Autores venezolanos·Cuentos

El médico de los muertos- Julio Garmendia

julio garmendia el medico de los muertos

Durante muchísimos años, el pequeño cementerio había sido un verdadero lugar de reposo, dentro de sus amarillentos paredones, detrás de la herrumbrosa y alta puerta cerrada. Algunos árboles, entretanto habían crecido; se habían vuelto coposos y corpulentos; al mismo tiempo, la ciudad fue creciendo también; poco a poco fue acercándose al cementerio, y acabó, finalmente, por rodearlo y dejarlo atrás, enclavado en el interior de un barrio nuevo. Los muertos, dormidos en sus fosas, no se dieron cuenta de estos cambios, y siguieron tranquilos algunos años más. Sigue leyendo “El médico de los muertos- Julio Garmendia”

Autores argentinos·Cuentos

La autopista del sur- Julio Cortázar

julio cortazar la autopista del sur

Gli automobilisti accaldati sembrano nom avere storia…
Come realtà, un ingorgo automobilistico
impressiona ma non ci dice gran che.

Arrigo Benedetti, «L’Espresso», Roma, 21/6/1964.

Al principio la muchacha del Dauphine había insistido en llevar la cuenta del tiempo, aunque al ingeniero del Peugeot 404 le daba ya lo mismo. Cualquiera podía mirar su reloj pero era como si ese tiempo atado a la muñeca derecha o el bip bip de la radio midieran otra cosa, fuera el tiempo de los que no han hecho la estupidez de querer regresar a París por la autopista del sur un domingo de tarde y, apenas salidos de Fontainebleau, han tenido que ponerse al paso, detenerse, seis filas a cada lado (ya se sabe que los domingos la autopista está íntegramente reservada a los que regresan a la capital), poner en marcha el motor, avanzar tres metros, detenerse, charlar con las dos monjas del 2HP a la derecha, con la muchacha del Dauphine a la izquierda, mirar por retrovisor al hombre pálido que conduce un Caravelle, envidiar irónicamente la felicidad avícola del matrimonio del Peugeot 203 (detrás del Dauphine de la muchacha) que juega con su niñita y hace bromas y come queso, o sufrir de a ratos los desbordes exasperados de los dos jovencitos del Simca que precede al Peugeot 404, y hasta bajarse en los altos y explorar sin alejarse mucho (porque nunca se sabe en qué momento los autos de más adelante reanudarán la marcha y habrá que correr para que los de atrás no inicien la guerra de las bocinas y los insultos), y así llegar a la altura de un Taunus delante del Dauphine de la muchacha que mira a cada momento la hora, y cambiar unas frases descorazonadas o burlonas con los hombres que viajan con el niño rubio cuya inmensa diversión en esas precisas circunstancias consiste en hacer correr libremente su autito de juguete sobre los asientos y el reborde posterior del Taunus, o atreverse y avanzar todavía un poco más, puesto que no parece que los autos de adelante vayan a reanudar la marcha, y contemplar con alguna lástima al matrimonio de ancianos en el ID Citroën que parece una gigantesca bañadera violeta donde sobrenadan los dos viejitos, él descansando los antebrazos en el volante con un aire de paciente fatiga, ella mordisqueando una manzana con más aplicación que ganas. Sigue leyendo “La autopista del sur- Julio Cortázar”

Autores venezolanos·Cuentos

Gemelo- Fedosy Santaella

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Aquella mañana de domingo, se hallaban en las tumbonas dejándose atezar por el sol, cuando la Nena lo dijo:

–¿No tienes un hermano como tú?

Apenas formuló tamaño dislate (estaba consciente de ello), repasó rápidamente cómo había llegado hasta ese momento. 1) Acababa de salir de una relación sin futuro («ese tipo solo quería cogerme, Silvi») y estaba muy cerca de caer en otra de sus depresiones. 2) Silvia la invitó a pasar el fin de semana en el apartamento de playa de sus padres. 3) Las pastillas, como de costumbre, resultaban insuficientes; así que la ida a la playa le había parecido una excelente opción para retardar la caída. 4) El amor bonito entre Silvia y Rafael provocó que volvieran los acordes desafinados a su cabeza. 5) Y como siempre, no se pudo contener, no pudo evitar el arrebato, la impertinencia verbal. «¿No tienes un hermano como tú?». Sigue leyendo “Gemelo- Fedosy Santaella”

Autores venezolanos·Cuentos

Oropéndola- José Rafael Pocaterra

jose rafael pocaterra. oropendola

I

Cuando se casó la menor de las Oropéndolas, todo el mundo se quedó asombrado. ¿Es que algunos hombres no tienen ojos?

Y se recrudeció, como acontece, el afán nupcial de algunas cuya candidez se sorprende, a los cuarenta años, con el primer desencanto. Es entonces cuando se les ocurre pensar que ya no se casan. Esto lo llamaba Bossuet «pensamientos tardíos». Sigue leyendo “Oropéndola- José Rafael Pocaterra”

Autores españoles·Cuentos

Una traición incalificable – Luis Buñuel

Una traición incalificable Luis Buñuel

Hacía ya un año que trabajaba en mi obra, en mi gran obra. Todos los días invertía cinco, seis, diez horas en este trabajo-cumbre que ya se disputaban las mejores revistas literarias del mundo. Los muebles, el parquet y los libros de mi cuarto se complacían al verme trabajar en esta obra genial. Apenas sentado, agrupábanse a mi alrededor la mesa, la librería y la cama, que chirriaban satisfechas. La librería sobre todo, se aproximaba más, de puntillas, y arqueaba sus lomos de libros en actitud especiante. Una araña que trabajaba en una gran casa en construcción de un ángulo, se deslizaba siempre por la polea de un andamio y asentía con las patas. Sigue leyendo “Una traición incalificable – Luis Buñuel”

Autores venezolanos·Cuentos

El llanero solitario tiene la cabeza pelada como un cepillo de dientes- Francisco Massiani

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Lo que pasa es que las cosas nuevas hacen daño. Cuando llegué a este colegio me puse enfermo. Tenía que ir al baño siete veces por minuto. Tenía la barriga floj floj y tenía que correr y estaba asustado y medio tonto y casi llorando todo el día. También Loco Viejo. Porque antes teníamos a otro profesor. Pero cuando llegó Loco Viejo y me preguntaba: “Oiga usted”. Y cualquier cosa, yo no podía responderle cualquier cosa. O sea que me daba floj floj en la barriga y no podía. Tú podías saberlo todo, ¿no? Podías sabértelo de memoria, pero no podías responderle. Son las cosas nuevas. Siempre joden. Por ejemplo llego solito, estoy a punto de meter el gol y tiene que mirarme ese tipo que llegó hace poco y tiene la cabeza pelada. ¿Qué me pasó? Que nada, que es un tipo nuevo y que me miró y no pude, y eso que estuve a punto. Bueno. Otra vez. Así que Primero: Sigue leyendo “El llanero solitario tiene la cabeza pelada como un cepillo de dientes- Francisco Massiani”