Autores venezolanos·Poemas

Los árboles- Eugenio Montejo

Hablan poco los árboles, se sabe.
Pasan la vida entera meditando
y moviendo sus ramas.
Basta mirarlos en otoño
cuando se juntan en los parques:
solo conversan los más viejos,
los que reparten las nubes y los pájaros,
pero su voz se pierde entre las hojas
y muy poco nos llega, casi nada.

Es difícil llenar un breve libro
con pensamientos de árboles.
Todo en ellos es vago, fragmentario.
Hoy, por ejemplo, al escuchar el grito
de un tordo negro, ya en camino a casa,
grito final de quien no aguarda otro verano,
comprendí que en su voz hablaba un árbol,
uno de tantos,
pero no sé que hacer con ese grito,
no sé como anotarlo.

Eugenio Montejo.
Poema del libro Algunas palabras (1976).


Eugenio Montejo

Eugenio Montejo poeta, ensayista y profesor universitario venezolano. Nació en Caracas, el 19 de octubre de 1938. Fue director literario de Monte Ávila Editores, representante de esta misma editorial en Buenos Aires, a fines de los años setenta, y consejero cultural de Venezuela en Portugal. Publicó: Elegos (1967), Muerte y memoria (1972), La ventana oblicua (ensayos, 1974), Algunas palabras (1976), Terredad (1978), El cuaderno de Blas Coll (ensayos, 1981), Trópico absoluto (1982), El taller blanco (ensayos, 1983), Alfabeto del mundo (1986) y Chamario (2003). Su poesía se caracterizó por la rica gama textual y el gran dominio de las formas, constituyéndose en un gran representante de la poesía suramericana. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Venezuela en 1998 y el Premio Internacional Octavio Paz en 2004. El valor de su estimable obra poética y ensayística no ha parado de crecer en los últimos años, siendo una de las más importantes y originales de la última mitad del siglo XX. Falleció en Valencia, Venezuela, el 5 de junio del año 2008.

Autores venezolanos·Poemas

Silvia- Hesnor Rivera

Las mujeres que me amaron
de seguro han muerto.
Ellas pertenecían a una raza distinta.
La atmósfera de llama necesaria a sus cuerpos
desapareció una noche con los astros.
Y sólo pueden ahora reposar sus cabelleras
sobre la ilusión del resplandor sagrado
que es la lejanía.

En el tiempo del sol
yo podía reconocerlas
por el solo movimiento de sus sombras.
Entonces me invadía el ímpetu
de correr descalzo sobre el agua transparente.

Y eras tú Silvia
—nada más que tu mirada mágica
quien lograba abrillantar la arena
donde me tendía para huir de la noche.
Eras tú quien al pasar hacía
recobrar su juventud llameante a cada parque.
Y al abandonarnos al embrujo de las calles más altas
frente a las ventanas oscuras
eras tú quien invocaba y ponía a nuestros pies
los habitantes de la sombra.

Una noche enterraste en el césped una perla.
Fue en homenaje a los hermosos días de diciembre.
Y cuando percibiste la presencia
de los vagabundos que espiaban nuestra ofrenda
postergaste el nacimiento del árbol que nos uniría.
Desvaneciste la posible rosa
cuyo aroma igualaría en peso
y consistencia nuestra sangre.

Porque a partir de entonces
—a partir de aquel gesto—
tú me hubieras ayudado a salvar
esta doble apariencia que nos aprisiona.
Este doble llamado que nos requiere a un tiempo
y nos deja inmóviles en el mundo
vacío de sus diferencias.

Después vi en tu rostro por primera vez el llanto.
Vi en tus manos las piedras que arrojaste a la noche:
¡El mundo estaba solo!
Me hablaste de los seres desaparecidos.
De los mares desaparecidos.
De cierta estrella como única mansión
en donde muerte vida amor odio
eran hechos que lograban apenas
amenizar la caída de una tarde.
Y fuimos desde entonces fantasmas
—nada más que fantasmas.
Tú me amaste Silvia. Yo amé en tí el desafío
a la sombra que se antepone al bosque.
El desafío al bosque que se antepone al cielo.
Nos amamos y era allí en el amor donde comenzaría
esta desaparición que nos anula.

El amor en mis manos es una fuerza
que distancia las cosas que acaricia.

Tú habrás desaparecido. Estarás en tu raza
—en tu astro donde sopla la llama.
Sin embargo sé que existes aún. Sé que existes.
He vuelto a contemplar los árboles.
A palpar las flores.
He caminado mucho porque un día
lo sé bien —en un mar que no conozco
en la gran lejanía hecha como está de arena azul
de pequeñas piedras y frutos que han caído
—en un amanecer fuera de tiempo he de verte
he de oírte cantar desde tu vida.

Sé que existes. Y un día serás tú Silvia
—nada más que tu mirada mágica
quien logre abrillantar la arena
dolorosa que me hago.
Quien haga recobrar su juventud llameante
al parque más antiguo del mundo que ahora soy.

De lo contrario sabrás que soy del mundo
y habré de maldecirte y estaré llorando
porque el odio me entregará a la noche que me llama
para nutrir conmigo sus túneles hambrientos.

Hesnor Rivera.
1953.


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Hesnor Rivera. Fue un destacado poeta, periodista y profesor universitario venezolano. Nació en Maracaibo, Estado Zulia, el 12 de julio de 1928. Desde su adolescencia en el liceo Baralt demostró su sensibilidad por la poesía, en las clases impartidas por Eduardo Matthyas Lossada, quien le enseñó la técnica de la construcción del soneto. Licenciado en Letras por la Universidad del Zulia, donde fue destacado académico en el área de Literatura Española. En 1949, junto a Otto Rincón, inició viaje por tierra que los llevó a Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil y Argentina. En Chile se quedó hasta 1951, allí inició estudios de Filosofía y Letras y se relacionó con el grupo Mandrágora. En 1953 visitó a Juan Sánchez Peláez en Bogotá y en su casa escribió el célebre poema «Silvia». Entre 1958 y 1960 viajó por España, Francia y Alemania. Fue uno de los fundadores del Grupo Apocalipsis, que arrojó vanguardia al panorama literario local y nacional entre 1955 y 1958. Ingresó en el diario Panorama en 1962 como secretario de redacción y fue subdirector entre 1965 y 1987, año en el que se retiró del periodismo tras obtener diversos reconocimientos, entre muchos otros el Premio Nacional de Poesía (1979) y Premio Regional de Literatura Jesús Enrique Lossada (1992). Fue merecedor de condecoraciones como la Orden Andrés Bello (1975) y la Orden Francisco de Miranda (1979). Fue asiduo colaborador de Zona Franca, El Nacional, El Universal, La República, Revista Nacional de Cultura, Imagen y Puerta de Agua, entre otras publicaciones. Autor de los libros de poesía En la red de los éxodos (1963); Puerto de escala (1965); Superficie del enigma (1968); No siempre el tiempo siempre (1975); Las ciudades nativas (1976); Persistencia del desvelo (1976); El visitante solo (1978); Elegía a medias (1978); La muerte en casa (1980); El acoso de las cosas (1981); Los encuentros en las tormentas del huésped (1988); Secreto a voces. Sonetos completos (1992); Hesnor Rivera. Antología poética (1993); y Endechas del invisible (1995); Gramática del alucinado (2019. Póstumo). Murió en Maracaibo, el 17 de octubre de 2000.

Autores venezolanos·Poemas

Del país de la pena- Hanni Ossott

te enseñaré el miedo en un puñado de polvo
                                                -T.S. Elliot

¿Quién soy?. .. “¿La luz que ilumina esta verja, esta tierra?” 
¿Soy los árboles y las plantas? ¿Acaso el mar? 
Soy colinas, riberas, agua bañada de luz 
Soy un cuerpo cansado de tanta errancia 
    un cuerpo y un alma cansados del miedo 
    Soy el temor.
Sigue leyendo “Del país de la pena- Hanni Ossott”

Poemas·Sobre mi·Venezuela

Poema de Luis Laffe

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Mi última foto con el uniforme de bombero. En la Universidad Simón Bolívar, sede Litoral (Edo, Vargas. Venezuela).

Si eliges ser bombero, eliges el camino difícil
un camino lleno de privaciones, sin lujo ni confort
que te causará desgaste físico y mental,
Que te alejará de los tuyos,
Que te acercará a las miserias humanas
y te demostrará la ingratitud social. Sigue leyendo “Poema de Luis Laffe”

Autores venezolanos·Poemas

Derrota- Rafael Cadenas

Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)
que he sido negado anticipadamente y escarnecido los más aptos
que me arrimo a las paredes para no caer del todo
que soy objeto de risa para mí mismo
que creí que mi padre era eterno
que he sido humillado por profesores de literatura Sigue leyendo “Derrota- Rafael Cadenas”