Cuentos

Carta a una señorita en París- Julio Cortázar

Andrée, yo no quería venirme a vivir a su departamento de la calle Suipacha. No tanto por los conejitos, más bien porque me duele ingresar en un orden cerrado, construido ya hasta en las más finas mallas del aire, esas que en su casa preservan la música de la lavanda, el aletear de un cisne con polvos, el juego del violín y la viola en el cuarteto de Rará. Me es amargo entrar en un ámbito donde alguien que vive bellamente lo ha dispuesto todo como una reiteración visible de su alma, aquí los libros (de un lado en español, del otro en francés e inglés), allí los almohadones verdes, en este preciso sitio de la mesita el cenicero de cristal que parece el corte de una pompa de jabón, y siempre un perfume, un sonido, un crecer de plantas, una fotografía del amigo muerto, ritual de bandejas con té y tenacillas de azúcar… Ah, querida Andrée, qué difícil oponerse, aun aceptándolo con entera sumisión del propio ser, al orden minucioso que una mujer instaura en su liviana residencia. Sigue leyendo “Carta a una señorita en París- Julio Cortázar”

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Autores venezolanos·Cuentos

Como si el loco fuera yo- Fedosy Santaella

Hoy en la mañana, una voz amable y correcta se me acercó bajo la lluvia.

—Hola, buenos días. Caballero, por favor, me presta su paraguas un momento, ya se lo devuelvo.

El hombre que hablaba venía con un periódico sobre la cabeza. Tendría unos cincuenta años, usaba bigotes gruesos y lentes, y también portaba una buena porción de canas. Tenía aspecto de persona seria. Pero por lo que acababa de decir, parecía no serlo. También cabía la posibilidad de que fuese un loco, de los tantos que sobran en la ciudad. Me quedé con esta última idea, y le respondí: Sigue leyendo “Como si el loco fuera yo- Fedosy Santaella”

Autores venezolanos·Cuentos

Un regalo para Julia- Francisco Massiani

Palabra que no era fácil. Casi todo el mundo regala discos y los pocos discos de moda son tres, cuatro. Julia iba a terminar con la casa llena de discos repetidos. Además tenía sólo veinte bolívares y así no se pueden comprar sino discos o chocolates o alguna inmundicia parecida. Yo nunca le regalaría un talco a Julia. Menos, un muñeco. Tiene una colección de muñecos desbaratados en el cuarto y lo de chocolates, menos, porque sé que Carlos se los comería todos. Carlos, tan perfectamente imbécil como siempre. Lo imagino clarito: Oye Julia, dame un poquito.

Uno dice: le regalo un libro. Uno dice: le regalo cualquier cosa.

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Cuentos de Silvia Navarro

Bestias

Desde hace más de media hora me han estado persiguiendo, todo es un caos, estoy en medio del campo de batalla, no los puedo evadir, no puedo salir; las dos veces que lo he intentado y he llegado a pasar la línea divisoria, vuelven a empujarme aquí adentro con estas bestias, y continúan la persecución en mi contra. No puedo defenderme, no me queda más que huir.

Me han pateado una y otra vez, cada patada en el costado me duele, caigo al suelo; pisotean mi cuerpo una y otra vez. Siento la velocidad del aire contra mi, todo esta pasando tan rápido, no se detienen. Caigo al suelo, vuelven a patearme y el siguiente también lo hace y me estrello de frente contra un poste. Y vuelvo a sentir la velocidad del aire. Me encuentro en un ir y venir constante.

Fuera del campo de batalla se encuentra una multitud enardecida, todos observan con fervor la atrocidad que están cometiendo conmigo estos salvajes. Nadie hace nada por detenerlos. Esos de allá afuera no hacen más que aplaudir, gritar y cantar cosas que no logro entender desde acá abajo.

De un momento a otro, uno de mis perseguidores se apodera de mi, haciendo que la mitad de los observadores de allá afuera se levante de sus asientos con gritos de apoyo hacia esta bestia que me está pateando, mientras a otro tanto de reojo los puedo ver nerviosos, inquietos, tal vez molestos.

Mientras me patea, yo intento huir, el resto de las bestias va cambiando de lugar en el campo de batalla, se agrupan, se dispersan, corren de un lado al otro y otro tanto que se abalanza hacia mi atacante, es como si todos se pelearan por tenerme.

En segundos mi atacante me ha llevado a un extremo del campo de batalla, me da una última patada con todas su fuerza, me da justo en el costado izquierdo, una última patada que me hace volar pasando al lado de otra de esas bestias que intenta detener mi paso. Y pienso por un instante que voy a ser libre, pero me equivoco, he caído contra una red, estoy acorralado.

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En todo el campo solo se escucha un grito a la vez, el de los observadores de allá afuera y la mitad de los de acá adentro.

¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL!

Silvia Navarro
15/09/16


Imagen: design you trust

Este intento de relato pertenece a una serie de relatos que hice durante el Curso de Narrativa y escritura al que asistí en el 2016, en la Casa de las letras Andrés Bello, Caracas, Venezuela.

Cuentos de Silvia Navarro

La lectura enamorada. Parte I

Era un libro como cualquier otro, ubicado, o mejor dicho, mal ubicado entre una enciclopedia y las obras selectas de los poetas de esa ciudad desperfecta.

Un libro como cualquier otro, con mas de 150 paginas amarillas, cubiertas por tapas duras y desgastadas por los años. A pesar de esas características cualesquiera, era un libro lleno de historias, por cada página una historia: una sensaciones, dos tristeza, tres alegría, cuatro nostalgia, sin contar las imágenes ilustradas y las fotografías enmarcadas.

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