Autores venezolanos·Línea de tiempo·Venezuela

El Cigarrón – Elizabeth Schön

«No me detengo
Detenerme, sería exigirle a la tierra
lo que no se puede cumplir:
frenar sus giros indetenibles
ante la luna y el sol
y seguir con la luna y el sol
ocultando quizás algún detalle
que por inaccesible o gigantesco
nadie ha podido avizorar»
.

Elizabeth Schön.


¿qué aguardo para retomar la vida?
Voy
y al traspasar los contornos perfilados de las puertas
vuelo
vuelo mucho, demasiado. No soy ave
mas poseo un dominio absoluto
de mi figura de insecto
suficientemente capaz para no compararme
con esas cenicientas y obesas torres de los crematorios.


Acatando el mandato interno de mi destino
prosigo hacia los candelabros
hacia los cirios, hacia las hogueras
donde el árbol inmole
su esmeralda lisa
de empinados fulgores íntimos


«Mirando los rieles del camino me digo:
se propaga lo exagerado
y como consecuencia
se parten los puentes más pulidos y novedosos
¿ y qué puedo hacer?
lo que me atrae y asombra
es lo callado, verás,
nunca dicho antes»
.

Elizabeth Schön.


Entro a las habitaciones
el sabor del polvo
de los ladrillos, de la soledad
impiden que rectifique
los miles de desniveles inútiles
de esos ámbitos que apretujan
los silenciosos quicios de la espera
Tratando de ahuyentar una mosca
y apoderarme de una araña
igual a una gota de agua cristalina
tropiezo un obstáculo
y voy a dar contra un pretil
exactamente colocado allí
para que no ruede hacia abajo
y me pierda dentro de las negras aguas de los ríos
Entretanto, yo, sobre el pretil
boca arriba, semejante a un alga,
o a un espantapájaros.
Mis patas se inmovilizan.
Aguardo mi recuperación:
volver a ser
algo semejante a un oscuro cascarón
que mira, desciende
recorre sobre ciertas construcciones
de volátiles blancuras
ni disparejas ni llenas de recovecos
y obsesivas descomposiciones internas.


Reposo
y es lo mismo a si dijera
no seré más lo que he sido
hasta el momento del descanso
y pensando en la rapidez
con que la fruta nace, madura
y se descompone
me digo: ¿realmente el reposo
me hará otro
y tan distinto
que no pueda reconocerme?
quizás sea ese árbol
que aun no ha prendido sus raíces a la tierra
para nacer el que me conteste
igual a como responden las aguas
al ser agitadas por las ventiscas primaverales.


«En el rayo atisbo
las huellas del ciempiés
y su repentino hundimiento en la negrura»
.

Elizabeth Schön.


entre tanto no abandono
sigo entre la luz
los hombres, el día, la noche
y si retrocedo es para constatar
que la tierra, ésta
donde voy, y soy, no deja de rotar
para que el vuelo siga
y retorne vivo
como acabado de salir
del centro amarillento de las margaritas.


Muerdo sin que la sangre corra.
Me seducen lo cóncavo de las cuevas
el abultamiento de los avisperos.
Se acercan a lo exacto
válido para medir la nobleza
aun las separaciones, los enlaces,
de una habitación con lo desnudo,
las almohadas y lo tibio del agua
en la jarra de peltre


Mantengo mi silueta limpia
severa, de irrefutable identidad
ni mucha ni poca
fue adaptada, no impuesta
a mi organización de luz, alas
vaivenes y caídas
de juegos y azares cotidianos
tal cual podrían ser
cambiar velozmente
de un vuelo recto a otro inclinado
o girando mucho, invadirme la depresión
y otras necesidades y preferencias personales


«No es fácil evadir lo que somos o fuimos
y llenarnos de prestigios, décadas, senegales»
.

Elizabeth Schön.


Mi rumbo es tacto con la brisa,
la luz y las aguas.
Mis días son parecidos a los de los leños
a las llamas
que desaparecen rápidamente
tal cual hacen los fantasmas


De tanto en tanto
soy luz sobre los caminos
mas, la que entra en las pupilas
resbala sobre las cimas
y descansa sobre los ramajes
nunca es húmeda
se parece a la superficie de las piedras
constantemente ahí, para el viento, las lejanías
y los pies del hombre y del gozo.


«Nunca estoy más arriba
ni más debajo de donde vengo
y en donde estoy»
.

Elizabeth Schön.


No rechazo mi tamaño
ni el de los demás
Las huellas no desaparecen
conservan estatura de caracol
entre el fango de las lagunas, de las cuestas
y las rutas servibles, e inservibles de la tierra.


Como consecuencia de mis recorridos
de mis caídas, del día, de la noche
aun de los espacios, los astros
incluso de los roedores que he mordido
y muerdo si me exalto
llegué a una conclusión definitiva:
es más legítimo y natural
contener que tener
Tener es semejante a poseer un río ajeno
y no totalmente propio
al entregar sus azules inmensos
de esos azules sin orillas
ni penachos donde sentarme a rescatar
el origen de lo impronunciable
Igualmente tener
mantiene un vínculo subterráneo
con aquello que al concluir
al desprenderse se pierde, se desmorona
por ignorar las variantes
que proponen las cimas, el huevo
la semilla, hasta la sangre
y el mismo firmamento
y es semejante a un ave
que al liberarse comienza a pensar
si alguien se cae, o no se cae
si el otro está ahí, o está allá
o se marchó antes de empezar la luz
Nunca he conocido piedra alguna
que me pida aquello, lo otro y lo del otro
permanecen con la luz cayéndoles encima
y la tierra, sosteniéndolas
en todos sus extremos y uniones
¿Qué significa esto para un cigarrón
de antenas tan pequeñas
que ni siquiera sombra hacen?
Lejos descienden las hojas
aguarda la orilla, el precipicio
o la vía hacia el pozo nunca visto.


«Yo, cigarrón de ademanes dobles
y gustos sencillos
sé que contener
es lo único verás, propio, e íntimo»
.

Elizabeth Schön.


Cigarrón yo
abro mis alas
el único esfuerzo que abarca
aun al cansancio último del fin.
Afuera la claridad, las nubes
mi silueta de tijereta entre el horizonte
sobre las flores, las puertas
ventanales que una y otra vez me detienen
impulsándome a seguir
con el fruto rojo de la tierra
y las margaritas exactas.
Las cascadas
van de lo alto hacia lo bajo
siguen rectas
iguales a mi, cigarrón de sol, vacío
de ciruela, semillas, aire
Jamás he visto ni probado
ni tocado el comienzo del fin.


Poemas del libro de poemas El Cigarrón editado por Editorial Diosa Blanca.


Elizabeth Schön
Elizabeth Schön

Elizabeth Schön, poeta, ensayista y dramaturga venezolana. Nació en Caracas (Venezuela), el 30 de noviembre de 1921. Fue hija de María Luisa Ibarra del Fino y del venezolano de origen alemán Miguel Antonio Schön. Tuvo tres hermanos: Miguel Antonio, Luisa Amelia y Olga Schön. En 1941, contrajo matrimonio con el pionero de la radiodifusión venezolana y también libretista, publicista e inventor Alfredo Cortina,​ nacido en 1903 y de quien enviuda en 1988. No tuvieron descendencia. La quinta Ely, la casa del matrimonio, estaba ubicada en la urbanización Los Rosales, Caracas. Allí vivió Elizabeth Schön hasta el final de sus días y fue un lugar de reunión y tertulia para escritores y artistas por muchos años. En 1953 publica su primer libro y empieza a colaborar con el diario El Nacional como reseñista y crítica. También desarrolló una obra dramática significativa desde la década del cincuenta. Fue homenajeada en la décima edición de la Semana Internacional de la Poesía de Caracas, en julio de 2003. Murió a la edad de 85 años, en Caracas (Venezuela), el 15 de mayo de 2007.

Su poesía trata sobre temas vinculados a los valores, la filosofía, la interioridad. Su dramaturgia hace énfasis en la necesidad de la presencia del otro y se vincula al teatro del absurdo.

POEMARIOS:
La gruta venidera 
(1953).
En el allá disparado desde ningún comienzo (1962).
El abuelo, la cesta y el mar (1965).
La cisterna insondable (1971).
Mi aroma de lumbre (1972).
Casi un país (1972).
Es oír la vertiente (1973).
Incesante aparecer (1977).
Encendido esparcimiento (1981).
Del antiguo labrador (1983).
Concavidad de horizontes (1986).
Árbol del oscuro acercamiento (1992).
Ropaje de ceniza (1993).
Aun el que no llega (1993).
Campo de resurrección (1994).
La flor, el barco, el alma (1995).
La espada (1998).
Antología poética (1998).
Del río hondo aquí (2000).
Ráfagas del establo (2002).
Las coronas secretas de los cielos (2004).
Visiones extraordinarias (2006).
Luz oval (2007).

DRAMATURGIA:
Intervalo (1957).
La mudanza (1962).
La pensión (1964).
La aldea (1967).
Lo importante es que nos miramos (1967).
Al unísono (1968).
La nube y el limpiabotas (1970).
Melisa y el yo (1973).

ENSAYOS:
La granja bella de la casa (2003).

PREMIOS Y RECONOCIMIENTOS:

Segundo Premio del Ateneo de Caracas (1956, por Intervalo)
Premio de la Universidad del Zulia (1967, por La aldea)
Premio Municipal de Poesía 1971
Orden al Mérito en el Trabajo, Primera clase 1987
Orden Andrés Bello, Primera clase 1989
Premio Nacional de Literatura 1994

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