Autores venezolanos·Poemas

Poemas de Antonio Arráiz 1/2

antonio arraiz poemas

EXALTACIÓN

Lenguaje mío:
conviértete en loco tropel
al decir la exaltación.

Más que todos los hombres;
que todos los hombres de todos los tiempos
que vivieron sus vidas remotas;
más que todos los hombres
yo quiero vivir.

Más que los hombres que arañaba
la tierra parduzca,
con todo el cuerpo y toda el alma
apoyando su peso al arado,
detrás del paso de bueyes isócronos,
mientras el sol recorría el espacio.

Más que los hombres
que salían, sonoros de hierro,
agitando las armas
por la senda de guerra.

Más que los hombres
que se propusieron
desentrañar las cosas vedadas,
y poco a poco rasgaron
el velo de dios.

Más que todos los hombres
que han comido y dormido;
más que todos los hombres que amaron;
más que todos los afanes humanos;
más que todas las vidas;
más aún! yo quiero vivir.

Más que todos los dioses.
Más aún que los dioses yo quiero vivir.
Está el cielo sin nubes.
Ahoga tanta azul claridad.
Tres mil quinientas palmeras
se mecen a compás.
Grita el mar sus roncos
quejidos lujuriosos.
Un revuelo de albas palomas
rasga el azul del cielo.
Estoy en el trópico.

y como un ser extrahumano,
como un dios,
como un dios eternamente sediento,
quiero reír y cantar y sufrir
y llorar y vivir y morir.
Más que todas las cosas:
quiero vida! quiero vida!

Que todo lo bueno y que todo lo malo
me caiga!
Como un titán extrahumano,
soportaré todos los dolores humanos,
saborearé todos los goces humanos.

Cómo me horroriza
la insensibilidad de las rocas!


 

EXALTACIÓN

Oh, bien sé que hay dolor
y dolor
y dolor.
Solamente dolor.

Sin embargo:
con mi ingenua alegría,
con mi franco entusiasmo,
acojo al dolor.

Como un buitre monstruoso,
con furioso deleite
morderé en el centro del pecho
del dolor,
y la sangre más íntima
chuparé.

Tengo un ansia insaciable
de dolor.
Como un ser extrahumano,
como un dios eternamente sediento,
más que un dios.

Oh, Señor!
Con tu mano fatal
los más duros obstáculos
opónme a mi paso.
De modo,
que mi paso,
acostumbrado a salvarlos,
se haga más firme y alado.

Oh, Señor!
Que la lucha sin tregua,
la miseria,
el desengaño inclemente,
como dogos de blancos colmillos,
se me planten al frente.
Me siento con fuerzas,
con este sublime vigor inicial
para afrontarme a cada nueva derrota
con nuevo entusiasmo.

Oh, Señor!
y que caiga,
de bruces contra la tierra, muerto,
cuando aún la meta esté ante mis ojos
como un espejismo divino
que hasta el segundo final
sostuvo en mi pecho el deseo de luchar.


 

EL HAMBRE

Poco antes del alba
de risa rosada,
hay un preciso momento
en que algo fatal
flota en la selva;
algo inquietante y secreto;
es el hambre,
es el hambre que flota en la selva.

Se nos crispan los vientres vacíos.
El aire palpita de miedo.
Se apagaron los ruidos alegres,
y las miradas se hacen perversas.
El hambre va flotando en la selva.
Detrás de los árboles,
detrás de las peñas,
detrás de la sombra,
se presienten: las garras agudas,
los ojos de torvas miradas,
los dientes,
las fieras hambrientas
de vientres vacíos,
acechándonos.
El aire palpita de miedo.
Olvidamos los ruidos alegres
y andamos con pasos astutos
y ojos perversos
buscando la presa.

Es el hambre,
es el hambre que flota en la selva.


 

DESCANSO

Ya cayendo la sombra sobre el suelo.
Yo estoy sentado aquí divinamente.
A mi lado tengo a mi mujer.
Mi mujer es suave y bella y dulce
y tiene un raro aroma raro.

Los dos callamos,
mirando el rojo ocaso.
El río arrulla su rumor.
La brisa barre su rumor.

El ocaso
es rojo y es violeta y es blanco y es azul
y es divinamente bello
y es divinamente dulce.

Mi compañera
tiene grandes ojos soñadores.
De repente la miro:
¡Hay un rojo fulgor de ocaso en sus pupilas!


 

LA VOZ VANIDOSA

Yo soy rico de bárbaras cosas.
Quiero dar. Puedo dar.
No te pido nada en cambio,
ni un aplauso.
Quiero dar mis bárbaras cosas.

He aquí que soy imperfecto.
Imperfecto como trozo de hierro.
¿Quiero acaso ser norma?
¿Indiscutible norma perfecta?
Heme aquí como soy:
imperfecto y potente.
No te pido tu aplauso.


 

MAGIA

Cuando ella canta:
ella no me dice nada.
Su voz no tiene palabras de consuelo.
Su voz no tiene palabras dulces.
Ella no me dice nada.

Y a pesar,
su voz,
desnuda de palabras,
es suave y dulce y triste,
y dice lo que quiere.
Ella no me dice nada,
pero su voz es bruja,
y me seduce lentamente,
y yo entiendo todo lo que quiere decirme.

Su voz bruja!
Parece que viniera de muy lejos su voz.
Se escapa ténuemente
de su garganta larga
y es suave y dulce y triste.
Su voz no tiene palabras de consuelo.

Su voz no tiene palabras.
y a pesar,
heme aquí de rodillas
sediento de beber la magia de su voz.

Heme aquí de rodillas,
con los ojos abiertos,
inmóvil,
como si la vida me hubiese dejado.
Ella no me dice nada.
Su voz sale desnuda de palabras.
Y yo entiendo todo lo que quiere decirme.

Música, maga música,
que me ha hechizado.


 

FÚNEBRE

Desfallecía.
La cara era siempre más lívida.
Tenia los ojos cerrados. Sin duda
le pesaban los párpados lacios.

La tarde era violeta.
El estaba intensamente pálido.
y entre el corro de amigos solícitos,
fue muriendo suavemente.
Exánime quedó el bravo guerrero.
Mudo el hermoso rostro.
Frío el potente cuerpo.
Era violeta la tarde.

Solícitos,
nos inclinábamos sobre él.
Tenía en el costado la herida.
Un punto apenas visible,
una herida ávida y maligna.
y al ver como se iba la vida,
toda aquella vida noble,
aquel sublime valor
del amigo querido,
por un punto apenas visible,
nos llenaba una sorda ira
impotente.
Violeta era la tarde.


 

SUS OJOS DE GACELA

Hoy me he fijado en que ella tiene los ojos
de gacela.

Siesta.
A todo correr.
La respiración angustiosa
me entraba como un chorro de fuego.
Perseguía a una gacela.

De repente, disparé la flecha
y se le hundió en el vientre
como una injuria amarga.

Me acerqué y agonizaba.
Me miró con sus ojos.
¡Oh qué dulces sus ojos!
Ella tiene los ojos así.

Y así, amigo, deja que yo cante.


 

SUS OJOS DE GACELA

Ojos negros,
suavemente negros,
tímidamente negros,
que no parecen negros.
Son dulces
como una caricia de una mano leda.

Ojos negros,
sensualmente negros,
que parecen de fuego.
Son brillantes
Son ojos de mujer lujuriosa.

Y en vano invocaré
las otras cosas negras.

Las tinieblas negras,
los gatos negros,
el acero negro,
la noche negra,
la sangre negra,
los otros ojos negros.
Pues sus ojos son
únicamente!
negros.

Ella tiene los ojos de gacela.


antonio arraiz.
Antonio Arráiz.

APENAS

Apenas soy un hombre más.
Y, ¿sabes?,
éste es todo mi orgullo.

Un hombre que siente
y ama y vive.
Un hombre con dos piernas
y un corazón.
Un hombre que ve y huele y gusta.
Un hombre que corre y grita y come.
Y, ¿sabes?,
éste es todo mi orgullo.

Mi orgullo de ser hombre
De haber nacido como todos los demás.
De ser un animal que vino al mundo
a ocupar su puesto como todos los demás.
Un animal con fuerza en el cuerpo,
con divina audacia en la mente.
Un animal que tiene valor,
y se afronta a cualquier otro animal
para defender su puesto en la tierra.
Un animal que vive.
Oh sublime vivir!
y un animal que crea!

¿Sabes?
Este es todo mi orgullo:
apenas soy un hombre más.


 

LA COMPASIÓN

¿Por qué no puedo destruirle el nido a la araña?
¿Qué fuerza es ésta que para mi mano de plomo?
Me parece
que yo tengo algo de tonto.
Quiero rebelarme contra este algo de tonto.
Y no puedo.


 

REZA TÚ

Compañera mía:
reza tú por mi.
Tú eres suave
como un poco de humo
flotando en el aire
y que sabes tantas
palabras serenas:
reza tú por mi.

Como yo he tenido
que hablarles mucho tiempo
a los hombres,
ya se me han puesto
mis palabras roncas
y olvidé los cándidos
sones infantiles.

En cambio, tú,
Compañera mía de la boca pura,
no has perdido nada,
y aún sabes palabras de las que oye Dios.

Yo saldré al campo; afuera
lo incierto y lo malo
y la tempestad de ala de cuervo
me estarán aguardando.
Pero tú, compañera mía,
reza tú por mí.

Tú que aún murmuras sones infantiles
y que aún recuerdas
palabras serenas
de las que oye Dios.

Tú podrás decir
las gracias que siento
para el que me da mis males y bienes.
En mis labios ya indóciles
se han puesto
mis palabras roncas
porque ya hace tiempo que hablo a los hombres.

Reza tú por mí,
compañera mía.
Yo escucho tu rezo
y beso tu boca pura
después…


 

SE FUE

Hace un momento era yo todo tristeza.
Una tristeza rara, sensual e indolente.
Caía sobre mi alma,
gota
a
gota,
como la miel.
Y pasaban duendes gimiendo en el viento

Mas de repente la tiré lejos
con mi gesto soberbio!
Ahora baña la dulce brisa mi cara!
Ahora el sol me ilumina de lleno!
El alma, enorme,
no me cabe en el pecho.

Bajo el cielo sin límites,
de pies sobre la tierra adusta,
yo calco una completa simetría.
Y pasan mujeres cantando en el viento.


 

PUBERTAD

Es inútil que quiera quedarme,
oh mi madre.
Se me van los pies tras de ella,
oh mi madre.

Un impulso más grande
que el impulso familiar que me ata,
un impulso más grande
me desata los pies;
y se van, y se van, y se van
tras de ella.

Bien quisiera quedarme a tu lado,
oh madre de blancos cabellos,
de tibio regazo,
de amable vejez.
¿Puedo acaso vencer
a la ley natural?
y mis pies se me van
tras de ella.
Oh ella, de fragantes cabellos,
de cálidos senos,
de ardor juvenil.

Pasé muchos años al amparo materno.
Un hombre lentamente me has vuelto.
Con tu vida me diste la vida.
Pero hoy, nada puedo yo hacer
si la ley natural me transforma en ingrato,
y los pies se me van, se me van, se me van
tras de ella.


 

DEBILIDAD

Amigo:
es verdad todo eso que dices.
Pero ahora,
vete y déjame solo,
llorar.

No me vengas con mis propias teorías.
Es verdad que canté todo eso.
Es verdad que, entusiasta,
proclamé
la hermosura del hombre divino.
Es verdad que adoré la pujanza,
el valor impetuoso, la fuerza.
Pero hoy, amigo:
vete y déjame solo.

Solo, aquí.
Tembloroso y humilde y pequeño.
Solo, frente a la noche inmensa,
frente al bosque sin nombre,
frente a Dios.
Solo, humilde y pequeño.

No me vengas con mis propias teorías.
y déjame,
con el rostro en las manos,
sordamente
suavemente
solo, solo,
llorar …


 

BARRO

¿Dices que tu carne es barro.
amada?
Déjame que cante el barro
vibrante de tu carne.
Déjame que cante el barro
sonrosado.
Déjame que cante el barro
hecho dios.

Mi carne joven arde.
Una fiera me muerde.
Siento palpitar tu cuerpo trémulo.
Estoy ansioso de beberte toda.
Yo soy de fuego y canto:
tu barro desmayado y tibio.
mi barro ardoroso y fuerte.

Yo me sepulto en ti, amada;
en ti, perfumada y tibia
como un nido en la selva.
En ti, dulce como una melodía.
En ti, que sólo eres
Un gran suspiro pálido
que cruje bajo mí.
Soy un sello candente.
y sellarte es, amada,
mi más bella,
mi más grande,
mi más primorosa obra de arte.

Yo soy de fuego y canto:
tu barro desmayado y tibio.
mí barro ardoroso y fuerte.


 

LA MUERTE

Y algún día,
que me llegue la Muerte también.
La sabré recibir
como un bravo guerrero:
con mi cara impasible
y mi ánimo enorme.

La herida,
que la tenga en el pecho,
en la cara, en la frente,
pero nunca en la espalda.

Las negras nubes densas,
lentamente
envolverán mi faz de guerrero
y por la herida
a borbotones
se fugará mi vida
con mi sangre caliente.

Entonaré yo entonces
mi canto de muerte.
Cantaré mis hechos pasados,
mi vida, mis luchas.
Los graves sucesos.
Los sucesos triviales.
Y aún para la mujer de ojos negros
que ennegreció mis días luminosos
y me hizo beber
licores amargos,
aún para ella
tendré una palabra
sonora y fraterna.

Con mi sangre caliente
se me figurará el vigor.
Se apagará lentamente mi canto
al compás de mi vida.
Los hombres de mi tribu
tomarán mi cuerpo, ya inerte,
y me harán las exequias
como cumple a un bravo guerrero.

Pero yo,
el yo que yo tengo además de mi cuerpo,
se habrá fugado antes
por la herida profunda,
y se irá,
por senderos que aún no conozco,
a los eternos vedados de caza,
donde no hay mujeres que amarguen la vida,
donde son constantes
la guerra y la caza,
y el bravo guerrero
contempla de frente
al Grande Espíritu.


 

ALABANZA

Mujer de ojos taciturnos.
Mujer: bendita seas.

Que todas las flores que hay en la selva
levanten a coro, a tu paso,
los suaves aromas,
como una alabanza.

Que a tus ojos sean
dorados, todos los crepúsculo,
claras, todas las mañanas,
y desbordantes
de tibios luceros, todas las noches,
como una alabanza.

Que a tu paso callen
las fieras que rondan,
sus largos rugidos,
y se haga el silencio solemne a tu paso,
como una alabanza.

Que siempre se halle a tu alcance
el agua invisible y fresca
cuando quieras agua;
y las frutas expriman sus jugos,
sus jugos dulces y raros y ácidos,
cuando quieras frutas.

Que a tu paso levanten los hombres
un gran clamoreo,
como una alabanza.
y se entrechoquen los bravos guerreros
y demuestren el sublime valor
y que saquen destellos las lanzas,
como una alabanza.

Que a tu paso canten
todas las mujeres que saben cantar.
Cuánto de dulce canta una mujer,
cuánto de noble y de bello y de bueno
pueda decir lengua humana,
se alce a tu paso
como una alabanza.

Mujer: bendita seas.
Mujer que encontré en mi camino.
Porque tienes los ojos negros,
tan bellos que no es posible más,
y tu mirada es dulce,
tan dulce, que no es posible más.
Porque yo un momento pensé
que era para mí la maravilla
de tus ojos taciturnos.
Mujer que encontré en mi camino.
Bendita seas.


 

EL VOTO

Joven:
nuevo joven que tienes,
como una flecha en el arco,
el enorme impulso latente,
y que surcarás el espacio divino
ebrio de entusiasmo.
Si encuentras a una mujer
de las que le roban a uno el aliento,
que ella te quiera!

Con todo el tibio fervor de mi voto,
desde alma adentro,
sólo te deseo:
que ella te quiera!

A mí no me quiso.

 

Antonio Arráiz.
Poemas del libro Áspero (


Antonio_Arráiz
Antonio Arráiz.

Antonio Arráiz. Fue un poeta, novelista, cuentista y ensayista venezolano. Nació en Barquisimeto, Estado Lara, el 27 de marzo de 1903. De 1912 a 1916 se educa en el Colegio Católico Alemán. En 1919, con dieciséis años, viaja a los Estados Unidos, donde quería cumplir su sueño de ser actor y aviador.​ En 1922 regresó a Venezuela, y comenzó a practicar varios deportes. Participó en las protestas estudiantiles de 1928 contra la dictadura de Juan Vicente Gómez. Fue encarcelado en La Rotunda y en su ciudad natal (1928-1933). Desde prisión escribió el libro Los lunares de la Virreina. Se exilió en Ecuador y Colombia; regresó a Venezuela en abril de 1936.

Como poeta no se lo puede ligar ni a la llamada Generación del 18 ni a la Vanguardia de 1928, aunque estuvo más cercano a esta última. En 1924 había publicado Áspero, su primer poemario, considerado novedoso en su momento ya que rompió las tendencias literarias de la época, el Romanticismo y el Nativismo.​ Áspero, junto con Puros hombres (1938) y los cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo (1945), su obra más leída. En 1932 se publicó en Argentina su poemario Parsimonia. En 1935 es liberado, y comienza a trabajar el diario El Heraldo, de Barquisimeto. Es nuevamente apresado y desterrado, y vive en Ecuador y Colombia hasta su regreso en 1936 a Venezuela, con el gobierno de Eleazar López Contreras, donde ocupó varios cargos públicos, como secretario de la Gobernación del estado Carabobo y en la delegación venezolana ante la ONU. En 1943 participa en la fundación del diario El Nacional, ocupando el cargo de director hasta 1948. También se desempeñó como periodista en el diario Ahora y en la revista Élite, de la que fue jefe de redacción. En 1948 se establece definitivamente en los Estados Unidos, exiliado tras el derrocamiento del gobierno de Rómulo Gallegos.​ En Estados Unidos trabajó en el departamento de publicaciones de las Naciones Unidas.

En 1966 el INCIBA (Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes) publicó su Suma Poética. Otras obras relevantes son: Dámaso Velásquez (1943), reeditado en 1956 con el título El mar es un potro. Todos iban desorientados (1951) y El diablo que perdió su alma (1954). Escribió también libros de texto, de historia y geografía venezolana, para la enseñanza en colegios primarios y secundarios.

Murió en Westport, Estados Unidos el 16 de septiembre de 1962.

Obra completa de Antonio Arráiz:

Poesía
  • Áspero (1924)
  • Cinco sinfonías (1939)
  • Suma Poética (1966, póstumo)
Novelas
  • Los lunares de la Virreina (1931)
  • Puros hombres (1938)
  • Dámaso Velásquez (1943)
Cuentos
  • Cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo (1945)
    • La Cucarachita Martínez y el Ratón Pérez
  • El diablo que perdió su alma (1954)
Ensayos
  • Este Congreso debe disolverse (1936)
  • Culto bolivariano (1940)
Autores venezolanos·Cuentos

El médico de los muertos- Julio Garmendia

julio garmendia el medico de los muertos

Durante muchísimos años, el pequeño cementerio había sido un verdadero lugar de reposo, dentro de sus amarillentos paredones, detrás de la herrumbrosa y alta puerta cerrada. Algunos árboles, entretanto habían crecido; se habían vuelto coposos y corpulentos; al mismo tiempo, la ciudad fue creciendo también; poco a poco fue acercándose al cementerio, y acabó, finalmente, por rodearlo y dejarlo atrás, enclavado en el interior de un barrio nuevo. Los muertos, dormidos en sus fosas, no se dieron cuenta de estos cambios, y siguieron tranquilos algunos años más. Sigue leyendo “El médico de los muertos- Julio Garmendia”

Autores venezolanos·Cuentos

Gemelo- Fedosy Santaella

fedosy santaella cuentos

 

Aquella mañana de domingo, se hallaban en las tumbonas dejándose atezar por el sol, cuando la Nena lo dijo:

–¿No tienes un hermano como tú?

Apenas formuló tamaño dislate (estaba consciente de ello), repasó rápidamente cómo había llegado hasta ese momento. 1) Acababa de salir de una relación sin futuro («ese tipo solo quería cogerme, Silvi») y estaba muy cerca de caer en otra de sus depresiones. 2) Silvia la invitó a pasar el fin de semana en el apartamento de playa de sus padres. 3) Las pastillas, como de costumbre, resultaban insuficientes; así que la ida a la playa le había parecido una excelente opción para retardar la caída. 4) El amor bonito entre Silvia y Rafael provocó que volvieran los acordes desafinados a su cabeza. 5) Y como siempre, no se pudo contener, no pudo evitar el arrebato, la impertinencia verbal. «¿No tienes un hermano como tú?». Sigue leyendo “Gemelo- Fedosy Santaella”