuvo por maestros a Edmund Husserl, Martin Heidegger y Karl Jaspers. Con este último se licenció en 1928.

Obligada a abandonar la Alemania hitleriana en 1933, se trasladó a Francia. Durante la Segunda Guerra Mundial, tras la ocupación alemana de Francia (1940), fue internada con otros emigrados; consiguió huir y se instaló en Estados Unidos. Allí colaboró en numerosas revistas y, tras haber sido invitada sucesivamente por las universidades de Berkeley y Chicago, enseñó teoría política en la School for Social Research de Nueva York.

Autora de numerosas obras, se dio a conocer en 1951 con un trabajo titulado Los orígenes del totalitarismo, en el que, mediante el análisis del imperialismo del siglo XIX y de los regímenes totalitarios del XX, intentaba reconstruir las vicisitudes histórico-políticas que desembocaron en el antisemitismo. De todos modos, este aspecto fundamental de su obra siempre se halla inserto en el cuadro de una reflexión más general sobre la noción de política en el mundo moderno, como sucede en La condición humana (1958), obra en la que la autora se interroga sobre los núcleos esenciales de los conceptos políticos clave, como los de democracia, poder, violencia o dominio. Otras obras suyas son Eichmann en Jerusalén (1963), Hombres en tiempos sombríos (1968), Sobre la violencia (1970) y La crisis de la república (1972).

Al contrario que otros estudiosos, Hannah Arendt no realizó una «obra tardía» o «de vejez». Más bien lo que hizo fue seguir desarrollando continuamente su pensamiento político y mostró a menudo su valor cívico. No hubo rupturas profundas. A pesar de las sacudidas exteriores, sobre todo la aparición del totalitarismo, el conjunto de su obra está cerrado en sí mismo y no hubo muchas correcciones de fondo. Así, basándose en el concepto kantiano del «mal radical» que adoptó, formuló en 1961 la tesis de la «banalidad del mal», y luego la defendió a pesar de la hostilidad que suscitó durante años. En sus cartas habla de su deseo de mantenerse productiva hasta la muerte. Tras un primer infarto de miocardio en 1974, retomó sus escritos y la enseñanza y 4 de diciembre de 1975 tuvo un segundo infarto mortal en su despacho (Nueva York), en presencia de amigos. Las oraciones fúnebres las pronunciaron, entre otros, su viejo amigo Hans Jonas y representantes de sus alumnos.

 

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