Autores españoles·Narrativa

Diluvio – Luis Buñuel

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Llovía.
Diluviaba.
Algo más que torrencialmente. Diluviaba oceánicamente: nadie podía esperar que un mar pudiera viajar así, como un avión, de un planeta a otro. La atmósfera se había transformado en un mar sin peces. Se hallaba próximo el instante en que estos iban a poder salir tranquilamente de los estanques para pasearse por la gran bola acuática de la exatmósfera. Ya muchos sacaban sus cabezas de un agua para ponerlas en la otra y quedaban así, con mansuetud de niños, como cocodrilos a medio sumergir.

La ciudad entera guarecida bajo los tejados se veía impotente para resistir aquel diluvio que caía como en los sueños al ralenti, pareciendo de tan compacto, no caer sino quedarse.

Toda la ciudad con sus grandes torres desmanteladas era un inmenso bergantín por primera vez naúfrago en la lluvia.
Llovía.

Los peces parecían mariposas atraidos por la luz húmeda de los faroles y en los tejados se entreabrían las tejas como lapas.

En los escaparates colonias enteras de libros buscaban algo en el agua con las hojas vibrátiles y ondulantes, sexos de polipo.
Los niños nadaban por el acuario iluminado de los pisos, acercándose a los cristales —unos bobos— muy abiertos los ojos, dejando escapar una columna de circulitos por sus bocas redondas.

Llovía. Llovía. Llovía.
Todo tenía o presentía un palpitar de pulpo. Todo era repugnante a la vista y al tacto.

Las avenidas comenzaban a llenarse de vientres hinchados, de vientres tumefactos sobre los que acudían por bandadas, con inaudita voracidad, manos hambrientas, lenguas hambrientas, cabelleras hambrientas.

A mil metros de altura cruzó la luz fantasmal de un tranvía herido acosado de delfines, asaeteado por millones de dentaduras blanquísimas.

Llovía. Llovía. Llovía. Llovía.
Por todas partes entre grietas de agua y resplandores glaucos acechaban unos ojos grises de mirar metálico, con ferocidad de escualo, los ojos de todos los habitantes de la ciudad, todo ojos, todo ferocidad.

Mis diez dedos no tenían hueso y mis ojos, también mis ojos me acechaban de lejos, más grandes que nunca, grises para siempre, con la ferocidad de los demás ojos.

Junto a mí pasó flotando mi novia ahogada impulsada por el temblor de su velo nupcial, medusa de amor y muerte.
Llovía. Llovía. Llovía. Llovía.
En el reloj de la catedral dieron las doce burbujas de la noche.
Llovía.

Luis Buñuel.


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Luis Buñuel.

 

Luis Buñuel  nació en  la localidad turolense de Calanda, España, el 22 de febrero de 1900. Fue un director de cine español, que tras el exilio de la guerra civil española se naturalizó mexicano. A pesar de los hitos cinematográficos logrados en su país natal con Viridiana (1961) y Tristana (1970), la gran mayoría de su obra fue realizada o coproducida en México y Francia, debido a sus convicciones políticas y a las dificultades impuestas por la censura franquista para filmar en España. Es considerado uno de los más importantes y originales directores de la historia del cine.

A los diecisiete años, terminado el bachillerato, partió a Madrid para cursar estudios universitarios. En la capital se alojó en la recién creada Residencia de Estudiantes  fundada por la Junta para la Ampliación de Estudios, donde permaneció siete años y trabó amistad, entre otros, con Salvador Dalí, Federico García Lorca, y Juan Ramón Jiménez.

En 1920 inició estudios de entomología, que abandonó para matricularse en Filosofía y Letras, rama de Historia, ya que se había informado de que varios países ofrecían trabajo como lector de español a licenciados en Filosofía y Letras, lo que suponía una oportunidad de cumplir su deseo de salir de España.

Con sus compañeros de la Residencia hizo sus primeros ensayos de puesta en escena, con versiones delirantes del Don Juan Tenorio en las que actuaban Lorca, Dalí y otros compañeros.

Desde 1922 escribe poemas, prosas poéticas y cuentos en diversas revistas literarias de la época, fundamentalmente aquellas que sirvieron de vehículo para el ultraísmo y la generación del 27, como VltraHorizonteAlfarHelix o La Gaceta Literaria. De esta época son también sus primeros proyectos cinematográficos. Realizó varias incursiones en diversos campos (teatro, literatura y poesía) antes y después de dedicarse al mundo del cine, si bien su más relevante aportación fueron los poemas y prosas surrealistas escritos entre 1922 y 1929 durante su estancia en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Muchos de estos textos iban a conformar un libro de textos poéticos y prosísticos surrealistas del que da noticias desde 1926 y se iba a titular inicialmente Polismos. Todavía en 1929, en carta escrita a Pepín Bello el 10 de febrero, tiene la intención de publicarlo, aunque ahora con el título Un perro andaluz, que finalmente se convirtió en el de su primera película.

Entre 1929 y 1977 dirigió un total de treinta y dos películas. Además, en 1930 rodó Menjant garotes (“Comiendo erizos”), una película muda de únicamente cuatro minutos, con la familia Dalí como protagonista.

Luis Buñuel falleció en Ciudad de México el día 29 de julio de 1983 de madrugada, a causa de una insuficiencia cardíaca, hepática y renal provocada por un cáncer.

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