Poemas de Silvia Navarro

Suicida #6

Adiós mi reflejo,

adiós infinito cielo.

Mi aliento se convierte en hielo,

dejaré mi frío cuerpo.

Porque tengo fuerzas y no tengo,

Pero no tengo miedo,

al menos es lo que aparento.

Me encuentro al borde

del puente de hierro,

Y no tengo miedo.

El filo de la navaja

está en mi cuello,

Y no tengo miedo.

Juego a la Ruleta Rusa

con el arma de mi abuelo,

Y no tengo miedo.

¿Qué diablos tengo?

No soy nada,

No soy nadie.

Estoy vivo

Estoy muerto.

Lleno de terror me despierto,

Quiero borrar esas absurdas imágenes

que me asaltan al cerrar los ojos,

Pero no puedo.

Voy al baño, limpio mi cuerpo,

Me veo al espejo

Pero descubro que,

no fue una pesadilla

ni un mal sueño,

Es el vacío quien se refleja en el espejo.

Y no tengo miedo.

Silvia Navarro
26/10/16


Fotografía: Eduardo R. Blanco. Museo de Botero (Bogotá, Colombia)

Anuncios
Poemas de Silvia Navarro

La letra Ch

IMG_20180922_193429.jpg

Con regularidad sucede

que las cosas se vuelven innecesarias

obsoletas,

y las excluimos de nuestros libros,

de nuestra habla,

de nuestras vidas.

Tantos chécheres

se van quedando en el olvido,

en el segundo y en el tercer plano.

Se acumulan en los rincones

llenándose de polvo

Entonces,

comienzan a estorbarnos

y nos molestan

pero aún así

los guardamos,

siempre los tenemos a mano

Y los vemos desde donde estamos

para tenerlos presente

por si algún día los necesitamos.

Silvia Navarro.


Fotografía: Silvia Navarro. Tomada en el Museo Quinta de Bolívar (Bogotá)

Chéchere: Cosa o artefacto genérico.

Autores venezolanos

Tres poemas de Eugenio Montejo

Están demoliendo la ciudad

a José Rodríguez U.

Están demoliendo la ciudad
donde tanto viví,
donde al final, sin percatarme
los ojos se me unieron a sus piedras.
Están derrumbando sin tregua sus muros,
los camiones adentro del polvo
pasan y cargan,
se llevan ventanas, columnas, portones,
no cesan,
no hay nada que salve su caída,
los amigos crecieron, se mudaron, han muerto.
Se cae, se está cayendo sin espacio
y sin tiempo,
dentro y fuera de mí, por donde vaya,
adonde llegue,
sus calles ceden paso a nuevas avenidas,
los arquitectos miden el futuro,
verifican sus planos,
no se detienen.
Me duele cada golpe de las picas,
cada estruendo,
ahora que mis ojos son las últimas piedras
que le quedan
en la casa sin nadie que soy
a la orilla del tiempo.


Caracas

Tan altos son los edificios
que ya no se ve nada de mi infancia.
Perdí mi patio con sus lentas nubes
donde la luz dejó plumas de ibis,
egipcias claridades,
perdí mi nombre y el sueño de mi casa.
Rectos andamios, torre sobre torre,
nos ocultan ahora la montaña.
El ruido crece a mil motores por oído,
a mil autos por pie, todos mortales.
Los hombres corren detrás de sus voces
pero las voces van a la deriva
detrás de los taxis.
Más lejana que Tebas, Troya, Nínive,
y los fragmentos de sus sueños,
Caracas, dónde estuvo?
Perdí mi sombra y el tacto de sus piedras,
ya no de ve nada de mi infancia.
Puedo pasearme ahora por sus calles
A tientas, cada vez más solitario,
su espacio es real, impávido, concreto,
sólo mi historia es falsa.


Una ciudad

Escribo para fundar una ciudad
donde las piedras tengan nombres propios
y el sol las llame siempre
al alba, despertándolas.
Quiero elevarla junto al río
que llevo y que me lleva
para que a su rumor crezca el paisaje.
Mido planos, niveles, geometrías,
construyo andamios sólidos,
quiero que el odio sea convexo
y el amor cóncavo y exacto.
Una ciudad con el tacto de un cuerpo
de franco rostro y cabellos flotantes
con hoteles que bajen en gradas hasta el mar
y tabernas de antiguas guitarras.
Busco la arquitectura subjetiva
de puentes, columnas, catedrales
creada en palabras nuevas
con el abecedario de las formas fuertes.
Una ciudad poblada de deseos
donde encuentre su techo el que pase
y la recorra hasta la muerte
o más tarde tal vez entre el viento fantasma
sin que ya nada lo destierre.

Eugenio Montejo

Poemas del libro Terredad (1978).


Eugenio Montejo

Eugenio Montejo poeta, ensayista y profesor universitario venezolano. Nació en Caracas, el 19 de octubre de 1938. Fue director literario de Monte Ávila Editores, representante de esta misma editorial en Buenos Aires, a fines de los años setenta, y consejero cultural de Venezuela en Portugal. Publicó: Elegos (1967), Muerte y memoria (1972), La ventana oblicua (ensayos, 1974), Algunas palabras (1976), Terredad (1978), El cuaderno de Blas Coll (ensayos, 1981), Trópico absoluto (1982), El taller blanco (ensayos, 1983), Alfabeto del mundo (1986) y Chamario (2003). Su poesía se caracterizó por la rica gama textual y el gran dominio de las formas, constituyéndose en un gran representante de la poesía suramericana. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Venezuela en 1998 y el Premio Internacional Octavio Paz en 2004. El valor de su estimable obra poética y ensayística no ha parado de crecer en los últimos años, siendo una de las más importantes y originales de la última mitad del siglo XX. Falleció en Valencia, Venezuela, el 5 de junio del año 2008.

Poemas de Silvia Navarro

Lo que dices y piensas

Dices que soy la bruja que nubla tu vista;

Y que vas por la vida hechizado por culpa de mi mirada y mi sonrisa.

Dices que mi poder se ha adentrado más allá de los límites de tu cabeza;
Y que ahora piensas y sueñas, día y noche con mi piel morena.

Dices que soy la mujer causante de tu torpeza;
Y que no hay palabras en tu mente cada vez que me besas.

Dices que mi cuerpo oculta magia negra;
Y que esta se ubica geográficamente entre mis piernas.

Dices que me transformo en mujer, Niña, dulzura y Tormenta;
Y que soy el espejo en el que te reflejas.

Dices que soy la maldad atrapada en una silueta;
Y que mis hechizos se componen de besos, palabras, caricias y letras.

Debo suponer de todo lo que de mi dices y piensas,
Que soy un peligro para ti y para cualquiera.

Pero no. Yo no me considero esa bruja que de mi piensas.
Porque todo lo que dices y sientes de mí, es sencillamente mi esencia.

Pero no. Sera mejor que no me creas.
Sigue pensando que todo lo que dices y piensas, es peligroso para tus creencias.

Pero quiero…
Solo quiero que me digas:

¿Por qué si soy Peligro no me tienes miedo?
¿Por qué si sabes todo lo que de mi dices y piensas, simplemente no te alejas?

Silvia Navarro
03/02/17

Poemas de Silvia Navarro

El reloj y el tiempo

IMG_20190530_102128.png

El tiempo que paso pensando en el tiempo,
es el mismo que pasa mientras pienso en ello;
El tiempo que corro para ganar tiempo,
es el mismo que se acorta mientras me empeño en ello;
Es una paradoja esto del tiempo
(Medimos los instantes y momentos
con una escala que nos permite
contabilizar lo que ocurre y hacemos)
A eso, es lo que llamamos tiempo
Una creación tramposa para asegurarnos de que estamos viviendo (O muriendo)
A todas estas,
Crecemos, envejecemos,
Nos perdemos y volvemos (No lo sabemos)
Pero nos apresuramos en no tener un reloj descompuesto,
Nos aseguramos a diario de que las agujas sigan girando en el mismo sentido
(Como la tierra orbitando en el sistema planetario cada año)
El reloj, ese objeto que decide y determina nuestras vidas (Porque así lo queremos y dejamos)
Que marca las horas, minutos y segundos,
Para recordarnos lo que hacemos:
dormir o despertar, partir o esperar,
trabajar o descansar,
pero al final del día (de nuestras vidas)
solo un poco más de tiempo,
es lo que queremos,
destruir ese reloj que nos limita
que inevitable y definitivamente
a la muerte nos lleva,
es lo que deseamos.

IMG_20190530_102055.png

Por todo esto y aquello…
Insisto
No es el tiempo
Ni el reloj que nos dicta el tiempo

El tiempo es el “que”
El reloj es el “como”
Somos nosotros quienes decidimos sobre nuestras vidas (Lo que hicimos, hacemos y haremos).

Silvia Navarro.


Fotografías: Silvia Navarro.

IMG_20190530_095938.png
La Torre del Reloj de la UCV o simplemente el Reloj de la UCV es un monumento tipo campanario que se localiza a un lado de la plaza del rectorado de la Universidad Central de Venezuela, en la Ciudad Universitaria de Caracas del Municipio Libertador.

Se trata de una torre de 25 m construida en el año 1953, con el diseño del arquitecto venezolano Carlos Raúl Villanueva en un trabajo conjunto con el ingeniero Juan Otaola Paván. La estructura conserva sus sistemas originales de electricidad y sonido que datan de la década del 50 del siglo XX.

Su tres bases simbolizan arte, arquitectura y academia. Como parte de la ciudad universitaria es patrimonio mundial de la humanidad desde el año 2000. Se trata de una punto de referencia obligado dentro de las instalaciones de la Universidad Central de Venezuela y uno de los puntos más conocidos de la ciudad de Caracas.

Poemas de Silvia Navarro

Él y Yo

Él me está robando el tiempo,
Yo por mi parte, estoy sucumbiendo ante el riesgo.

Él es un idiota con encantos,
Yo una tonta que no tiene escapatoria.

Él es una droga,
Yo soy una adicta sin memoria.

Él es la fruta prohibida que nace del árbol de la vida,
Yo soy Eva la que por una mordida perdió su antigua vida.

Él es el ave domesticada que un día se escapa,
Yo soy la humana que está sentada esperando que regrese a casa.

Él es el fuego que a las flores abraza, quema y luego mata,
Yo soy las cenizas que quedan después de su partida.

Está bien lo admito,
Él es él
Y yo soy yo,
Estoy intentando comprenderlo.

Es solo que hoy me dejó plantada,
Y yo aun no termino de entender el porqué de estas lágrimas…

Si él nunca me ha dado esperanzas.

Silvia Navarro.

Autores venezolanos·Poemas

Coloquio bajo la palma- Andrés Eloy Blanco

Lo que hay que ser es mejor,
y no decir que se es bueno,
ni que se es malo,
lo que hay que hacer es amar

lo libre en el ser humano,
lo que hay que hacer es saber,
alumbrarse ojos y manos
y corazón y cabeza
y después, ir alumbrando.

Lo que hay que hacer es dar más
sin decir lo que se ha dado,
lo que hay que dar es un modo
de no tener demasiado
y un modo de que otros tengan
su modo de tener algo,

Trabajo es lo que hay que dar
y su valor al trabajo
y al que trabaja en la fábrica
y al que trabaja en el campo,
y al que trabaja en la mina
y al que trabaja en el barco,
lo que hay que dar es todo,
luz y sangre, voz y manos,
y la paz y la alegría
que han de tener aquí abajo,
que para las de allá arriba,
no hay que apurarse tanto,
si ha de ser disposición
de Dios para el hombre honrado
darle tierra al darlo a luz,
darle luz al enterrarlo.

Por eso quiero, hijo mío,
que te des a tus hermanos,
que para su bien pelees
y nunca te estés aislado;
bruto y amado del mundo
te prefiero a solo y sabio.

A Dios, que me dé tormentos,
a Dios que me dé quebrantos,
pero que no me dé un hijo
de corazón solitario.

Andrés Eloy Blanco


Andres Eloy Blanco

Andrés Eloy Blanco Meaño. Nació en Cumaná, Venezuela, el 6 de agosto de 1896. Fue un poeta, escritor, abogado, humorista y político venezolano, ademas, perteneció a la Generación del 28. Cursó la enseñanza primaria y parte de la media, completando su formación académica en Caracas, graduándose en la Universidad Central de Venezuela, de Doctor en ciencias políticas y sociales. Siendo un adolescente ganó el primer premio en los Juegos florales de Caracas en 1916. Como poeta, sus composiciones tuvieron popularidad. En 1919 publicó su libro de versos El huerto de la Epopeya, y en 1921 el poemario Tierras que me Oyeron. En su obra destaca El alma inquietaEl río de las siete estrellasEl limonero del SeñorEl conejo blanco o en El gato verdeLa loca luz CaraballoA un año de tu luz Canto a los hijos. Al triunfar la Revolución el 18 de octubre de 1945, ocupó el cargo de Presidente de la Asamblea Constituyente (1947), y en 1948 el de Ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno constitucional de Rómulo Gallegos. Tras el golpe de estado de la Junta Militar en contra del gobierno de Gallegos, en 1948, se exilió en México, donde murió en un accidente automovilístico el 21 de mayo de 1955.