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Dioses y mitos griegos en la poesía moderna

«Al igual que la cabeza cortada de Orfeo, la mitología continúa su
canto incluso después de la hora de su muerte
».

Karl Kerényi.

A pesar de las distancias espaciales y temporales, de las diferencias históricas, culturales y geográficas, las creaciones creencias y conocimientos más antiguos continúan  marcando y nutriendo nuestras sociedades directa e indirectamente; sus huellas las hallamos impresas en la lengua, en las costumbres, en las maneras de ver y sentir el mundo, en nuestras formas de construirlo. En algunos casos la huella es clara y profunda, en otros la presencia es más tenue, pero sin duda existe; para apercibirnos más de ellas, solo hace falta viajar en las palabras o, digamos, en vehículos más tangibles y modernos. 

De entre estas creaciones creencias y conocimientos antiguos, una de las fuentes de las que siempre estamos bebiendo (a veces sin saberlo o darnos cuenta) es de los griegos; el idioma, la filosofía, la ciencia, la política, y un gigantesco e importante etcétera han brotado y crecido desde allá hasta nosotros, seres humanos de milenios posteriores. El ámbito del que hablaremos en las siguientes líneas estará relacionado con uno de los aspectos que más atractivos han resultado para nosotros; los dioses, los mitos griegos. A continuación los veremos en relación con la poesía moderna, aunque por la vastedad del asunto, por estar tan presentes siempre, haremos más estrecho el enfoque reduciéndolo a la simple mención de algunos exponentes de la poesía moderna en español, del siglo pasado y de este siglo que recién ha comenzado, que se valen de este aspecto de la antigua cultura griega para expresar su admiración por ella, su nostalgia, la propia vida y las circunstancias existenciales de su tiempo.

Antes de comenzar, recomendamos leer este artículo sobre el origen de los dioses griegos para conocer o recordar lo que debe saberse sobre las deidades helénicas, sus principales relatos mitológicos y sus equivalencias con los dioses romanos. En cuanto al origen de estos dioses y estos mitos, ellos han florecido de los antiguos griegos (y de sus relaciones con otras culturas y civilizaciones orientales) como historias acerca del principio del orden cósmico, del mundo de la naturaleza y el propio de los asuntos humanos, volviéndose después objetos rituales de culto, de religión; dejando así compuestos uno de los más maravillosos y completos cuerpos de relatos de la historia de la humanidad, primero de forma oral y luego escrita (con la mayoría de los registros desde alrededor de los siglos VI – V a.C. en adelante). 

Estos dioses y estos mitos han estado desde sus inicios unidos a la poesía; uno de los primeros y más importantes registros ha sido la Cosmogonía de Hesíodo, los himnos y poemas épicos de Homero, después podría mencionarse a Teognis, a los poetas trágicos como Esquilo y Sófocles. En el español de la poesía moderna, encontramos muy intensa la presencia de los mitos olímpicos en uno de los máximos y el primero de sus representantes, el poeta nicaragüense Rubén Darío (1867-1916); y si vamos avanzando, dando saltos en el tiempo, y geográficamente más hacia el sur, otros poetas han usado como referencia, como tema o como fondo, alusiones o menciones directas a héroes, dioses y sus mitos, por ejemplo, Raúl Gómez Jattin (Colombia, 1945-1997) en su poemario Hijos del tiempo (1989) canta con su voz poética escenas de algunos famosos personajes del ciclo troyano, como Agamenón, Clitemnestra, Ifigenia, Electra, Penélope y Odiseo, u otros héroes de relatos distintos dentro del cuerpo de mitos griegos, como Teseo:

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la noche en el laberinto
tiene un suelo fangoso y hediondo a sangre
de las víctimas que ha matado el monstruo
a través de tantos años de infamia
y los pasadizos están abiertos a puertas
abiertas a otras puertas y otras puertas
que terminan todas en la punta de los cuernos
del dueño de este reino de muerte

.

También Ludovico Silva (Venezuela, 1937-1988), que nos dice sobre su poema La Soledad de Orfeo: quise resumir en un vasto poema todo mi sentimiento de la antigua cultura. Canté una Europa pasada y una Europa futura, y lo hice con mi letra de americano. Poema este en el que responden los dioses (Afrodita/Venus, Zeus/Júpiter, Hades/Plutón), y otros míticos personajes, al canto dolorido del poeta por la pérdida de la amada  en su camino de descenso hacia los infiernos para rescatarla

.

ORFEO
(Solo. Infiernos)

Como quien va hasta el fondo de sí mismo
y allí aprende a sentir que toda cosa
es por dentro un sereno cataclismo,

regresaré a la fuente milagrosa
sonando volveré al antiguo prado
donde el don de los dioses aún reposa.

Y el cuerpo de la esposa, ebrio y rosado,
miraré florecer hondo y divino
como un otoño límpido y sagrado.

Sobre esta cuenca de odio mi alma inclino
en un ramo de lámparas eternas
buscando libertad en el destino.

Mi voluntad me trajo a estas cavernas
donde la luz se mueve prodigiosa
como un sonoro pueblo de linternas.

.

En el poemario Nosotros los inmortales (1997) de la poeta María Teresa Ogliastri (Venezuela, 1952) puede percibirse una atmósfera en todos los poemas, que lleva a imaginar como fondo el ambiente de los antiguos misterios griegos, aunque pocos hagan referencia directa. En el poema Sócrates se despide encontramos las dos cosas, la mención directa y por supuesto la atmósfera: 

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Oh curioso Cebes,
¡Estoy pronto a morir pero aún no regreso!
¿Cómo puedes pensar que el alma se diluye
como una nubecilla?
Calza en tus pies las alas de Mercurio,
te harán ligero como un ave,
podrás abandonar el cuerpo que tanto pesa
y retornar al Hades. No temas.
La terrible peregrinación a todos espera.

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En Dípticos (2020), Néstor Mendoza (Venezuela, 1985) hace un recuento poético de algunas de las historias de la mitología griega agrupando en distintos ejes temáticos poemas, de dos en dos, que forman así un diálogo entre reconocidos protagonistas míticos que, generalmente, en las fuentes por las que han llegado a nosotros no nos hablan de sí mismos, no cuentan su perspectiva, sino que todo es contado por otro. Sin embargo, ¿hablan solo de sí mismos estos personajes? El autor con cada díptico no solamente hace una nueva relación de los conocidos mitos, sino que a la vez las acerca a la voz de un lenguaje y una psicología que corresponden a la actualidad. Algunos de estos dípticos, decimos recordando a Jung, son los mitos en los que sin darnos cuenta vivimos. 

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NARCISO

Desconozco mi perfección, la ignoro: solo algunas noches, en siestas
entrecortadas, acaricio repetidamente la piel de mis manos y mi cara,
en un vano intento de comprender la fascinación de los otros. Ellos me
ven y desean tocarme como si tocaran la sábana nupcial de los dioses.
Este es mi cuerpo, pretendido cuerpo que vaga entre estos campos
y no logra impedir que muchos ojos se posen y traten de adueñarse
de él. ¿Por qué tantos me observan? ¿Saben que no soy hombre sino
un retrato de carne? Ha llegado la contemplación y el engaño de la
fuente. Lo que busco no existe. Amo una ansiedad sin cuerpo, una
nariz líquida, empozada, cabellos que se pierden con cada manotazo
que doy. Lo que deseo está en mí.

.

Para terminar con esta enumeración de poetas que dentro de su obra hacen patente la presencia de las divinidades griegas, nos extenderemos un poco más en Galateica (2018) de Julieta Arella (1990). El título remite hacia el mito de Pigmalión y Galatea, y no a la homónima que en otra historia mítica es objeto del deseo de Polifemo; en el primero, Pigmalión, enamorado de la hermosa estatua femenina que ha creado, ora a la divina Afrodita para que le de vida. La diosa escucha la plegaria y responde animando a Galatea y uniendo a ambos en matrimonio. No se queda Galateica solo en la mención o en la reminiscencia del cuento, sino que, desde él como base, nos muestra la idea de una Galatea distinta, de una que no es sólo objeto de amor y deseo de un hombre, que no es solo esposa, que no es solo bella figura; la Galatea de Julieta Arella es la imagen de la esencia de la feminidad que se define por sí misma y no como mero complemento o contraparte de lo masculino; feminidad que sufre, que piensa, que ama, que desea, que goza y que busca esculpir una vida en la que no deba mendigar nada, hacer una vida en la que no tenga que quedarse callada obediente e insatisfecha, quiere moldear un habitar el mundo en el que el amor no le desgarre, uno en el que no vayan a quitarle la luz de un momento a otro, para siempre. Acá Galatea aparece, además, cual voz y símbolo de la realidad, primero, de la mujer, después, de una nación maltratada por el ‘’estado’’ y de aquellas casas poco a poco abandonadas por causa de obligados exilios. Julieta Arella da vida a un nuevo eidos de Galatea en caminos de hacerse a sí misma, se vale del mito para cantar su historia, la de las mujeres que le son cercanas, la de las mujeres en una sociedad como la suya y la vivencia de un país en las condiciones de entonces, aún actuales. A continuación, una muestra de tres poemas, completos, pues sería una pena cortarlos. 

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GALATEA

Pudiste ser Juana, Hortensia, también Olimpia.
Eres Ofelia, Eva, Alejandra, Julieta.
Madre
hija incestuosa
amante de mármol
pobre, no tuviste infancia
ni calor de madre
de mármol espeso a esposa del rey epónimo de Chipre.

Hecha de manos de amor
de locura
elegida
diosa que palpita en cada cincel
en cada cuerpo arcángel
en cada muñeca.

Marfil luminoso
de leche y universo
obra total del deseo
ilusión serafina en el ojo-espejo del amante
narciso amor del arte.

Galatea
no eres culpable de la vida que llevas
de piedra a mujer con orgullo discreto
mansa
conforme
malcontenta.

Me niego a ser un objeto
una muñeca que obedece
soy una mujer
quizás todavía una niña
que desea con llama liberarse
no inmortalizar a nadie
partir
el tiempo se acaba
¡corre!
que no nos alcance el arrepentimiento
la vida empieza de nuevo cuando un amor termina.

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LAS MUÑECAS DE REVERÓN

En las violentas muñecas de Reverón
que se niegan a desaparecer
en sus grandes ojos avellanados
la modernidad se abrió
pornográficamente
iluminadamente.

Ellas son la memoria de los días en El Castillete
ellas son testigos
de la música de cartón
sus miradas imaginaron el surrealismo
la poesía de lo sagrado
el encanto de pertenecer al mundo.

Reverón encontró en ellas a Afrodita
y Juana pronto se hizo de mármol
los esqueletos del taller bailaron por horas en su tumba
y ellas posaron sin sonreír
pero satisfechas.

El mar fue su silencio de espuma
rumoraba las olas
encandiladas por la luz que las besa
consumaron misiones desconocidas
en un mundo de objetos
con vida.

Metamorfoseadas
de muñecas a mujeres
de esculturas a pinturas
de hijas a amantes
de vírgenes a putas
condenadas a la manipulación constante
se despiertan como Galatea
en busca de la luz.

La soledad y el arte las habita
el maestro les dio amor
un lugar en su castillo para ser.

Blandas
se exhiben
remendadas
se entregan
la mar rugió dentro de ellas.
Amor venció
solo ceden
mientras el sepia les incuba el aire
en una pintura que se borra.

Ahora, en silencio
modulan la existencia de un país
un museo en ruinas
que al igual que ellas
resiste en la oscuridad
sin miedo
recordando aquella luz.

.

NOS HAN DADO DURO

Nos acercamos al fondo porque ya no hay fondos. Nos vaciaron la nevera hasta que la
vendimos. Nos han dado duro, con la dignidad no se juega. El niño con hambre no juega
carritos. Ya no pienso en hijos ni futuro, el día a día se alza pero amanece cansado. Nos
siguen metiendo el dedo en la llaga, sólo que no hay llaga, sólo hueso, un hueso flaco que
raspan y machacan con el mismo discurso trancado. Aunque nos den duro, aunque todo
alrededor sea un absurdo, aunque ya los discursos no valgan nada, elevemos la ternura como
una bandera, para sobrevivir es necesario que el asombro niño nunca muera. Y las ganas de
crear se abran como alas, porque aunque nos den duro, es necesario volar. Y volamos.

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Encontramos entonces en estos poetas hispanos, como seguro en muchos otros, la presencia de la mitología helénica, sus dioses, héroes y otras figuras que forman parte de nosotros, a veces como reminiscencias o simples objetos de cultura, otras como arquetipos personales y colectivos o, también, como fundamentos viejos recreados para contar o dar a la luz lo nuevo.

.

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Eduardo R. Blanco.

Un comentario sobre “Dioses y mitos griegos en la poesía moderna

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