Autores venezolanos·Ensayo

Bello, cosmógrafo- Santiago Key Ayala

Celebró la América de habla hispana en 1932 el centenario de la publicación por Andrés Bello de su monumental obra de Derecho internacional, Principio de Derecho de gentes. Se apresta ahora a celebrar el de la primera edición de su gramática. Lo celebrará con muy justa razón. Es un libro fundamental. Su alcance va mucho más lejos de la mera filología. Con Bello ha demostrado nuestra América cuánto merece la merced del idioma insuperable en que Cervantes escribió el Quijote, asombró Lope, ahondó Calderón, se elevó a las regiones divinas Teresa, y anduvo por cielos y tierras, pensando, burlando y enseñando, Don Francisco de Quevedo. Bello, por sí, justifica la obra de la conquista de la tierra americana para España. Merced a él, en primer término, la América española no es legataria de la lengua, sino heredera que enraizó la herencia, la aumenta y la enriquece.

Otra obre de Bello ha cumplido también su centenario. Fue en el año inmediato de 1948. En verdad no puede rivalizar con la gramática, de valor excepcional; pero no es menos florón de la corona del enorme hijo de Caracas. Fue en su tiempo- y por tal se le tuvo- la expresión más acabada de los conocimientos de la época en punto de los astros y el mecanismo del mundo. Bello- espíritu universal- no podía menos de recrearse en el plan colosal del universo. Habla el cielo, y habla tan a lo grande, que el hombre lo ha tomado por la lengua directa de Dios. Bello amó y comprendió esa lengua, y tan perfectamente la habló, que levantó a su gloria otro monumento.

Si no fue en ella creador, si no fue en ella original, como no podía serlo, asimiló la sustancia de los mayores descubrimientos, y, maestro, en todo instante, con la doble maestría del conocimiento y de la intención, compuso ese denso e intenso tratado que no tenía rivales en lengua castiza y la igualan pocos en las demás lenguas de sabios.

Amó Bello la cosmografía, ciencia de precisión, ciencia que habla a un tiempo al investigador, al pensador y al poeta. Bello era todo eso, y no ha de sorprender que dedicase a la ciencia del Universo tal amor y consagración como pormenorizan sus biógrafos y puntualiza el índice de sus trabajos publicados. En cosmografía, como en casi todos los ramos abarcados por su espíritu universalista, Bello comenzó temprano. Amparado por la cultura británica, en Londres se aprovisionó de informes precisos sobre la ciencia de los astros ¿sería lirismo aducir que Bello, bajo el cielo de Londres, pensaba con nostalgia en este cielo rico y generoso de Caracas, bajo el cual vio la primera luz física y las primeras luces de la ciencia y de las letras? Rico cielo, por la transparencia que en ciertos meses del año extrema su atmósfera. Rico por la latitud, a diez grados del Ecuador, que le permite exhibir en una sola noche los mayores tesoros del firmamento, desde la Osa Menor hasta la rutilante Cruz del Sur.

Bello siguió paso a paso los progresos de la ciencia del Universo. Después de abordarla en Inglaterra, continuó frecuentándola en Chile. Informaba de sus progresos en la prensa chilena. Al fin, por abril de 1848, apareció en libro la Cosmografía de Bello: Cosmografía o descripción del Universo conforme a los últimos descubrimientos.

Y a la verdad contenía el libro los últimos progresos de la ciencia de los astros hasta el año de 1847.

En mayo de 1848, Bartolomé Mitre, entre otros, saludaba la aparición de la Cosmografía con voz justa y entusiasta:

<<El señor Bello ha acertado, según votos más competentes que el nuestro, a componer el mejor o más cabal libro que en este momento se conozca sobre la exposición del sistema del Universo. A su lado aparece incompleto el conocido tratado de Cosmografía del célebre Arago, que parecería, no obstante, haber servido considerablemente en la confección de la obra chilena.>>

Del estilo en que está escrita la Cosmografía, hace Mitre cumplidos elogios: <<El estilo del señor Bello en esta obra es el hermoso, claro y neto estilo didáctico que a este sabio es tan familiar.>>

Una de las virtudes de Bello fue la constancia en sus amores de investigador y sabio práctico. No se limitó a trazar el fiel y fino retrato de su amada Cosmografía. Propugnó en 1850 por que se estableciese en Chile un Observatorio Astronómico. Veía no sólo por el cultivo puro de la ciencia, sino por la aplicación de ella a las necesidades de Chile. Siguiendo tal camino pasó con facilidad a interesarse por la geología en las tremendas catástrofes sísmicas y en le meteorología propia del clima chileno. Era así fiel a su pensamiento cardinal, expuesto en la inauguración de la Universidad.

Esta misma justa preocupación imprime carácter singular a su Tratado de Cosmografía. Aunque los movimientos de los astros sean- como son- independientes del punto donde está situado el observador, no ocurre exactamente lo mismo con ciertos aspectos de ellos. El sabio lo tuvo muy en cuenta. Es más. Puede asegurarse que tal preocupación fue, sin duda, uno de los principales determinantes de su Cosmografía. El cielo que sus lectores inmediatos podían contemplar e interrogar era el cielo austral. El expositor debía- y lo realizó a cabalidad- destacar las diferencias con el cielo boreal en la posición del polo visible, el aspecto aparente del cielo estrellado y el juego de las estaciones. Tal como Bello había escrito en sus dos grandes obras anteriores, pensando con amor en sus compatriotas hispanoamericanos, escribió su cosmografía en bien y servicio de los pueblos más meridionales de Sur América. Estas circunstancias han determinado el caso curioso de que poseamos una interesante muestra de la maestría poética de Bello en un libro, como la Cosmografía, de pura esencia didáctica.

Para hacer recordar los signos del Zodíaco, se recurre en los textos a un procedimiento mnemónico: los famosos versos latinos:

Sunt Aries, Taurus, Gemini, Cancer, Leo, Virgo, Libraque, Scorpius, Arcitenens, Caper, Amphora, Pisces.

Donde los signos se enumeran en el orden de las estaciones para el hemisferio boreal, comenzando por el equinoccio de primavera. Como las estaciones son invertidas, Bello pone una nota, y en ella dice:

<<Con respecto a Chile, podemos traducirlos así:

Libra, Escorpión, Sagitario,
nos dan el tiempo florido;
Capricornio, Acuario, Peces,
el abrasador estío;
Aries, Tauro y los Gemelos,
el otoño en frutas rico;
Cáncer, León y la Virgen,
la estación de lluvia y frío.>>

Curioso caso, por cierto, el de la Cosmografía de Bello. Venezuela, patria del sabio, lo recuerda pronto y lo populariza singularmente por este libro, y ello da lugar a interesantes incidentes. Se reimprime en Caracas la Cosmografía. Se la declara texto oficial para la enseñanza en universidades y colegios. Se declara que la obra viene a llenar una necesidad urgente y se aguarda con impaciencia la edición. En el año de 1853, apenas cinco de la primera edición chilena, una segunda edición caraqueña sobreviene pronto. No se piense que la Cosmografía gastó demasiado tiempo entre Santiago y Caracas. El caso demuestra la incomunicación entre los dos países. Además, la primera edición caraqueña reveló que no había sino un solo ejemplar de la Cosmografía en la ciudad natal de Andrés Bello.

Advierte el propio autor que su tratado no es lo bastante elemental para la juventud de nuestros colegios, mas se lisonjea de que podría ser útil a los profesores que no hubiesen hecho un estudio especial de Astronomía. Maestro de maestros, lo fue Bello.

Sin posible duda, los profesores venezolanos tenían que transportar a nuestra latitud boreal alguno de los aspectos dibujados por Bello para las latitudes australes.

El poeta, el cosmógrafo, el filólogo, se dan la mano. En la traducción de los versos mnemónicos del Zodíaco está el poeta sabio que pintó con verso maestro de elegancia y precisión el caso astronómico <<del sol enamorado al que la zona tórrida circunscribe el vago curso.>> La intuición griega fue certera cuando dio puesto a Urania entre las musas.

NOTAS DE COMPLEMENTO

Esta primera edición caraqueña de la Cosmografía de Bello tiene una singularidad que debe apuntarse como acotación bibliográfica y como dato histórico interesante.

En la página 123, que corresponde al número 6, capítulo 13, <<De las estrellas>>, hay una nota que dice:

<<Componiendose estaba la segunda entrega de esta obra, cuando desgraciadamente advertimos la falta en la obra de las páginas 135 y 136, sin podernos dar razón de esta falta, pues el exámen previo de ella no llegó a dichas páginas. En tal conflicto solicitábamos otro ejemplar para continuar el trabajo, pero fueron vanas nuestras diligencias, asegurandonos que no había otro en esta ciudad; por esta razón, y para que no quedase trancada una obra que con anhelo esperan los colegios y los numerosos sucritores, hemos llenado el vacío tratando las materias que faltan en dichas dos páginas con las doctrinas de los más clásicos astronomos que van citados. Confesamos que no se explican con aquel estilo puro, conciso y pulido, propío de la excelente pluma del señor Bello, pero sí con la exactitud de los principios de la ciencia.-El editor.>>

El dato histórico es, naturalmente, que no hubiese en Caracas sino un ejemplar de la Cosmografía de Bello.


Santiago Key Ayala. Fue un escritor e internacionalista venezolano. Fue delegado ante la Asamblea de la Sociedad de Naciones, el Tribunal de La Haya y la Conferencia Panamericana en La Habana. Fue miembro de la Academia de la Lengua y de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela. Fue galardonado en el año 1950 con el Premio Nacional de Literatura de Venezuela.

Fue hijo de Fernando Key Rodríguez y de Ana Ayala Anzola. En la Universidad Central de Venezuela (UCV) cursa estudios de filosofía, matemáticas y ciencias naturales, al mismo tiempo se vincula con El Cojo Ilustrado. Tiempo después se dedica a estudios universitarios en ingeniería y en ciencias políticas, durante esta nueva etapa se relaciona con la revista Cosmópolis, aunque más tarde se desligaría de ella. Se convierte en funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores y ocupa importantes cargos tanto nacional como internacionalmente.

En 1936, es nombrado ministro plenipotenciario de los Estados Unidos de Venezuela en el Reino de Italia. Así mismo, representa también al país en la Conferencia Plenipotenciaria que trataría los límites con Colombia.

Falleció el 21 de agosto de 1959.

Obras:

Vida ejemplar de Simón Bolívar. Premio Municipal de Literatura (1942)
Luz de Bolívar, Cuba y Martí
Bajo el Signo del Ávila (1949)
Series hemero-bibliográficas
Aluvión Hemerográfico
Cateos de bibliografía
Monosílabos trilíteros de la lengua castellana (1952).

Un comentario sobre “Bello, cosmógrafo- Santiago Key Ayala

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s