Autores venezolanos·Poesía

Poemas de Ana Enriqueta Terán

Poemas del libro Al norte de la sangre (Caracas, Ediciones Suma, 1946).

SONETOS DEL AMOR PERENNE
Y DEL AMOR FUGITIVO


I

Aquella “sin razón” que desafiaba
y que negaba fuerza a mi alegría;
naturaleza firme que vivía
en amorosos tintes que ignoraba.

Aquella lumbre que necesitaba
y que en mi propia sangre relucía,
en este día la he sabido mía
cuando mi sangre ya no la esperaba.

Porque para saber lo que he sabido
mi corazón estuvo prisionero
y en amargas pasiones sumergido;

porque para vivir como he vivido
no basta la pasión, no basta el fiero
amor que mi esperanza ha consumido.


«Alta niebla circunda mi cabeza
desde que puse en ti mi pensamiento
».

Al norte de la sangre (1946), Ana Enriqueta Terán.


IV

Aquí, donde tu ausencia desafía
los aromados pulsos de tu ausencia.
Aquí, donde doblega tu presencia
el recuerdo que gime noche y día.

Aquí, donde tu ausencia es menos mía,
el amarillo niega tu existencia.
Tierra vencida por tu vana ciencia;
aquí, donde agoniza mi alegría.

Con este fuego hiéreme tu fuego,
aquí de mar y noche siempre alzadas
y de inocentes astros detenido.

Aquí, donde perdiste tu sosiego;
donde tu lumbre niega tus espadas:
aquí, tierno amador de bien perdido.


«Yo que en el cauce de lo ya vivido
puse a gemir mi carne pensativa;
yo que ignoro la causa primitiva
de mi vivir y mi naciente olvido
».

Al norte de la sangre (1946), Ana Enriqueta Terán.


Poema del libro Verdor secreto (1949).

IV

JOVEN INVÁLIDO

Son tus miradas líquidos momentos
de mar, de tierno bosque contenido,
tan de laurel como los más violentos,

corceles que atraviesan el olvido.
Él, amante celeste y sollozado
entre el cielo y la tierra suspendido.

Un fino ruiseñor maravillado
ondea en los cabellos, silencioso
el rostro en verso puro cincelado,

sostiene el gesto. Mármol victorioso,
le da a los hombros sutil aroma
de abril trizado y de jazmín umbroso.


Poema del libro Presencia terrena (1949).

«En esta playa sola, aquí donde mis manos
sienten el leve roce de lo perecedero,
aquí gimo por algo de esta roca impasible,
o por toda esta mar para llegar más lejos
».

Presencia terrena (1949), Ana Enriqueta Terán.


ODA VI

La soledad me envía mensajeros de llanto,
los recibo en los mares nocturnos de mi pecho,
en los hombros del agua que crece hasta mis sienes
y en el oscuro limo de la entraña y del beso.

Camino con las olas y con el árbol dado
a la corteza muda que me hiere y enciende,
camino con la tierra y un entreabierto goce
me lastima y conduce más desnuda la frente.

Alguien me dijo algo de bestias taciturnas,
de mares y tinieblas que azotaban mi rostro,
escuchaba su voz y buscaba su cuerpo
por altos corredores sin llegar a su lodo.

Existo. Me detengo para escuchar mi muerte
que viene por mi sangre como un hondo latido
mi muerte tiene en mí, cantos de mansedumbre
y secretas constancias del amor y el olvido.

Existo por mi muerte, para mi muerte y amo
libremente mi vida, libremente mi muerte
con su silencio en alas de ardientes mariposas
escucho, me detengo en sus frágiles sienes.

Y recuerdo la mar, siempre la mar echada
a la orilla de un árbol limpio como la vida;
el sueño con mesetas minerales y espumas
de soledad, la mar a ciegas por la orilla.

Puedo decir: “las rosas” y decir “estas rosas
son de umbrales nocturnos de secretas fogatas
abiertas en los llanos, o son rosas marinas
de sentidos azules, sin rumbos ni distancias”.

Yo escuchaba las rosas porque si desde el sueño
descontanto matices y savias verdaderas,
el olvido me daba con su primer recuerdo,
memorias en la gracia de la sal y la tierra.

Que la ciudad entera viene de lo salobre
lo digo, por mis sienes y por mi voz primera.


«Todo gime y se calza sus sandalias de llanto,
mas yo apoyo mis sienes sobre el pecho del mundo,
para sentirme aún doblemente en el canto
y escuchar el orgánico rumor de lo profundo
».

Presencia terrena (1949), Ana Enriqueta Terán.


Poemas del libro De bosque a bosque (1970).

ELEGÍA A UN SAMÁN

Recuerdo cómo fuiste y dónde fuiste
mezcla de viento y cielo enfurecido
y entresoñado silabario triste.

Tu musical urdimbre de colmena
era a la niña tiempo desceñido
y monedero de la luna llena.

Hubo patio interior y barandales
que traspasaste libre y encendido
con tu amarilla venda de turpiales.

Hubo gente de amor y la hermosura
rescató tu silencio del urgido
memorizar de la simiente oscura.

A más tiempo se acorta la distancia
entre el hoy y un ayer como de olvido
construyendo tu noche y tu fragancia.

Tu fragancia, suavísima redoma
labidental como lo verde ha sido
y vaciados zureos de paloma.

Corteza abajo penetraste el suelo
húmedo, lentamente acontecido
por tu raíz avizorando cielo.

Aún después de ti mismo sigue alerta
tu inmensa sombra de ángel desvestido,
tu verano, tu lámina despierta,

tu enmarañado traje florecido
como el umbral de un aire que presiento
avergonzado, fiel, sobrevivido;

suerte de ausencia, copa en movimiento
cuando del cielo fuiste desprendido
esparciendo tu cálido argumento

de follaje quebrado, malherido
ya para siempre en alto pensamiento.


SONETO CINCUENTA

Definitivamente estoy despierta
en un claro de patria donde abrazo
mis dos casas terribles y rechazo
planchada luz de página desierta.

Digo y lo dicho me asegura el paso
que atraviese la rosa y la convierta
de creatura perenne y entreabierta
en ave fija de enlutado trazo;

digo como una planta que obedece
en sueños y en seguida restablece
bestia tupida, sorda, desligada,

inútilmente libre, enmarañada.
Sobre lo escrito, girasol o nada.
Sin embargo lo escrito permanece.


Poemas de Libro de los oficios (1975).

LA VISITA

Muy cerca, al nivel de los ojos las palabras
que sirven para el remiendo y contemplar candela y filo
y modo de ofrecer el tizón a la visita: hombre y mujer en el umbral.
HOMBRE Y MUJER SACANDO EL AVE DEL FONDO DEL AÑO.
Mostrando hojas de vidrio entre la puerta y los cobertores rojos.
Dejando en el suelo un charco de océano, mangle virutas dulces.
Hombre y mujer excluidos del tiempo,
entrelazados al vitral de la aurora.
Trayendo plantas anaranjadas y gruesas semillas puestas al sol.
Hombre y mujer acercando el mediodía a las casas.
Se contemplan los pies: desamparo y silencio de los visitantes,
piedra de estar, casa de estar, cafecito y alguna ropa
algún trapo de buena seda para disimular los trabajos,
para cubrir los rostros y alguna corona invisible.


EL NOMBRE

Como quien escribe una oración y pide en la oración mucha humildad
y un extenso aliento para resistir brillo y cercanía de la PALABRA.
Es mi oficio y la frase resulta de arena negra con pespuntes de oro.
Y pide en la oración mucha obediencia y la aceptación del nombre.
No la firma, sino el nombre completo en los calveros de poema:
…………………………………………………….ANA TERÁN.
…………………………………………………….ANA TERÁN MADRID.
…………………………………………………….ANA ENRIQUETA TERÁN.
Me gusta este nombre. Esta soledad y raro artificio que se desprende
de mí hacia la profecía. Que es yo misma recorriendo las islas,
el espacio comprendido entre mi desamparo y las escamas, anillos
…………………………………………………….y mordeduras del CLIMA.


LA POETISA CUENTA HASTA CIEN Y SE RETIRA

La poetisa recoge hierba de entretiempo,
pan viejo, ceniza especial de cuchillo;
hierbas para el suceso y las iniciaciones.
Le gusta acaso la herencia que asumen los fuertes,
el grupo estudioso, libre de mano y cerrado de corazón.
Quién, él o ella, juramentados, destinados al futuro.
Hijos de perra clamando tan dulcemente por el verbo,
implorando cómo llegar a la santa a su lenguaje de neblina.
Anoche hubo piedras en la espalda de una nación,
carbón mucho frotado en mejillas de aldea lejana.
Pero después dieron las gracias, juntaron, desmintieron,
retiraron junio y julio para el hambre. Que hubiese hambre.
La niña buena cuenta hasta cien y se retira.
La niña mala cuenta hasta cien y se retira.
La poetisa cuenta hasta cien y se retira.


Poema del libro Música con pie de salmo (1985).

«(Rescatad la Nación,
hacedle casa,
de su vientre han nacido los pájaros
también la destrucción que llega a las altas mandíbulas)
».

Música con pie de salmo (1985), Ana Enriqueta Terán.


LAS ÁGUILAS

……………………..El águila
……………………..su espléndida costumbre
……………………..de sombra absoluta.
La original la nutricia sobre el cielo de los éxodos.
La que respira en las islas amadas.
El águila cerrada del corazón.
El águila abierta y consumada
en el entrecejo de la patria.
Y aquella fija y muy distante, pura miseria
que intuye bordes de Dios, harapos míos y de Dios
y eso TAN LIBRE Y SOLITARIO que se expande en la noche.


«¡Oh! la solemne despedida el confuso adiós de lo que permanece».

Música con pie de salmo (1985), Ana Enriqueta Terán.


«nunca he tenido tablas de salvación
nunca he tenido puentes para llegar o partir
».

Música con pie de salmo (1985), Ana Enriqueta Terán.


Poemas del libro Casa de hablas (1991).

PERSONAS Y ROPAS CLARAS

Se distingue entre todas. Casa del alma.
Casa bermeja revolando en lo oscuro, lanzando retos
sopesando odios: la rabia grande y burladeros de la dicha.
Casa de pasos resguardada por alientos del Sur. Ama el Sur.
Escoge trapos de lustre para inicio y doblaje de nuevos usos,
nuevas hablas acodadas en ventanales de bruma. Casa de hablas.
Casa con latigazos de monte en piso y risas
como puntos de eternidad entre personas y ropas claras.
Casa y plantaje de dureza. Último modo para lo permanente y exacto.


DESPEJES INTERIORES

Aquí gobiernan la soledad y la paciencia hacia despejos interiores.
Se ocultan retos, compromisos libremente escogidos.
Se aligera la suerte con ramajes de vuelo puro.
Dice: “os damos pequeños objetos que desconciertan el ánimo,
esferas y rodajas ennegrecidas por lejanía de gente joven,
techos futuros a lomo de ángel según lectura de augures,
pequeños objetos empujados con pie de seda hacia lo firme y venturoso”.
Pero también gobiernan desgano y pesadumbre como en tiempos de desprecio.


XXIV

OBJETOS Y RODAJES DE ORACIÓN

Aquí gobierna la paciencia y cierta
avidez que atestigua la premura
del crecimiento, mínima dulzura
alargada en el tono de la oferta.

La voz rodea muros y desierta
ciudad para llegarse hasta la altura
necesaria y saber cuánto perdura
lo escrito y abisal en foja abierta

que se ofrece, reclama sin desdoro
los pequeños objetos y rodajas
de oración, como ritmo y lejanía.

Sonido y pauta con ribetes de oro
para escribir la música y migajas
de compasión en tiempos de agonía.


«La libertad espera tras un muro
de actos cumplidos donde el mar no llega.
Océano profundo y distraído
».

Casa de hablas (1991), Ana Enriqueta Terán.


BALANCEOS DE DAMA OSCURA

Qué brisa o encendido fogón de conocimiento y maestría
incide en tus hábitos, costumbres, balanceos de dama oscura,
dama ciega a través de pasiones, rotura y conteo de copas,
……………………………………………………..inclinaciones y festejos.
Qué oficio o circular destreza (acaso gallos) puntean plaza mayor
para uso y fecha de próxima holgura: peleas y sederías abundantes.
Qué bestezuela de afecto se suma a trapos, fundas de apoyo,
sábanas orquestadas, luciendo junios en aposentos insomnes.
Qué preguntas a los que no te aman y gastas en ellos tu exigencia
por ser plumaje de quieto orgullo, ave quieta, abastecida de mitos,
lograda en luces y distorsiones del día,
señalada por los más nuevos como lenguaje tutelar
sin advertir fisuras, grietas de encono,
rostro breve en las alegorías del SILENCIO.


CÍRCULO ANILLANDO EL VERBO

Recados a mi hija Rosa Francisca

Tú que rebasas la piedra en el sentido del aire;
la piedra, su forma de vasija enclavada en atardeceres y visiones,
que rebasas el ave con sus años de viento absoluto,
(ave mencionada por jóvenes anunciadores de otras nieblas,
de otro, recatado sustento para la ufanía de los símbolos).
Tú, que respiras hondo en sequías de Patria con sajaduras de sed;
Patria tuya, no amada, ni llegaron para lo justo: decir lo justo,
aumentar su destino; usar del girasol la delicada reverencia.
Tú, de piedra audible como en el trasfondo de los sueños
(casa y espejos triangulares sometidos a nuevas luces,
a nuevas, acanaladas posteaduras con brisas de aumento),
piedra reconocida al tacto por planos o láminas de humo,
por todo cuanto dijeron, aplazaron; tierra de fondo,
manos de fondo venciendo trechos. Alguna queja singular:

ACEPTA TU CONDICIÓN DE LABIA MATERNA.

Tu nombre. La suavidad extrema del círculo anillando el verbo.


SOBRESALTOS DE SABOR

Escucha, recoge lo tuyo como ciudad absoluta, distante.
Escúdate en vacíos y sobresaltos de sabor
para conocimiento y rescate de lo invisible,
porque es tu Patria, tu Nación. Allí caes y te levantas,
tomas la fruta innominada para el no regreso,
la no urgencia, ni quedarse, tampoco la partida
en la inminencia del SUEÑO.


MODOS DE IRSE

Interrumpa la flor, deje su luz, (la de la flor), en lo afilado del verbo;
no sucumba a las nuevas dichas, abrace tan solo el árbol.
Aprenda del follaje modos de irse, seguir en ondas,
……………………………..escalones, pisos de aves.
Instruya sus labios con frutas oscuras; úntelos de tinieblas.
Escoja de cada nube lo que perece y se ciñe al viento
y cubre días, pasos, sonoridades anteriores.


«De tantos finales ninguno regreso es».

Casa de hablas (1991), Ana Enriqueta Terán.


ANUNCIOS Y RUEGOS

Nos iremos un día cualquiera, haremos falta,
nos seguirán, estrujadas por ventiscas, aves urgidas,
plenas de vuelos deshilachados en plumas mayores,
recostadas en ansias de vuelo y cielos altos
sin nubla o efectos de sol en crestas o redondeos de cola…
Seremos los que se van y nos miran buscando trechos de resuello
afirmaciones de cómo y dónde para no retractarse
imaginando gentes que no se conocen, de misma sangre
rostros impávidos penetrando uno en otro a poca distancia
saludos, genuflexiones silenciosas. Después ruegos,
no despedirse, volver pronto, apretarse el barboquejo
NO SE VUELE EL SOMBRERO


Poema del libro Albatros (1992).

EXULTACIÓN Y DIBUJO DE ALA

Escoges el juego. Te ocultas en plumones de axila insondable.
¡Cuánto cauce para la palabra no dicha!
¡Cuánta soledad en lienzos de tiempo!
Candelas corrigen trechos de incertidumbre.
Suena el agua. Llora un niño. Así se construye el instante.
………………………………………………………………………………………..ESTE INSTANTE.

Pero el ave, su estatuaria en el Hemisferio Sur…


Poemas del libro Construcciones sobre basamentos de niebla (2006).

«PATRIA MÍA no sé si lucho en vano
por dibujar tu máxima figura
».

Construcciones sobre basamentos de niebla (2006), Ana Enriqueta Terán.


ARCADURA DE VIEJO PUENTE

Del lado de acá esperando.
Oyendo secreta música de vegetal también secreto.
Ojo lleno de malangas ante recuerdos del amigo.
(Peces recién abiertos garantizan continuidad.).
Alguna armadura de viejo puente. Un puente.
He de cruzarlo en llamas. Arribar al otro lado.
…………………………………………………..PERMANECER.


SABERSE EN DEUDA

Te apiadarás, flor en tinieblas, de esta presencia inextinguible,
copia fiel de pajarillo irritado, suspendido en mitad de vida,
pero deseándote y se te ruega no tardar, conocer cansancios,
deudas, irse sin pagos a uno ni otra. SABERSE EN DEUDA…


«Mucho apreciar tropieza con abismo
de que el amor es uno y verdadero,
mas el engaño surge de sí mismo
».

Construcciones sobre basamentos de niebla (2006), Ana Enriqueta Terán.


BOCAS FORMADAS A PUNTA DE PIEL

Estuve cerca de mis edades. Primavera entonó rosas a ras de suelo.
Veranos oficiaron tatuajes de bocas formadas a punta de piel.
Otoño anduvo escueto en cabalgatas sobre endurecidas arenas.
Invierno reconoce daños en fugaces deleites.


EL GRAN RÍO

Nombrarte no me atrevo, ni siquiera
moldear tu nombre en página mezquina
con destino a lucir. Modo y manera

de avanzar ancho en copia vespertina
de lo que fuera amanecer ardido.
Distintas horas tu lisura atina

a reflejar, ya calmo, ya encendido
buco de atardecer, o ya dichosa
rizadura en la piel de tu latido.

Es amplitud serena lo que acosa
mi pensamiento. Ahora, en la montaña
con ímpetu veraz y faz hermosa,

recrear tu gobierno. Gracia extraña
para una hembra en la vejez y pobre
de toda suerte de artificio o maña

para cambiar el oro en sordo cobre,
en sorda pista de aire y cardenillo.
Oro es lo escrito y en lo escrito sobre

entorno singular, singular brillo
de oropeles, cegados en redondo.
Idioma siga siendo en el orillo

del fino material donde me escondo:
sosegada corpada de tu espejo
como reflejo sin color ni fondo.

Otra mujer de lírico entrecejo
pulió tus barcos, y ánimo historiado
tuvo para cantarte donde cejo

en mi empeño, pues nunca te he nombrado,
menos ahora, cuando se acrecienta
rumor de despedida en mi costado.

Río mayor, mi soledad intenta
unirse a tu caudal, marcha profunda,
abundancia sagrada, sombra lenta

en pos del movimiento, que redunda
en estrechez de abajo; copa abierta
hacia bordes de arriba. Y se confunda

con extensión caída, pulpa incierta
en tono verde-oscuro, asaz, mullida,
asaz, acompasada como cierta

lentitud, que asegura clara herida
para fluir de adentro, de manera
que inicien luces piel acontecida.

Cuerpo amasado en soledad. Primera
dejadez, en tus ámbitos se ampara
y acude, libre, en actitud señera.

Geografía excesiva le depara
entorno recio al ímpetu fragante
de tu extasiado rostro que dejara

copia de nubes, palidez errante
de garza, como fina rayadura
en azogado clima resonante

de vibraciones. ¡Ay! asir la dura
inclinación del verbo, destinado
a moverse en la entraña que asegura

curso perfecto al íntimo deseado.
Lectura igual a la corriente amiga
que al pecho dulcemente deletreado

es todo cuanto aspiro, y no me intriga
humano elogio, si despeje y plana
de buena letra donde llegue y siga

masa de transparencia con desgana
de premura, y recursos auditivos
haciendo hermosa plácida mañana

para ir dejando trechos sensitivos,
antes con otros nombres, hasta alzarse
único nombre en coros posesivos.

No puede andar más lejos y quejarse
ha mi palabra, con extraño miedo
de sucumbir y en nubes alejarse

de preciosa madeja. Más no cedo
y valiente restauro la medida
de la humildad que en fuegos me concedo.

¡En vos quiero seguir a toda vida!


Desagravios a ciudad no amada

a Elio Gómez Grillo

Nadie la ama ni defiende su puesto de intensidad y desangre;
magnífica y cruel cuando los recibe descalzos, aún tibios pura inocencia
………………….en exactitudes de psalmo…
Cuando los recibe, más allá de la muerte, para encarnar belleza
………………….como extravíos de holocausto.
Ciudad sagrada a través de ellos. Dioses menores ennoblecidos por el desdén
…………. a flores de miedo
………….a miedo puro alguna vez mezclado
con brumosas florecillas de amor.
Caracas: ciudad amada en sólo nombre: CARACAS.

CIUDAD IRREVERENTE Y BELLÍSIMA
¡DÉJALOS CRECER!.

Ana Enriqueta Terán.


Ana Enriqueta Terán.

Ana Enriqueta Terán Madrid. Fue una poeta y diplomática venezolana. Nació en Valera, Edo. Trujillo (Venezuela), el 4 de mayo de 1918. Siendo sus padres don Manuel María Terán Labastida y doña Rosa Cecilia Madrid Carrasquero. Su formación intelectual comenzó con su madre Rosa Madrid Terán, quien la puso en contacto con los poetas clásicos, se inició con versos de estricta métrica, luego pasó a la poesía libre. Desde muy niña, empieza a escribir. Y en 1931 por circunstancias nada comunes conoce al poeta Andrés Eloy Blanco, quien lee sus primeros versos y la estimula. A temprana edad, se muda junto a su familia a Puerto Cabello, allí continua sus estudios en el colegio San José de Tarbes. Con la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, la familia decide mudarse a Caracas.

En 1945 publica su primer libro, Al norte de la sangre. Este mismo año, la poetisa ingresa al servicio diplomático como agregada cultural de la Embajada de Venezuela en Montevideo, ciudad en la que establece estrecha amistad con artistas e intelectuales, en especial con Juana de Ibarbourou. En 1949, será designada agregada cultural de la Embajada de Venezuela en la Argentina, y en la ciudad de Buenos Aires se convierte en amiga de Juan Domingo Perón y Eva Perón, así como del poeta y diplomático chileno Antonio Undurraga y del poeta exiliado español Rafael Alberti. En 1953 viajó a París y observa cómo en esa ciudad los poetas que allí confluyen ha cenletrismo; en la capital francesa se residencia en casa de la pintora venezolana y vieja amiga suya Aimée Battistini, donde conocerá a Oswaldo Vigas, Víctor Valera, Pascual Navarro, artistas integrantes, entre otros venezolanos. Regresa a Venezuela, en el año 1954, luego de su periplo por las grandes capitales: París, Buenos Aires, Uruguay.

En 1955, contrae matrimonio con el ingeniero nacido en España José María Beotegui, quien trabajara durante años tanto en República Dominicana como en Venezuela y quien fue compañero y amigo de la poetisa durante medio siglo. La pareja, se residencia en La Entrada, pequeño pueblo cercano a Valencia, en la vía a Puerto Cabello. En 1956, el matrimonio traerá al mundo a una niña a la que dieron por nombre Rosa Francisca. Para el año de 1959, es electa presidenta del Ateneo de Valencia, cargo del que se separa por un quebranto emocional. En 1961, se instala en Morrocoy, necesitada de silencio y de someter a prueba su verdadera vocación, en este lugar, permanecerá hasta 1967. Cambiando luego de residencia entre las ciudades de Valencia, Caracas y la isla de Margarita. En 1980, vuelve a su lar nativo, los Andes, y fija residencia en Jajó (Trujillo), pequeño pueblo plantado entre las montañas y envuelto en neblina, en el que continuará, como siempre, escribiendo sonetos.

El día 29 de noviembre de 1989, en sesión solemne la Universidad de Carabobo, en Valencia, le confiere el Doctorado Honoris Causa en Educación. Al mes siguiente, en diciembre de 1989, le fue acordado el Premio Nacional de Literatura, galardón que recibió en febrero de 1990 en el Palacio de Miraflores. En noviembre del año 2000, Ana Enriqueta Terán recibe el Botón de Oro de la Ciudad de Valencia de manos del alcalde de la ciudad, en un emotivo acto realizado en el Teatro Municipal de Valencia.

La poeta pierde a su compañero de “toda una vida”, José María Beotegui, el 11 de agosto de 2011. Quien fallecería en la intimidad de su casa, entre los suyos, sujetándole las manos a su esposa y a su hija Rosa Francisca, tal y como lo deseaba.

Ana Enriqueta Terán, muere Valencia, Edo. Carabobo (Venezuela), el 18 de diciembre de 2017, a los 99 años de edad.

Obras:

Al norte de la sangre (1946).
Presencia terrena (1949).
Verdor secreto (1949).
De bosque a bosque (1970).
El libro de los oficios (1975).
Libro de Jajó (1980-1987).
Música con pie de salmo (1985).
Casa de hablas (1991).
Alabatros (1992).
Antología poética (2005).
Construcciones sobre basamentos de niebla (2006).
Piedra de habla (2014).

Sus principales influencias fueron los clásicos españoles, como Góngora y Garcilaso de la Vega, y más tarde la poesía francesa de Rimbaud y Baudelaire. Perteneció a la Generación del 18. Su obra poética trasciende lo meramente métrico, y se constituye en una voz propia seducida por elementos que bordean la nostalgia, el amor, la sensualidad y el paisajismo andino.

Ver Línea de tiempo de los poetas venezolanos.

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