Autores venezolanos · Poesía

Poemas de Rafael José Muñoz

LAS SIETE CABRILLAS,
EL PÁJARO SIETE COLORES
Y LOS SIETE PECADOS CAPITALES


El viento llega otra vez y se pone como un peón
en su cabestro de anchulina que apuramos
cuando tomábamos agua sin dolor.


El viento llega, me trae sonidos del mar,
batallones de cangrejos, fulgores de algas
y los espejismos de las altas soledades nocturnas.


Solapado yo lo veo junto a sus aves azules,
cuando envuelve como un miche de madrugada
y hace que se esfumen los alcanfores en cruz.

Es el viento que trae sus maletas,
es él, mira su boladura,
mira cómo voltea mi camioneta Austin 1958.


Su horizonte tiene que ver con el cielo,
con las Siete Cabrillas, con el Pájaro Siete Colores,
con el Arcoiris también, y con los Siete Pecados Capitales.

El viento, si lo pasamos, muere Krist.
Si lo dejamos en su círculo es que nació ogor.
Es que ya vino, ojalá que haya traído
sus treinta y siete cocuyos.

Caracas, 14 de abril de 1965.


COMO UN ÍDOLO SENTADO DE ESPALDAS


Me siento como un pequeño ídolo sentado de espaldas,
cosiendo con su hilo viejo ricas maderas, axilas graves;
me siento como esos seres silenciosos que caminan sin honor,
y tienen llaves y tienen tristezas
y dicen plegarias en la soledad y en sus recuerdos.


Ay, ellos son así, truenan alcanfores
como saliéndose de la muerte, truenan gruesas
y negras vendimias;
mugen con la tarde, como bueyes en la hora crepuscular;
ellos regresan de todos los pesares en su pesar.


Esta es la gente de viejo cutis, de tornillos desconocidos,
de mangas de camisa con perritos y extraños bastones;
son los de a mediodía, bajo el samán,
son los de los carretes para llorar, los sólidos
empleados que suben y bajan escaleras y abren largas cartas.


Si pudiera vivir como ellos, rascándome el estómago,
amado por todas las mujeres y mirándome los dedos
como si fueran personas dentro de mí, que conversan;
si pudiera como ellos, arreciar mi tórax,
tomar café en cualquier negocio de la esquina
y hacer como que no existen:
Eso sería realmente espectacular,
esto movería mis mugres blancas hacia los túneles.


EXTER OMITER

Exter omiter cusa sacratísima
ens emeritem anubis masculensis.
Exaltur lumine, cimus stela,
mastum soli, omnia deis.

Ye veus vu in ostria regionis
velonsis cimera ánima sácrata.
Y mi coracáo soña con vostra presencia
y somno poderaco come il solo.

Io non queuro su númeno vesta
nío suo somerio ventis luxo;
nío tampoco suo vento queuro
si non veine a mi ánima unko.

Ma via ve la stela sua
plena de eugracia an eura de matina.
Por eso io queuro perfumarla
con azares frondoisos e soiles ovuros.

Caracas, 16 de noviembre de 1967.


POESIAS

Yo he contemplado el rostro de Amath, me he bañado en su luna,
he robado su sol. Desde entonces mis ojos brillan con destellos
irresistibles.


Nadie como yo sabe lo que es el cielo. Yo enciendo la aurora y
pongo el crepúsculo. Yo camino lleno de luz. Mis pasos son más
puros que el del alba al dormirse la noche.


¿A quién elegí para compañero mío? A aquel que se hace brillar
la mañana y florecer los campos.


Yo hago nupcias con aquellos que conocen el Universo.


La belleza que él pone en las tinieblas, yo la cubro de esplendor.


Nada es superior a mí. En mí comienza el mundo, en mí termina.


Yo soy alto porque he cerrado las puertas a toda ambición y a
todo deseo.


Oh, tú, Ukaini, el de mente serena, haz que él se acuerde de que
sin mí no podrá tener nombre, ni existencia, ni eternidad.


Porque está escrito: Yo conozco el fuego que conduce al cielo. Yo
vivo en el mismo sitio donde vive el sol.
Mi cuerpo está rodeado de manantiales.
Vivo oculto en un jardín, examinando maderas aromáticas.


Me preguntan que por qué renazco todos los días. Porque todos
los días hago llover sobre mi cuerpo esencias maravillosas.


Yo conozco el Templo de las 12 Puertas. Cada vez que entro por
alguna de ellas, salgo por la otra.


Yo conozco el Canal 101.


Cuando yo emito un pensamiento, creo la eternidad.


¿Para qué te necesito a ti? Desde que yo soy tú no existes.


Soy inmortal. Poseo el conocimiento del amanecer.


Vivo siempre en mi mansión, cuidado por 4 perros blancos.
Tengo un nido. ¿Quien quiere ver qué hay allí? Tengo un sol.


Yo estoy sobre la luna. Los campos del cielo me han hecho res-
plandecer con este fuego irresistible.


La ciencia no ha descubierto aún el origen de la intuición.


¿Quién dijo que yo necesito de los astros para vivir? Si cierro los
ojos, los apago, si los abro, los enciendo. Entonces ¿quién necesita
de quién? No, yo soy inmortal, no necesito de nada para vivir.
Son las plantas, los animales, la tierra y hasta el propio cielo
quienes necesitan de mis fulgores. Míreme quien quiera y se dará
cuenta de quien soy.


¿Qué es el yo? El yo es lo que tú quieres que sea. Puede estar en
una bestia, en una piedra o en un ave, o en el estiércol que alimenta
la flor; también puedes hallarlo en una nube o en el plumaje de
la garza, en el graznido de un búho o en el canto solitario de la
perdiz. Sin embargo, digo que el yo tiene su altar en lo más
remoto, en lo más solitario y perfumado. Está rodeado por un
jardín y lo atraviesa un incesante río de oro.


Me gusta mostrarme la hora del crepúsculo porque es cuando
luzco mi mayor esplendor. En esa hora, despido la limpidez del
cielo y el aroma de las flores; riego el espacio con esencias de
eternidad.


Mi corazón fluye como el mar, pero es impasible. En eso se
parece a la muerte.


EN UN MONASTERIO DE ASIA CENTRAL

Aquella noche vi a Rama
envuelto en una atmósfera de tigres.
Conversaba con unos árboles,
con una piedra de fuego cósmico.
Veía a distancia perros ladrando,
antorchas que encendían una piedra.

Rama, desde su oscuridad, desde sus nubes,
inventaba una hoja para curar muertes,
para hacer relámpagos, para conversar
de las propiedades del rayo.
Y en una blanca hoja con runas
descifraba varios jeroglíficos
donde Eva anunciaba grandes grutas,
donde se extinguiría la sombra 18,
la de los Ojos Transfigurados
en la Tabla de Esmeralda de los frigios.

Rama parecía disuelto
entre aquellos menhires venidos de lejos.
Rama miraba en la astronomía
los canales de ciudades perdidas,
mientras desde Lo hondo Júpiter
exorcizaba a los jabalíes en su Agujero.

Sobre un subterráneo azul Rama cantaba.
Los astrónomos hacían dormir al sol.

Caracas, 4 de junio de 1965.


POEMA

Busco al que se fue en escondrijos grises,
en sonados rincones, en balencias oscuras;
busco al que se fue despierto en sus corchos,
y lo alabo en su abismo,
y lo llamo rincón ciego
y le golpeo sus dígitos
con ruidoso asunto que es para llorar.

Lo busco a trescientas distancias,
a corazones de luto, poniendo su huevo la gallina;
lo busco hasta verlo volver:
cómo no va a ser ese que tiene tinajas,
cómo no va a ser él, si se le conoce por sus piedras.

¿Ha muerto ése que se fue un día lunes?
¿Era hortalicero de verdad, vendía hierbas rosadas,
se sacudía los codos frente al espejo? Busco a ése
que tiene el corazón ronco como una cascada,
que bucea los alcatraces en la tarde, hacia el río inmortal.

Debido a la acústica hace ruido aquí. Es él.
El no está, más nada, acústica de cavilaciones.
Eso es.

Caracas, 4 de mayo de 1964.

Rafael José Muñoz
Poemas de El círculo de los 3 soles (1968).


Rafael José Muñoz.

Rafael José Muñoz Cabello. Dirigente político, escritor y poeta venezolano. Nació en el valle de Guanape, Edo. Anzoátegui (Venezuela), el 22 de mayo 1928. De orígenes muy humildes, su padre Agustín López Chacín no lo reconoce legalmente, y su madre Zoila Piedad Muñoz Cabello le da su apellido, era ella, la mujer más independiente y culta del pueblo. A Rafael José Muñóz lo apodaban el Rito, por haber nacido el día del onomástico de Santa Rita de Casia. En su infancia y adolescencia trabaja, primero como peón agrícola en los predios de su padre en el Guayabal; trae la leche fresca a la mesa, la leña para el fogón, alimenta las aves del corral, prepara los cercos y lleva los rebaños a los establos; después, trabaja como tendero en la ciudad puerto de Puerto Píritu. Con 14 años, viaja en un vaporcito, el «Trinidad», durante dos días de periplo, para finalmente llegar al puerto de la Guaira. Vive en la parte baja de la Pastora, justamente detrás del Palacio de Miraflores.

Dos veces intenta realizar sus estudios de bachillerato, y las dos veces fracasa. La primera por carecer de los mínimos recursos económicos, y la segunda por el golpe de estado de 1948 contra Rómulo Gallegos que tanto le afectó. A partir de allí, Muñoz ingresa en la resistencia clandestina de una fracción izquierdista del partido Acción Democrática. Es activamente perseguido por la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, acoso del que no es defendido por ninguno de sus colegas de partido, razón por la cual se involucra políticamente en el Movimiento de Izquierda Revolucionario MIR. Es detenido y cruelmente torturado varias veces durante mucho tiempo en su trayectoria política. Ya de más edad, trabaja, como maestro rural en San Diego de los Altos, en el estado Miranda. En 1963, viaja  La Unión Soviética, a su regreso, se sale de toda militancia política. Tuvo cuatro hijos con quien fuera su esposa, Doña Nelly Olivo.

Fundador del grupo y revista Cantaclaro. Colaborador en diarios caraqueños y en las revistas: Élite, Lírica Hispana, Revista Shell, El Farol y la Revista Nacional de Cultura. Se desempeño como redactor de la Revista Zona Franca. Considerado uno de los poetas venezolanos más destacados del siglo XX. Su estilo y enfoque poético sumamente originales y personales se apartan de los estilos habituales; y constituyen un verdadero replanteo del lenguaje de la poesía. En la tradición poética venezolana se sitúa en la misma línea de autores como Salustio González Rincones, Darío Lancini y Caupolicán Ovalles.

Obras publicadas: Selección poética (1952), Los pasos de la muerte (1953- prólogo de Vicente Gerbasi); El círculo de los tres soles (1968), En un monte de Rubio (1979), Doña Piedad y las flores (1981), Obra poética. Selección del “Círculo de los tres soles” (1981), Sonetos para Zoila Carolina (Póstumo- 1982) e Íngrima y sola.

Su obra cumbre es el colosal poemario El círculo de los tres soles (1968). El mismo, es un original aporte a la poesía hispanoamericana del siglo XX. En esta obra sorprende el uso de un nuevo lenguaje poético que se adentra por laberintos.

Murió en Caracas (Venezuela), el 9 de noviembre de 1981, a la edad de 53 años, con un edema pulmonar, agravado por una cirrosis hepática, en el Hospital Clínico de Caracas.

Fuentes de la biografía:

Quiénes escriben en Venezuela. Diccionario abreviado de escritores venezolanos.

El verano de los Tamarindos.

Ver en la Línea de tiempo de los poetas venezolanos.

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