Autores venezolanos·Cuentos

Como si el loco fuera yo- Fedosy Santaella

Hoy en la mañana, una voz amable y correcta se me acercó bajo la lluvia.

—Hola, buenos días. Caballero, por favor, me presta su paraguas un momento, ya se lo devuelvo.

El hombre que hablaba venía con un periódico sobre la cabeza. Tendría unos cincuenta años, usaba bigotes gruesos y lentes, y también portaba una buena porción de canas. Tenía aspecto de persona seria. Pero por lo que acababa de decir, parecía no serlo. También cabía la posibilidad de que fuese un loco, de los tantos que sobran en la ciudad. Me quedé con esta última idea, y le respondí:

—Espérame ahí mismo que ya vengo.

IMG_20190418_085732.jpgOrgulloso de mi sagaz respuesta seguí mi camino. Por lo general, ante este tipo de situaciones, no encuentro qué decir o digo cualquier cosa y hago el ridículo. Pero esta vez yo iba con la frente en alto, y sentí que caminaba como caminaría Batman luego de propinarle una buena paliza a cinco villanos.

Media hora más tarde había terminado mi diligencia. Aún llovía afuera. Con el paraguas desplegado, regresé a la calle donde había estacionado. Era la misma calle donde el loco me había abordado. Y donde aún seguía, bajo la lluvia, muy mojado y con el periódico hecho papilla sobre su cabeza. Se hallaba en el sitio exacto donde le había dicho que esperara. Entre molesto, apenado y asustado, apresuré la caminata y me mantuve a distancia. Aun así el hombre me reconoció. IMG_20190418_085820.jpg

—¡Ya está de vuelta! ¡Muchas gracias! —me dijo con el gesto iluminado de beatífico agradecimiento—. ¿Ahora sí me presta el paraguas? De verdad, ya se lo devuelvo.

No le respondí, eché a correr hasta el carro, recogí el paraguas y me monté. Retrocedí, maniobré y pasé junto al hombre. Él me miraba asombrado, confundido, como si no pudiera creer lo que estaba pasando, como si el loco fuera yo.

Fedosy Santaella

Cuento del libro Instrucciones para leer este libro (2012).


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Fedosy Santaella. Nació el 2 de enero de 1970 en Puerto Cabello, Estado Carabobo. Es un escritor y profesor universitario venezolano. Estudió en la Universidad Central de Venezuela, y se graduó siendo Licenciado en letras. De allí empezó a escribir relatos y novelas, y fue creciendo poco a poco hasta formarse como el escritor que es ahorita. Autor de libros de relatos y novelas publicados con editoriales como Ediciones B, Alfaguara, Pre-Textos y Bid & Co. Su primer libro fue El Elefante (2005), y luego de este ha tenido muchos éxitos como Postales sub sole (2006), Rocanegras (2007), Piedras lunares (2008),Verduras y Travesuras (2009), Las peripecias inéditas de Teofilus Jones (2009), Pasapuertas (2010), Ciudades que ya no existen (2010), Instrucciones para leer este libro (2012),  Los nombres (2016), entre otros. En 2004 ganó la Bienal internacional José Rafael Pocaterra en Narrativa. En 2009 fue elegido para participar en el prestigioso Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa. En 2010, quedó entre los diez finalistas del Premio Cosecha Eñe de España, por su cuento «Sandor y los conejos». En 2016 obtuvo el premio internacional Novela Corta Ciudad de Barbastro, España.  En 2018 publicó su libro de poemas Tatuajes criminales rusos. Actualmente, vive en México con su familia.

 

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Autores venezolanos·Cuentos

Las dos Chelitas- Julio Garmendia

Chelita tiene un conejito; pero Chelita la de enfrente tiene un sapo. Además de su conejito, tiene Chelita una gata, dos perros, una perica y tres palomas blancas en una casita de madera pintada de verde. Pero no ha podido ponerse en un sapo, en un sapo como el de Chelita la de enfrente, y su dicha no es completa.

–Chelita –le dice–, ¡te cambio tu sapo por la campana de plata con la cinta azul!

Pero no, Chelita la de enfrente no cambia su sapo por la campana de plata con la cinta azul… no lo cambia por nada, por nada en el mundo. Está contenta de tenerlo, de que se hable de él –y de ella, por supuesto–, y de que Pablo el jardinero diga, muy naturalmente, cuando viene a cortar la grama:

–Debajo de los capachos está durmiendo el sapo de la niña Chelita.

Cuando empieza a anochecer, sale el sapo de entre los capachos, o del húmedo rincón de los helechos; salta por entre la cerca y se va a pasear por la acera. Chelita lo ve, y tiembla de miedo, no lo vaya a estropear un automóvil, o lo muerda un perro, o lo arañe la gata de la otra Chelita. Tener un sapo propio es algo difícil, y que complica extraordinariamente la vida; no es lo mismo que tener un perro, un gato o un loro. Tampoco puede usted encerrarlo, porque ya entonces el sapo no se sentiría feliz, y esto querría decir que usted no lo ama. Sigue leyendo “Las dos Chelitas- Julio Garmendia”

Autores venezolanos·Cuentos

Un regalo para Julia- Francisco Massiani

Palabra que no era fácil. Casi todo el mundo regala discos y los pocos discos de moda son tres, cuatro. Julia iba a terminar con la casa llena de discos repetidos. Además tenía sólo veinte bolívares y así no se pueden comprar sino discos o chocolates o alguna inmundicia parecida. Yo nunca le regalaría un talco a Julia. Menos, un muñeco. Tiene una colección de muñecos desbaratados en el cuarto y lo de chocolates, menos, porque sé que Carlos se los comería todos. Carlos, tan perfectamente imbécil como siempre. Lo imagino clarito: Oye Julia, dame un poquito.

Uno dice: le regalo un libro. Uno dice: le regalo cualquier cosa. Pero uno no podía regalarle cualquier cosa. ¿Con qué cara? Ayer, anteayer estaba con la cochinada de Carlos, que por cierto: fuaaa, fuaaa, y lo peor es que no tose y a mí en cambio se me salen las tripas. Fuaaa, botaba el humo, y fuaaa estiraba su pata y mataba una hormiga. Se comía un moco. Se estripaba un barro en la nariz, fuaaa, se rascaba la oreja, y después escupía el humo por los ojos, por la nariz, por la boca, por todos lados. Porque lo hace. Juro que sabe fumar. Es verdad. Fuma mejor que nadie. Y entonces te mira y dice: si llego a ser novio de Julia. Pero lo juré. Dije: por Dios santo que no se lo digo, y eso, ¿no?, así que nada. No puedo decirlo. Pero en todo caso cuento que Carlos me dijo que si Julia llegaba a ser su novia, la metía en la bañera, la llenaba de jabón y le hacía esa porquería que juré que no se lo decía a nadie. Lo peor es que yo vengo y salgo y voy a casa de Julia, porque algo tenía que hacer, ¿no?, y llega Julia y me dice así mismito:

—¿Qué vienes a hacer aquí?

Quedé tieso. Después me dice:

—Pasa. Sigue leyendo “Un regalo para Julia- Francisco Massiani”

Artículos·Otros autores

Nací para ser la Bruja Indomable y no la princesa en apuros

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       Pues sí, a mi me gusta más ser la bruja del cuento, porque para ser la princesa en apuros no se requiere mucho cerebro, es demasiado sencillo, casi perezoso. Me gusta creer que si un día me quedo atrapada en la torre más alta del castillo de mis propios tormentos, tendré la capacidad para bajarme solita en lugar de esperar toda la vida a que a alguien se le antoje venir a rescatarme. Sigue leyendo “Nací para ser la Bruja Indomable y no la princesa en apuros”